Antananarivo, MADAGASCAR (Agencia Fides, 09/09/2019) -”La mayoría de la población de Madagascar
vive en la pobreza extrema causada en gran medida por la falta de
distribución de los recursos de los que el país es rico”, denuncia
Cosimo Alvati, salesiano con una larga experiencia de misión en
Madagascar. Se refiere a las palabras del Papa Francisco contra la
corrupción. “Cuando el parentesco se convierte en la clave decisiva de
todo lo que es correcto y bueno, terminamos justificando e incluso
“consagrando” algunos comportamientos que conducen a la cultura del
privilegio y la exclusión (favoritismo, clientelismo y, por lo tanto,
corrupción )”, aseguró el Papa Francisco en su homilía el domingo 8 de
septiembre en el campo diocesano de Soamandrakizay, a la que asistieron 1
millón de personas.
“Madagascar se encuentra entre los últimos 5 países más pobres del
mundo. Está olvidado. Es cierto que no hay guerra, pero la gente vive
con unos pocos centavos de dólar o euros al día”, explica el padre
Alvati. “La población malgache siempre ha vivido en la pobreza, pero la
situación ha empeorado en los últimos 10 años después del golpe de
estado contra el ex presidente Marc Ravalomanana en marzo de 2009. Han
aumentado los actos criminales y los robos violentos. Desde entonces, el
país ha ido en caída libre: faltan alimentos básicos y medicamentos
como las aspirinas, por lo que una fiebre alta es suficiente para que
los niños mueran de enfermedades fácilmente curables”.
El Papa Francisco, en su visita a la Ciudad de la Amistad de Akamasoa,
fundada por el padre Pedro exclamó que “la pobreza no es una fatalidad”.
“En su discurso, el presidente Andry Rajoelina, desviándose del texto
oficial dado a la prensa, se comprometió a luchar contra la pobreza.
Veremos si se trata de un compromiso concreto o propaganda”, dice el
misionero.
Finalmente, el Papa Francisco elogió a la Iglesia de Madagascar al
reunirse con el clero local, calificándola de “Iglesia pobre al servicio
de los pobres”. “De hecho es así porque si no hubiera dispensarios y
escuelas católicas, la población estaría completamente sola”, concluye
el padre Alvati.