Juba, SUDÁN DEL SUR (Agencia Fides, 08/01/2019) - "Llegué a Sudán del Sur, a Juba, en enero de
2015, donde tenemos la única casa de los Hermanos Menores del país. Al
principio éramos 5 frailes, dos de Italia, uno de Eslovaquia, otro de
Australia y otro de Estados Unidos. Juntos dirigimos una parroquia
bastante grande que incluye pueblos de hasta 75 km de la capital". Así
comenzó la historia del Padre Federico Gandolfi, misionero de los
Frailes Menores de Juba.
En su relato a Fides, Abuna Federico, hablando de la precariedad del
país, explica que "aquí falta casi todo, las necesidades son muchas, en
todas partes hay cosas que hacer y gente a la que servir. Millones de
personas están estancadas en los campos de refugiados debido a la guerra
civil que ha dividido el país desde 2013. Uno de estos campamentos, con
capacidad para más de 20 000 personas, se encuentra en el territorio de
nuestra parroquia. Los frailes vamos cada semana a apoyar tanto como
nuestras pequeñas fuerzas nos permiten. Aquí las condiciones de vida son
todavía peores, pero encontramos personas capaces de una resiliencia
increíble a pesar de que los efectos de su grave trauma psicológico son
muy evidentes".
En el campo de refugiados a menudo se nos pide que unjamos a los
enfermos. Recuerdo bien una niña de unos 9 años. Estaba tumbada sobre
una manta desgastada y sucia, se le veían todos los huesos y la cabeza,
el pelo muy escaso, parecía enorme, demasiado grande para ser levantada.
Tenía como dos ojos de cervatillo que me miraban mientras rezaba sobre
ella con los catequistas y la familia. En ese momento esperaba que el
Señor la llamara lo antes posible. A la semana siguiente, cuando fui a
ver a la familia, la niña estaba de pie y corriendo... Si fue un milagro
no lo sé, pero la fe de esta gente es ciertamente capaz de mover el
cielo".
"Entre nuestras actividades nos comprometemos a ofrecer un espacio
abierto, de tranquilidad y no violencia, donde los que vienen a nosotros
tienen la oportunidad de encontrar un rincón de paz dentro de una vida
tan difícil. El mayor drama de estas personas es la falta de futuro.
Desgraciadamente, no hay muchas esperanzas y esta situación está
acabando con el futuro de una nueva generación de jóvenes que darían
cualquier cosa por poder salir del país, pero que son demasiado pobres
para convertirse en refugiados e inmigrantes. Alguien también me
preguntó: ‘Padre, ¿qué le hice a Dios para hacerme nacer en Sudán del
Sur?’ Pregunta para la que no hay respuesta".
En la misión los frailes también ofrecen un servicio de primeros
auxilios a los más pequeños. "Los niños corren todo el día y se lastiman
fácilmente. Desafortunadamente, la falta de higiene convierte las
pequeñas heridas en casos graves. Una vez a la semana también ayudo a
los niños de la calle a tratar sus heridas, a veces muy grandes, que
requieren intervenciones médicas y hospitalarias, servicios que no
siempre están disponibles", concluye el misionero.