Nairobi, KENIA (Agencia Fides, 12/11/2019) - “Estamos uniendo fuerzas para combatir la
corrupción en el país”. Con estas palabras los obispos de Kenia
solicitan a todos los kenianos que apoyen la campaña titulada “Rompamos
las cadenas de la corrupción” lanzada por ellos el 5 de octubre.
“Apoyaremos esta campaña durante los próximos seis meses y luego
continuaremos con ella”, explicaron los obispos en un comunicado
publicado al final de su Asamblea Plenaria de noviembre. “Contamos con
el apoyo de todos porque no podemos combatir solos al monstruo de la
corrupción. Debemos unir fuerzas en la lucha para eliminar este flagelo
de nuestra sociedad. Renovamos el llamamiento a todas las iglesias,
otras religiones y personas de buena voluntad para que se unan
seriamente a esta guerra contra la corrupción para restituir la
honestidad y la integridad a nuestra sociedad”.
La declaración define un espectro muy amplio de corrupción que va más
allá de la de políticos y funcionarios deshonestos. “Todo lo que
promueve la cultura de la muerte es la corrupción”, dicen los obispos.
Por ejemplo, “la destrucción del medio ambiente es corrupción; matar
niños no nacidos, infidelidad en el matrimonio y violencia doméstica es
corrupción familiar; vender drogas a los jóvenes, atraerlos a la
promiscuidad y abusar de ellos es la peor forma de corrupción; solicitar
favores y privilegios, corromper o usar la tribu, religión, clan,
afiliación política, cargos públicos o intimidación es corrupción”.
Incluso “tratar de hacer trampa en los exámenes es una forma terrible de
corrupción que destruye la credibilidad del país”.
Entre los otros temas abordados por la Plenaria se encuentra la
Conferencia de la ONU sobre Población celebrada en Nairobi, la “Nairobi
Summit on International Conference on Population and Development”
(ICPD).
“La cumbre, que pretende favorecer el avance y el desarrollo de las
mujeres, está promoviendo los llamados “derechos a la salud sexual y
reproductiva” como un medio para lograr el desarrollo de las mujeres”,
aseguran los obispos que dudan de “que estos sean los problemas que
realmente afectan el desarrollo de las mujeres y la humanidad en
general”. En cambio, necesitamos “mejorar las condiciones de las mujeres
y los niños que viven en la pobreza extrema, a través de estrategias de
desarrollo, alfabetización y educación, fomentando la cultura de paz,
apoyando a la familia como célula básica de la sociedad y poniendo fin a
la violencia contra la mujer”.
“Rechazamos la introducción de ideologías centradas en el género y otras
prácticas extrañas, que van en contra de nuestra cultura africana y de
nuestra herencia religiosa. Consideramos este programa como un intento
de corromper a nuestra juventud y convertirla en esclava de ideologías
extranjeras, como las uniones homosexuales”.