Port Moresby, PAPÚA NUEVA GUINEA (Agencia Fides, 12/11/2019) - “Me enteré de las precarias condiciones
de los refugiados y solicitantes de asilo en Papúa Nueva Guinea. Sin
embargo, después de conocer a algunos de ellos, me di cuenta de que la
situación en la que viven totalmente inhumana. Su sufrimiento me
conmovió profundamente. Conocer a los solicitantes de asilo también me
dio la oportunidad de expresar nuestra solidaridad y transmitir el
apoyo, las oraciones y la buena voluntad del pueblo australiano, que
tiene una gran tradición en el cuidado de migrantes y refugiados. Estoy
preocupado por su situación”. Así lo declara a la Agencia Fides monseñor
Vincent Van Long, OFM, obispo de la diócesis de Paramatta, en
Australia, y responsable de la Comisión para migrantes y refugiados de
la Conferencia Episcopal, después de su visita a Papúa Nueva Guinea
donde se reunió con algunos refugiados y solicitantes de asilo en Nauru y
Manus.
Las dos islas, ubicadas en el Océano Pacífico, albergan campos de
refugiados donde los migrantes y los solicitantes de asilo que se
dirigen a Australia son transferidos y detenidos en condiciones
inhumanas después de haber sido rechazados. Los refugiados en la isla
ahora viven en un limbo legal que puede prolongarse años. Algunas de
estas personas, en estado de total desesperación, se han llegado a
suicidar.
Las palabras del obispo Van Long se añaden a las conclusiones del
encuentro que tuvo lugar en los últimos días en Port Moresby entre una
delegación de siete miembros de la Iglesia australiana y algunos de los
refugiados abandonados en Papúa Nueva Guinea durante años. Durante su
visita el obispo tuvo la oportunidad de conocer cómo son las casas
ofrecidas por el gobierno de Papúa a los migrantes en el marco de una
iniciativa lanzada en agosto con la intención de transferir a los
solicitantes de asilo de la Isla de Manus a la capital de Papúa,
ofreciéndoles un alojamiento decente y atención médica. “Esta solución,
que también representa un paso adelante, no resuelve sin embargo la
desesperación de los refugiados retenidos”, aseguró el obispo después de
visitar los hogares para migrantes. “Insto a la Iglesia Católica local a
continuar sus esfuerzos de asistencia humanitaria y garantizo el pleno
apoyo de la Conferencia Episcopal Australiana”, concluyó monseñor
Long.
Desde 2013 el gobierno australiano ha adoptado la política “No Way”
basada en el cierre total a la entrada de migrantes. Las costas están
protegidas con un despliegue masivo de buques de forma que quien intenta
llegar por mar no obtienen el derecho a establecerse legalmente en el
país. Algunos migrantes son devueltos a su país de origen, mientras que
otros son reubicados en la isla de Manus, territorio de Papúa Nueva
Guinea, o en la isla de Nauru, donde hay campos de refugiados y donde
los solicitantes de asilo pueden llegar a vivir durante años.