Manila, FILIPINAS (Agencia Fides, 04/02/2020) – La "guerra contra las drogas", campaña lanzada
en 2016 por el presidente Rodrigo Duterte para liberar a la sociedad del
narcotráfico y la adicción a las drogas, pero llevada a cabo con
métodos violentos criticados en el país y en el extranjero, está
poniendo a prueba a la sociedad filipina. Los sacerdotes y religiosos
filipinos están convencidos de esto, hoy se dedican a acompañar a las
víctimas o a crear conciencia sobre la defensa de la dignidad humana, la
justicia y el estado de derecho.
El padre franciscano Baltasar Obico, Ofm, superior del Santuario de San
Antonio en Makati, una de las ciudades que conforman la gran
"MetroManila", dice a la Agencia Fides: "El enfoque violento de la
campaña antidrogas, promovido por las instituciones, está erosionando el
sistema democrático. Luego, el gobierno trata de imponerse obligando al
silencio a los disidentes y a cualquier crítico. Me parece que la
actitud despectiva del presidente Duterte también está provocando un
colapso de los valores morales en la sociedad, ya que es un catalizador
de un ‘mal ejemplo’ en una figura, la del presidente, que sigue siendo
una referencia para todos. Me pregunto: ¿cómo se puede tolerar con
ligereza tal violencia e injusticia? Si los líderes políticos usan un
léxico violento y agresivo, con un populismo que solo busca el consenso,
dando rienda suelta a actitudes hostiles y despectivas, ¿qué se puede
esperar de los jóvenes y de la sociedad? En este contexto, quienes pagan
las consecuencias son los abogados, defensores de los derechos humanos,
activistas, miembros de ONG e incluso sacerdotes y religiosos que están
del lado de los pobres y los oprimidos”.
Entre los religiosos filipinos en "primera línea" se encuentra el padre
Angel Cortez Ofm, quien en dos ocasiones en los últimos meses fue a
Ginebra, en representación de la ONG "Franciscans International", para
informar y apelar ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En este
sentido el religioso explica a Fides: “Hoy vemos ante nuestros ojos, en
Filipinas, muchas ejecuciones extrajudiciales, asesinatos impunes,
violencia sin precedentes en la calle, sin ningún reparo. Es una
verdadera tragedia.
Acompañamos a muchas familias que sufren y que han
perdido a sus seres queridos, asesinados por bandas de hombres
enmascarados. No hay justicia ni paz, el estado de derecho es pisoteado
impunemente y la policía, según muchas ONG, cubre o no investiga estos
asesinatos, que siguen siendo obra de personas desconocidas y por los
cuales nadie pagará. Esta 'guerra contra las drogas' lleva en marcha
demasiado tiempo y ya ha causado demasiadas víctimas y demasiado
sufrimiento. No podemos continuar en este camino de muerte y duelo. Es
urgente que las conciencias se despierten y que la política cambie de
rumbo. Es urgente la conversión de los corazones, las mentes y las
acciones".
La "falta de justicia para miles de víctimas" de la violenta campaña
antidrogas ha sido confirmada por un nuevo informe de la ONG "Amnistía
Internacional", publicado el pasado 30 de enero. “Las familias de las
víctimas - señala Amnistía -, no han obtenido justicia para sus seres
queridos, debido a los enormes obstáculos existentes para presentar
denuncias contra los perpetradores, incluido el temor a represalias.
Tampoco se ha identificado ninguna responsabilidad significativa por los
asesinatos a nivel nacional".
Según datos oficiales, en la "guerra contra las drogas" de Duterte, más
de 6,000 personas han asesinadas en operaciones policiales, mientras que
los grupos de derechos humanos estiman la existencia de otras 25,000
víctimas de asesinatos por "escuadrones de vigilantes", que actúan
completamente impunes.
Una investigación reciente realizada por el sitio de noticias online
filipino "Rappler" ha revelado que el gobierno hasta ahora ha seguido
una actitud complaciente, dejando los casos de tales asesinatos sin
resolver, debido a las deficiencias sistemáticas del sistema judicial y a
la falta de compromiso o complicidad de las fuerzas de policía.