CIUDAD DEL VATICANO, 11 junio 2014 (VIS).- ''Con el don del temor de Dios, del que hablamos hoy -ha dicho el Santo Padre FRANCISCO en la Audiencia General de hoy celebrada a las 9:45 horas en la Plaza de San Pedro, retomando la Agenda Papal tras dos días de haber sido cancelada por una ligera indisposición-, concluye la serie de los siete dones del Espíritu Santo. Ese don no significa tener miedo de Dios -ha destacado-: sabemos bien que Dios es nuestro Padre, que nos ama y quiere nuestra salvación, nos perdona siempre, ¡así que no hay razón para tenerle miedo! El temor de Dios, sin embargo, es el don del Espíritu que nos recuerda lo pequeños que somos ante Dios y su amor, y que nuestro bienestar llega cuando nos abandonamos en sus manos con humildad, respeto y confianza''.
''Cuando el Espíritu Santo mora nuestros corazones, nos da consuelo y paz... En ese momento, comprendemos cómo el temor de Dios llega a nosotros en forma de docilidad, gratitud y alabanza llenando nuestros corazones de esperanza''. El Pontífice ha comentado al respecto que cuando no entendemos el plan de Dios nos damos cuenta de que no podemos asegurarnos la felicidad y la vida eterna. ''Es sin embargo en la experiencia de nuestras limitaciones y nuestra pobreza, cuando el Espíritu Santo nos consuela y nos hace sentir que la única cosa importante es ser guiados por Jesús hacia los brazos de su Padre''.
El Papa ha explicado la necesidad de un don que ''nos hace ser conscientes de que todo viene de la gracia y de que nuestra fuerza real está únicamente en seguir al Señor Jesús y en dejar que el Padre derrame sobre nosotros su bondad y su misericordia... El temor de Dios, por lo tanto, no nos convierte en cristianos tímidos y sumisos, sino que ¡genera en nosotros coraje y fuerza! Es un regalo que nos convierte en cristianos convencidos, entusiastas, ¡que no son sumisos al Señor por miedo, sino porque se mueven y se dejan seducir por su amor!''.
El temor de Dios es también ''una advertencia ante el pecado'', porque ''cuando vamos por mal camino, blasfemando contra Dios, explotando a los otros, con tiranía, y cuando se vive sólo por el dinero, la vanidad, el poder y el orgullo, nos avisa que así no seremos felices y terminaremos mal. ''¿Creéis que una persona corrupta será feliz en el más allá? -ha preguntado el Papa- No, todo el fruto de su corrupción ha adulterado su corazón y le será difícil presentarse ante el Señor''. Con estas palabras ha recordado a todos aquellos que se benefician del tráfico de personas, del trabajo con esclavos, o de la fabricación de armas. De estos últimos ha dicho que no les interesa la Palabra de Dios porque ''fabrican la muerte, son mercaderes de muerte y hacen mercancía de muerte'', y ha manifestado el deseo de que ''el temor de Dios les haga comprender que un día todo terminará y que tendrán que rendirle cuentas''.
Antes de finalizar, FRANCISCO ha leído una parte del Salmo 34: 'Este pobre gritó y el Señor lo escuchó, y lo salvó de todas sus angustias. El ángel del Señor hace sus rondas junto a los que le temen y los guarda'. ''Pidamos al Señor -ha dicho- la gracia de unir nuestra voz a la de los pobres para acoger el don del temor de Dios y poder reconocernos, recubiertos de la misericordia y del amor de Dios, que es nuestro Padre''.
Después saludó a los fieles presentes
en francés, inglés, alemán, español, portugués, polaco y árabe.
Estas fueron sus palabras en
castellano:
El temor de Dios, don del Espíritu Santo, no quiere decir tener miedo a Dios, porque sabemos que Dios es nuestro Padre, que nos ama, nos perdona siempre. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón, nos infunde consuelo y paz, aquella actitud de la persona que deposita toda su confianza en Dios y se siente protegido, como un niño con su papá.
Este don del Espíritu Santo nos permite imitar al Señor en humildad y obediencia, no con una actitud resignada y pasiva, sino con valentía, con gozo. Nos hace cristianos convencidos de que no estamos sometidos al Señor por miedo, sino conquistados por su amor de Padre.
Finalmente, el temor de Dios es una "alarma". Cuando una persona no anda por buen camino, se instala en el mal, cuando se aparta de Dios, cuando se aprovecha de los otros, cuando vive apegado al dinero, a la vanidad, al poder o al orgullo, entonces el santo temor de Dios le llama la atención: Así no serás feliz, así terminarás mal, y no te podrás llevar nada, ni de tu dinero, ni de tu vanidad, ni de tu poder, ni de tu orgullo.
Que el temor de Dios nos permita comprender que un día todo terminará y que debemos dar cuentas a Dios.
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, Nicaragua, El Salvador, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Pidamos al Señor que el don del temor de Dios nos haga sentir su amor y su misericordia en nuestras vidas. Muchas gracias”.
La Audiencia General concluyó con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica impartida por el Santo Padre.