Santiago, CHILE (Agencia Fides, 12/11/2019) – La Comisión Permanente de la Conferencia
Episcopal de Chile a través de una declaración, fechada el 9 de
noviembre expresa su solidaridad con el Administrador Apostólico
monseñor Celestino Aós y todos los fieles de la arquidiócesis de
Santiago después del saqueo y profanación de la parroquia de la Asunción
de María. La nota extiende la solidaridad a las comunidades y pastores
“de otras iglesias y lugares de oración de varios cultos que han sido
atacados en muchas ciudades”.
Los manifestantes encapuchados irrumpieron en la Iglesia de la Asunción
de María. Después de sacar los bancos, las estatuas y las imágenes
sagradas, los prendieron fuego e hicieron barricadas contra la policía.
La crisis política y social que ha estallado en Chile en las últimas
semanas es resultado de la desigualdad social pero las protestas
iniciales han derivado en manifestaciones violentas e incontroladas. La
Catedral de Valparaíso también fue atacada por un grupo de manifestantes
que trataron de prender fuego a los portones de madera. Cuando entraron
destruyeron los bancos y varias imágenes sagradas.
El texto fue firmado por el presidente de la Conferencia Episcopal,
monseñor Santiago Silva; por el vicepresidente, monseñor René Rebolledo;
el Secretario General, monseñor Fernando Ramos; y el miembro de la
Comisión, monseñor Juan Ignacio González. “Estamos conmocionados por el
maltrato a personas, el constante saqueo y la violencia de donde sea que
provenga. Nos provoca dolor el ataque sin respeto por Dios, y por los
que creen en Él, a las iglesias y lugares de oración. Las iglesias y los
lugares de culto son sagrados”.
Invocando, a través de la oración, el perdón de Dios por estas
profanaciones, los obispos aseguran que “junto con muchos chilenos y
chilenas, nos oponemos radicalmente a la injusticia y la violencia, la
condenamos en todas sus formas y esperamos que los tribunales
identifiquen responsables y puedan castigarlos. Los violentos nos
impiden mirar con la debida atención a los reclamos justos de la mayoría
de los chilenos que quieren soluciones reales y pacíficas”.
Para restaurar la convivencia civil y pacífica, los obispos piden a las
autoridades “que apliquen la ley y la ejerzan utilizando todos los
recursos de un estado democrático. La gente no solo está cansada de la
injusticia, sino también de la violencia y la gran mayoría espera
ansiosamente el diálogo para reconstruir el tejido social”. La
declaración cierra invocando a la Virgen del Carmen, “que nos dé un
Chile unido, forjado por los esfuerzos de todos los hombres y mujeres de
buena voluntad”.