Moramanga, MADAGASCAR (Agencia Fides, 10/09/2019) – “El viaje del Papa Francisco fue
extraordinario, lleno de encuentros y emociones. Francisco recordó a los
obispos que el pastor debe estar cerca de Dios, de sus sacerdotes,
cerca de la gente. Madagascar es un país donde la pobreza es el problema
fundamental. Estar cerca de la gente significa estar cerca de los
pobres. La Iglesia ha elegido a los pobres: el anuncio a los pobres es
el primer deber de la Iglesia, como lo fue para Jesús. Son las palabras
de monseñor Rosario Vella, SDB, recientemente nombrado obispo de
Moramanga después de 12 años de servicio en Ambanja.
El obispo recuerda diferentes momentos de la visita. "El Papa recomendó a
las autoridades cuidar a la gente, luchar contra la corrupción, prestar
atención a la Casa común. De hecho, la deforestación en todo el
territorio está produciendo graves problemas ecológicos. Además, la
pobreza aumenta así como la corrupción y la violencia. El encuentro con
las religiosas de clausura fue muy entrañable. Relató la experiencia de
Santa Teresita, que amaba a todas las hermanas, incluso a las más
exigentes o mal humoradas. A partir de su ejemplo, el Papa recordó esto:
“Sé que todas ustedes, monjas de clausura, se han acercado al Señor
para buscar el camino de la perfección; pero el camino de la perfección
reside en estos pequeños pasos en el camino de la obediencia. Pequeños
pasos de caridad y amor. Pequeños pasos que parecen nada, pero son
pequeños pasos que encarcelan a Dios”.
“El sábado por la noche una multitud de unos 200 000 jóvenes se
reunieron con el Papa en el inmenso campo de Soamandrakizay. El clima no
era amable: un frío intenso y un viento que hubiera desanimado a
cualquiera, pero no a estos jóvenes que esperaban una bendición y una
palabra de aliento de Francisco y una gracia que les dé la fuerza para
enfrentar todos los problemas de la vida. Con sencillez, dos de ellos,
Rova y Vavy, hablaron al Papa sobre sus vidas. No faltó una palabra de
consuelo y aliento de parte del Papa”, explica el obispo. “También fue
muy hermosa la reflexión del Papa sobre la Virgen María. Instó a los
jóvenes a seguir su ejemplo ya que ella dio su “sí” a Dios en los
momentos más difíciles”.
“El domingo por la mañana, al amanecer, la ciudad rebosaba alegría y se
podía ver a la multitud por la calle dirigiéndose a Soamandrakizay. La
alegría era inmensa y explotó con la llegada del Papa. Una vez más su
palabra resonó en el corazón de todos: “La peor forma de esclavitud es
el egoísmo. Quien se encierra en sí mismo y no deja lugar para Dios y
los pobres nunca podrá sentir la profunda alegría de estar con él y
pierde el entusiasmo de hacer el bien”. Tuve la gracia y la alegría de
estar presente. Lo que me más me impresionó es ver como si en un momento
se hubieran eliminado todas las barreras entre pobres y ricos, sabios e
ignorantes, adultos y jóvenes, cristianos y no creyentes, justos y
pecadores, poderosos y débiles… todos sentimos que éramos hijos de Dios
que nos ama inmensamente. En Madagascar hay 18 tribus principales, pero
nadie sintió ninguna división”, rememora el obispo.
“El último encuentro del domingo por la noche, recuerda el obispo, fue
con los sacerdotes, religiosos y religiosas. En Madagascar son los
consagrados quienes se dedican a la evangelización, la promoción humana,
la defensa de las mujeres, la educación escolar, los dispensarios ...
Sin ellos, la sociedad sería realmente más pobre. El Papa Francisco,
frente a más de 2.000 personas consagradas, expresó su agradecimiento en
nombre de toda la Iglesia. Muchos viven en situaciones difíciles y
llevan sobre sus hombros, incluso a costa de su salud, el peso de las
labores apostólicas”.
“Cuando vivimos la alegría del Evangelio, -les recordó el Papa-,
nosotros, las personas consagradas derrotamos al espíritu maligno en su
propio terreno: donde nos invita a aferrarnos a las certezas económicas,
los espacios de poder y la gloria humana, respondemos con
disponibilidad y pobreza evangélica que nos llevan a dar nuestras vidas
por la misión. ¡Por favor no se dejen robar nuestra alegría misionera!”
“Para esta nueva misión - concluye el obispo de Moramanga - el Papa, con
sus palabras y su ejemplo, nos ha trazado un camino: “Permanecer en el
corazón de Jesús y en el corazón de su pueblo”. Francisco nos instó a
tener preferencias: los pobres y los pequeños. Finalmente nos dijo que
los frutos serán paz interior, alegría y esperanza. El sábado, después
del encuentro fuimos a saludar personalmente al Papa y le dije: Santidad
en una semana voy a mi nueva diócesis, donde me envió. Francesco me
miró, me sonrió, me animó. ¡Nunca lo olvidaré! Querido Papa Francisco:
¡nos dijiste las cosas que necesitábamos!”.