Estas son las palabras del Santo Padre antes de la oración mariana:
SOLEMNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA MADRE DE DIOS
LII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
PAPA FRANCISCO
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro
Martes, 1° de enero de 2019
Martes, 1° de enero de 2019
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz año a todos!
Hoy, octavo día después de Navidad, celebramos a la Santa Madre de
Dios. Al igual que los pastores de Belén, permanecemos con la mirada
fija en ella y en el Niño que tiene en sus brazos. Y de esta manera,
mostrándonos a Jesús, el Salvador del mundo, ella, la madre, nos
bendice. Hoy Nuestra Señora nos bendice a todos, a todos. Bendice el
camino de cada hombre y cada mujer en este año que comienza, y que será
bueno, precisamente en la medida en la que cada uno haya recibido la
bondad de Dios que Jesús vino a traer al mundo. En efecto, es la
bendición de Dios lo que da sustancia a todos los buenos deseos que se
intercambian en estos días. Y hoy, la liturgia reporta la antigua
bendición con la que los sacerdotes israelitas bendijeron al pueblo.
Escuchemos bien, reza así: «Yahveh te bendiga y te guarde; ilumine
Yahveh su rostro sobre ti y te sea propicio; Yahveh te muestre su rostro
y te conceda la paz» (Números 6, 24-26). Esta es la bendición
antigua. Tres veces el sacerdote repetía el nombre de Dios, «Señor»,
extendiendo sus manos hacia el pueblo reunido. De hecho, en la Biblia,
el nombre representa la realidad misma que se invoca, y así, «colocar el
nombre» del Señor en una persona, una familia, una comunidad significa
ofrecerles la fuerza benéfica que brota de Él.
En esta misma fórmula, dos veces se nombra el «rostro», el rostro del
Señor. El sacerdote reza para que Dios lo «haga resplandecer» y lo
«dirija» hacia su pueblo, y así le conceda misericordia y paz. Sabemos
que, según las Escrituras, el rostro de Dios es inaccesible para el
hombre: nadie puede ver a Dios y estar vivo. Esto expresa la
trascendencia de Dios, la grandeza infinita de su gloria. Pero la gloria
de Dios es todo Amor, y por lo tanto, mientras permanece inaccesible,
como un Sol que no se puede mirar, irradia su gracia sobre cada criatura
y, de manera especial, sobre los hombres y mujeres, en los que se
refleja. «Al llegar la plenitud de los tiempos» (Gálatas 4, 4) Dios se
reveló en el rostro de un hombre, Jesús, «nacido de una mujer». Y aquí
volvemos al ícono de la fiesta de hoy, desde donde comenzamos: el ícono
de la Santa Madre de Dios, que nos muestra al Hijo, a Jesucristo, al
Salvador del mundo. Él es la Bendición para cada persona y para toda la
familia humana. Él, Jesús, es fuente de gracia, misericordia y paz.
Por eso, el santo Papa Pablo vi quiso que el primero de enero fuera
el Día mundial de la paz; y hoy celebramos el quincuagésimo segundo, que
tiene como tema: La buena política está al servicio de la paz.
No creemos que la política esté reservada solo a los gobernantes: todos
somos responsables de la vida de la «ciudad», del bien común; y la
política también es buena en la medida en que cada uno hace su parte al
servicio de la paz. Que la Santa Madre de Dios nos ayude en este
compromiso diario.
Quisiera que todos la saludemos ahora, diciendo tres veces: «Santa
Madre de Dios». Juntos: «Santa Madre de Dios», «Santa Madre de Dios»,
«Santa Madre de Dios».
Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
El día de Navidad dirigí un mensaje de fraternidad a Roma y al mundo.
Hoy lo renuevo como un deseo de paz y prosperidad. Y recemos todos los
días por la paz.
Doy las gracias al Presidente de la República italiana por los
saludos que me dirigió anoche. Que el Señor siempre bendiga su alto y
valioso servicio a los italianos.
Mis cordiales saludos van especialmente para vosotros, queridos
romanos y peregrinos que estáis hoy aquí en la plaza San Pedro, ¡tan
numerosos! ¡Parece una canonización, esto! Saludo a los participantes en
el evento «Paz en todas las tierras», organizado por la Comunidad de
Santo Egidio. Y aquí quiero expresar mi aprecio y mi cercanía a las
innumerables iniciativas de oración y compromiso por la paz que se
celebran este Día en todas partes del mundo, promovidas por las
comunidades eclesiales; Recuerdo en particular la de ayer por la tarde
en Matera.
Que, a través de la intercesión de la Virgen María, el Señor nos
permita ser artesanos de la paz, y esto comienza en casa, en la familia:
artesanos de la paz, todos los días del nuevo año. Y os deseo, de
nuevo, un año bueno y santo. Por favor no os olvidéis de rezar por mí.
Buen almuerzo y hasta pronto.
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