Bishkek, KIRGUISTÁN (Agencia Fides, 19/11/2019) - El Centro Issyk, el hogar para niños kirguisos
discapacitados y personas sin hogar a orillas del lago Issyk-kul, y
gestionado por los religiosos de la Compañía de Jesús, se ampliará con
la construcción de una nueva estructura. Así lo explica a Fides el
sacerdote jesuita Anthony Corcoran, Administrador Apostólico de
Kirguistán.
“El pasado 21 de octubre, junto con el padre Remigiusz Kalski director
del Centro, bendijimos los cimientos del nuevo edificio que
complementará al que ya existe. Es una estructura de dos pisos de 562
metros cuadrados que tendrá una sala de actividades y habitaciones para
niños, voluntarios y trabajadores”, indica el Administrador Apostólico.
El proyecto consiste en la construcción de 11 habitaciones, una capilla,
un almacén, 11 duchas y servicios de salud, todos con adaptaciones para
discapacitados: “En el primer piso habrá habitaciones para niños
discapacitados, sus padres y para empleados a tiempo completo. Las
habitaciones en el segundo piso se asignarán a todos los demás niños,
voluntarios y trabajadores temporales”.
Las actividades del Centro Issyk tienen lugar principalmente en el
verano, cuando se organizan campamentos para niños discapacitados,
huérfanos y pobres en colaboración con las instalaciones de asistencia
social de Kirguistán. Además, cada año se organiza un campamento de
astronomía. “Durante el verano pasado, ciento diez niños viajaron al
lago Issyk-Kul para participar en nuestro cuarto campamento astronómico
anual. Con los picos nevados hacia el sur y las cálidas aguas del lago
hacia el norte, el ambiente era idílico”, explica el padre Corcoran. Los
participantes fueron acompañados por sus profesores de física
acompañados por el padre Adam Malinowski, un jesuita apasionado por la
astrología, así como por voluntarios de Austria, Inglaterra, Francia y
Alemania.
“Nuestra misión no incluía ninguna actividad espiritual ya que tanto los
estudiantes como los maestros eran musulmanes, pero esto no hace que el
trabajo sea menos importante. En el espíritu del Concilio Vaticano II,
los cristianos estamos llamados a comprometernos y a ayudar a todos los
hijos de Dios. Iniciativas como el campamento de astronomía son
oportunidades para expresar el amor de Dios por cada persona, pasar
tiempo con personas no cristianas, ayudar y presentar una imagen
positiva de nosotros los católicos a personas que tal vez nunca hayan
conocido a uno”, concluye el Administrador Apostólico.