Sydney, AUSTRALIA (Agencia Fides, 18/11/2019) - “Hace poco regresé de uno de los viajes más
difíciles de mi vida sacerdotal. Visité a los supervivientes de los
ataques del Domingo de Pascua en Sri Lanka, personas inocentes cuyas
vidas fueron destrozadas. Han pasado meses desde ese día terrible y se
ha hecho mucho para ayudarlas, pero aún queda mucho por hacer. La
difícil situación de estas personas me conmovió y me llevó a pedir la
ayuda de los miembros de nuestra comunidad católica”. Es la carta que
envía a Fides el padre Brian Lucas, Director Nacional de Catholic
Mission, sección australiana de las Obras Misionales Pontificias, y que
dirigió a todos los fieles australianos pidiendo apoyo para las víctimas
de los ataques del pasado 21 de abril, día de Pascua, a tres iglesias y
a algunos hoteles en Colombo, capital de Sri Lanka.
“Uno de los momentos que más me conmovió fue el encuentro con los
supervivientes de la masacre. Por ejemplo, con Thilina, una mujer de 34
años que probablemente necesitará tratamiento por el resto de su vida
debido a la lesión de su cabeza. También conocí a muchos niños que
habían perdido a uno o ambos padres”, relata el padre Lucas.
Para apoyar a las familias afectadas, Catholic Mission ha lanzado una
recaudación de fondos que financiará becas para niños huérfanos y
también un programa de asesoramiento postraumático, dedicado a aquellos
que aún no pueden superar psicológicamente el impacto de los ataques.
“La diócesis de Colombo ha hecho muchos esfuerzos para ayudarlos a
superar el trauma. Han puesto en marcha el programa ‘On the Road of
Peace’ que consiste en sesiones de terapia grupal entre personas que
recientemente han vivido experiencias de violencia y otras que han
superado momentos igualmente difíciles. Cosas así sirven para dar
esperanza a quienes han visto la masacre de Pascua con sus propios
ojos”.
Los ataques del 21 de abril fueron atribuidos al “National Thowheeth
Jama’ath”, un grupo terrorista local que provocó 253 muertes.Cuatro
hoteles y tres lugares de culto cristianos fueron el objetivo de los
ataques: el Santuario de San Antonio en Kotahena, la iglesia de San
Sebastián en Negombo y la iglesia de Sion en Batticaloa. En el parque
adyacente a la iglesia de San Sebastián se construyó una capilla
conmemorativa en honor a las víctimas con fondos donados por católicos
de todo el mundo.