Bagdad, IRAK (Agencia Fides, 05/02/2021) - Los sacerdotes de la Iglesia caldea son hombres con sus limitaciones, pero la gran mayoría ejercen su ministerio sacerdotal con dedicación y generosidad, hasta el sacrificio. Así lo ha reiterado con fuerza el cardenal Louis Raphael Sako, patriarca de Babilonia de los caldeos, haciendo pública una carta en la que responde a las críticas dirigidas indiscriminadamente al clero local, contenidas en una intervención publicada en el sitio web ankawa.com.
La carta del Patriarca comienza con algunas consideraciones
autobiográficas: “Vivo en Irak desde que nací” escribe el Cardenal “y he
conocido a muchos obispos y sacerdotes que han sido importantes en mi
largo camino de servicio a la Iglesia. Mi vocación sacerdotal también
nació gracias al ejemplo de un gran sacerdote”. El Primado de la Iglesia
Caldea no niega que un número limitado de sacerdotes tienden a explotar
su sacerdocio fuera de la misión que recibieron en el momento de la
ordenación. “Pero la gran mayoría de nuestros sacerdotes” enfatiza el
Patriarca “están plenamente dedicados y absortos en su ministerio
sacerdotal. Entre ellos tenemos verdaderos mártires”.
A continuación, el cardenal Sako recuerda los factores elementales que
connotan la naturaleza sui generis de la Iglesia, “institución divina y
humana. La Iglesia es santa - recuerda el Patriarca - ¡y no el clero! La
divinidad pertenece sólo a Dios, los sacerdotes, obispos y patriarcas
no son divinos, y la santidad en sí misma es una vocación de todo
cristiano y no está reservada sólo para el clero. Hasta donde yo sé, y
por lo que veo - continúa el Patriarca caldeo - la mayoría de los
sacerdotes asumen sus compromisos hasta el sacrificio. Solo hay que
mirar lo que los sacerdotes iraquíes han hecho por una multitud de
personas desplazadas desde 2014.
n cuanto a las tentaciones de abusar del patrimonio de la Iglesia, el Patriarca recuerda que “Hoy, en la mayoría de nuestras parroquias, existen oficinas de gestión transparente de recursos, consejos parroquiales y consejos diocesanos”. A pesar de los obstáculos, se han dado muchos pasos para difundir un modelo de gestión transparente. Con todo esto - añade el Patriarca – “seguimos siendo hombres, no hacemos milagros, que son sólo de Dios”.
El cardenal iraquí, con un añadido interesante y nada frecuente, también
menciona las quejas generalizadas y las reclamaciones excesivas que en
Oriente Medio se dan a menudo por sentadas hacia las instituciones
eclesiales, cuando, por ejemplo, se les acaba pidiendo puestos de
trabajo, que construyan casas, que fomenten una determinada carrera
política. Una actitud que luego se traduce inevitablemente en una
crítica corrosiva e indiscriminada, que a juicio del Patriarca hiere a
la Iglesia, especialmente cuando se cae en la queja y se difunden
calumnias sin siquiera dar evidencia real de un comportamiento
incorrecto por parte de los miembros del clero. Al respecto -recuerda el
Patriarca Sako- todo aquel que tenga conocimiento de una obvia mala
conducta, y no de rumores o habladurías, deberá denunciarlo al obispo
local, quien, si lo considera necesario, iniciará las investigaciones
necesarias utilizando las herramientas canónicas proporcionadas a la
autoridad eclesiástica.