Katmandú, NEPAL (Agencia Fides, 07/11/2019) - Los misioneros claretianos se han
comprometidos en construir el futuro de los niños huérfanos y pobres,
víctimas del terremoto de 2015 en Nepal, brindándoles asistencia y
educación. “Visitamos Nepal después del terremoto de 2015 y ayudamos a
reconstruir la aldea de Wasbang, en el distrito de Chitwan, en el centro
de Nepal. Nos encontramos con un niño huérfano y comenzamos a cuidarlo.
Hoy estamos ayudando y educando a más de 400 estudiantes. Nuestro
objetivo es llegar hasta 900 jóvenes para 2025”, explica a Fides el
padre claretiano Jojo Peter Ancheril, uno de los responsables de este
proyecto de los misioneros claretianos de Macao.
Más de 400 niños huérfanos, pobres y personas con discapacidad residen
en el hogar infantil de Antyodaya en Parsa. La casa fue construida el 13
de mayo de 2017. “Tenemos la intención de llegar a los niños más
desfavorecidos de las aldeas remotas ofreciéndoles formación”, dice el
padre Ancheril.
El 12 de abril de 2015 un fuerte terremoto sacudió Nepal matando a miles
de personas y dejando a millones sin hogar y casi sin futuro. La
movilización internacional fue impresionante y el hogar de niños de
Antyodaya es una de las iniciativas de esta solidaridad.
Después de un primer viaje a Nepal, el padre Ancheril comenzó a
construir casas para las familias afectadas por el terremoto, en el
pueblo de Wasbang, gracias al apoyo de muchos benefactores y de de la
Little Flower Society di Narayangh. Después de un viaje posterior con
unos 30 peregrinos, este compromiso se fortaleció y estabilizó. En uno
de estos viajes, Bobby Anthony, gerente de proyectos en Nepal, se
encontró con una niña de cuatro años que deambulaba por el bosque. Su
madre estaba enferma de cáncer y su padre era ya anciano. Se hicieron
cargo de esta familia y, a partir de este caso, surgió el proyecto de
ayudar a otros niños en situaciones parecidas habilitando un hogar
especial para ellos. Para esta iniciativa contaron con el apoyo de una
trabajadora social que identificó otros casos. Muchos pequeños de aldeas
rurales pasaron a formar parte de este hogar y así tuvieron la
oportunidad de recibir una buena educación.
“Hoy el Hogar Infantil de Antyodaya ofrece a los estudiantes una nueva
vida para crecer, trabajar y tener esperanza en el futuro. Para los
niños y jóvenes con alguna discapacidad también hay un equipo que les
brinda una especial atención y cuidados. El amor de Dios no conoce
límites”, concluye la hermana Liza Franca Augustine, colaboradora del
proyecto y misionera en Nepal.