Caracas, VENEZUELA (Agencia Fides, 09/01/2019) – "Hoy día en el ámbito político, la gente está
como oveja sin pastor, sin proyecto común, y se le hace cuesta arriba el
fortalecer la ciudadanía y la conciencia de corresponsabilidad
política."
Esto se debe a “un clima de desconfianza que echa sus raíces en el miedo
al otro o al extraño, en la ansiedad de perder beneficios personales y,
lamentablemente, se manifiesta también a nivel político, a través de
actitudes de clausura o nacionalismos que ponen en cuestión la
fraternidad que tanto necesita nuestro mundo globalizado” (Francisco,
2018). Estas observaciones fueron pronunciadas por Mons. José Luis
Azuaje Ayala, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia
Episcopal del Venezuela (CEV), en la apertura de la CXI Asamblea
Ordinaria, el 7 de enero en Caracas.
En su largo discurso programático, el Presidente de la CEV se centró
directamente, quizás por primera vez, en el Presidente Maduro, quien
comenzará el segundo mandato el 10 de enero después de las elecciones
cuya regularidad ha sido impugnada por observadores internacionales: "se
realizará (el 10 de enero) la juramentación del presidente de la
República. Todas las dudas enmarcan esta juramentación, ¿legítima?,
¿ilegítima? La historia cuando sea el momento, a través de los actores
que propiciaron unas elecciones tan dudosas en un marco de ventajismo,
dará su veredicto. Lo que si es cierto del todo es que nuestro país vive
una desproporcional crisis en todos los ámbitos, pero por desgracia
quien ha dirigido el gobierno nacional durante estos últimos años,
produciendo un deterioro humano y social en la población y en las
riquezas de la nación, está empeñado en proseguir la misma cartilla, sin
cambios significativos en la economía y en el mejoramiento de las
condiciones de vida de los Venezolanos, por lo que en su desempeño se ha
hecho ilegítimo y moralmente inaceptable. Seguir el mismo camino hasta
ahora transitado es llevar al despeñadero al pueblo".
El Presidente de la CEV ha luego descrito la situación del país:
"Lamentamos que no haya ni un ápice de sensibilidad humana y social que
implique un cambio rotundo en la conducción del país y sigamos
observando los grandes índices de pobreza, de mayor número de personas
enfermas sin poder ser atendidas por las instituciones de salud porque
han colapsado, mayor amenaza y represión, una violencia incontrolable
que ha dejado más de veinte mil personas asesinadas en el año 2018, una
hiperinflación y destrucción del sector productivo, la brutal y abierta
corrupción, la migración más grande de nuestra historia venezolana,
centenares de presos políticos, civiles y militares, que claman
justicia, las violaciones de los Derechos Humanos que ha tenido su
colofón en el asesinato del joven indígena Pemón Charly Peñaloza de 21
años y la represión a comunidades indígenas y líderes comunitarios,
donde hay en juego muchos intereses; así como jugar con el sentimiento
de
las personas más pobres que mantienen la ilusión de llevar algo a la
mesa para alimentar a su familia."
Después de citar las palabras del Papa Francisco sobre la necesidad del
cambio social, Mons. José Luis Azuaje Ayala ha subrayado que "Es
necesaria hoy más que nunca la organización comunitaria en torno a un
ideal de reconstrucción del país, de generación de cambios para eliminar
la ruta destructiva y buscar formas novedosas de desarrollo integral.
Todos los venezolanos estamos llamados a colaborar, pasando la voz,
desde los pequeños encuentros de concientización, desde las preguntas
que podamos hacer ¿si realmente somos felices como estamos?, desde el
triste recuerdo de nuestros familiares que han salido del país
forzadamente y que hoy están luchando por sobrevivir en tierra
extranjera, ¿o es que acaso no sentimos la ausencia del abrazo del hijo,
de la hija, del esposo o de la esposa, de la madre, de los nietos, que
han tenido que partir obligados para ayudar a su familia a sobrevivir?
Despertar la conciencia y reaccionar con libertad, es el trabajo que
tenemos por delante."
"Nuestra conciencia cristiana nos debe comprometer cada día más. El Papa
nos dice que “nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la
intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida
social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de
la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a
los ciudadanos”, ha concluso Mons. Azuaje Ayala.