Guiúa, MOZAMBIQUE (Agencia Fides, 04/09/2019) - El 23 de marzo, miles de fieles se reunieron en
el Centro Catequético de Guiúa, en la diócesis de Inhambane, para la
conclusión de la fase diocesana del proceso de beatificación y
canonización de un grupo de catequistas laicos mozambiqueños y sus
familias, asesinados por odio a la fe el 22 de marzo de 1992, mientras
participaban en un curso de formación en este Centro Catequético
diocesano administrado por los Misioneros de la Consolata (IMC). Esta es
la primera causa de beatificación cuya fase diocesana se inició (25 de
marzo de 2017, 25 aniversario de la masacre) y terminó en Mozambique.
El padre Osorio Citora Afonso, IMC, mozambiqueño, recuerda el heroico
testimonio de los catequistas martirizados. “Después de la declaración
de independencia en 1975, con el ascenso al poder del Frente para la
liberación de Mozambique (Frelimo) de inspiración marxista-leninista,
comenzó un período de verdadera persecución contra la Iglesia, con
expropiaciones, restricciones de todo tipo a la actividad pastoral y
negación de visas de entrada a misioneros extranjeros en el país. La
Iglesia fue despojada de sus posesiones. Muchas misiones se vaciaron de
misioneros y sacerdotes. Nacieron entonces muchas pequeñas comunidades
cristianas. Ya no podían congregarse entorno a sacerdotes y misioneros y
así comenzaron a crecer gracias a los llamados “misioneros-laicos”, es
decir, los catequistas y los animadores de las comunidades cristianas”.
Así comenzó la historia de los catequistas que ofrecieron heroicamente
sus vidas por el Evangelio entre 1975 y 1992. Además de los formados en
el Centro Catequético de Anchilo que llevaron a cabo su actividad
misionera en el área de Nampula y fueron asesinados en el campo
misionero, otros fueron asesinados junto con sus familias mientras se
preparaban para su ministerio en el Centro Catequético Diocesano de
Guiùa. Eran unas quince familias enteras con niños, algunos aún bebés,
que se alojaban en las instalaciones del Centro para asistir al curso
anual que comenzaba al día siguiente.
Durante la noche, los guerrilleros de Renamo atacaron las instalaciones y
se llevaron a hombres, mujeres y niños, para obtener información sobre
el Frelimo, que obviamente no obtuvieron. Ahí se desató la pesadilla.
“Alejaron a las familias del Centro unos tres kilómetros, y después de
un doloroso interrogatorio, comenzaron a matar a todos en un claro.
Otros catequistas, al ver la situación, pidieron poder rezar. Después de
unos minutos de oración, los 23 catequistas fueron asesinados. Era la
noche del 22 de marzo de 1992”.
Desde de los trágicos acontecimientos, los mozambiqueños los han llamado
siempre “los Mártires de Guiúa”. Fueron enterrados a lo largo del
camino que conduce al santuario de la Reina de los Mártires en el que se
reúnen periódicamente para revitalizar sus fe recordando el testimonio
dado por estos catequistas.