Almaty, KAZAJSTÁN (Agencia Fides, 12/02/2020) - “Oramos por todos los que han sufrido, por los
que aún sufren, por los fallecidos y hospitalizados. Oramos y esperamos
que el espíritu de reconciliación entre los habitantes de estas
poblaciones pueda renovarse". Este es el comentario que ha declarado a
Fides Mons. José Luís Mumbiela Sierra, obispo de la diócesis de Almaty y
presidente de la Conferencia Episcopal de Kazajstán, sobre los
enfrentamientos interétnicos entre kazajos y dungans, que han sacudido a
la sociedad kazaja en los últimos días, creando un impacto negativo y
fuertes tensiones sociales y políticas.
En la noche entre el 7 y el 8 de febrero, la violencia que se
desencadenó en la región de Zambyl, en la parte sureste del país, en la
frontera con Kirguistán, causó 10 muertes y 170 heridos, además de la
destrucción de 25 casas privadas, 31 tiendas y 41 automóviles. El
ministro de Información y Comunicaciones de Kazajstán, Dauren Abayev, ha
anunciado que estos episodios parecen haber sido causados por una
discusión banal que tuvo lugar en la aldea de Masanci, vinculada a
cuestiones de la vida cotidiana.
Según la versión de la policía, uno de los aldeanos no se detuvo cuando
ante un control de policía. Perseguido por los agentes, al parecer llamó
a vecinos y familiares que atacaron a los policías. El conflicto se
amplió causando numerosas víctimas y heridos. Según otras fuentes
locales, algunos dungan atacaron a un anciano kazajo de 80 años, lo que
desencadenó represalias de hombres kazajos contra la población de las
aldeas dominadas por los dungan.
Los enfrentamientos han visto involucradas varias aldeas, con una
población prevalente de dungan. El gobierno de Kazajstán ha enviado
soldados al lugar que han confiscado armas rudimentarias, mientras que
el poder judicial ha iniciado procedimientos penales con la hipótesis de
desorden en masa, asesinato y resistencia a los funcionarios públicos.
En el área, la población dungan es el 90% de los residentes, mientras que los kazajos y los rusos son el 5% de la sociedad.
La tolerancia entre religiones y entre grupos étnicos es uno de los
puntos fundamentales de la identidad nacional kazaja. En el país hay una
especie de "superposición" de dos cultos: uno público, vinculado a la
lealtad al estado, y uno privado, estrechamente relacionado con la
religión y el origen étnico. Este enfoque está vinculado a una política
que ha demostrado tener visión de futuro: inmediatamente después de la
disolución de la Unión Soviética, la crisis económica y el deterioro de
las instituciones estatales podrían haber desencadenado un conflicto
interétnico de enormes proporciones. Kazajstán ha logrado evitar este
escenario al imponer un modelo social que tiene su piedra angular en el
reconocimiento del papel fundamental del estado.
Los dungan, una población de etnia china y religión musulmana, llegaron a
Asia Central a fines del siglo XIX escapando de la persecución de las
autoridades chinas. Según datos oficiales proporcionados por el
Ministerio de Asuntos Exteriores de Kazajstán, actualmente, de una
población de 17 millones, el 70% son musulmanes, el 26% cristianos, el
1% de los cuales son de fe católica.