Las cosas no mejoran a lo largo de la disputada frontera entre Etiopía y Sudán. Sudán insta a Etiopía a retirar sus tropas de la frontera sudanesa lo antes posible. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Sudán declaró que “Sudán está haciendo mucho, pero no negociaremos sobre nuestra tierra”. El jefe de Estado Mayor del ejército, general Birhanu Jula, explicó que “una tercera parte está detrás de la violación de la soberanía de Etiopía por parte del ejército sudanés”.
Además, los tres principales nacionalismos Amhara, Oromo y Tigrai podrían hundir a todo el país en el caos. Los nacionalismos étnicos en competencia han dominado el panorama político etíope desde finales de la década de 1960 y son una consecuencia de la idea de Etiopía como un “museo de pueblos” donde cada grupo tiene “un sistema delimitado y una cultura única”. Este fotografía un momento, no el proceso de las relaciones humanas que se mueven en un país donde las personas no son inmutables como los objetos de un museo y, a diferencia de los objetos, interactúan entre sí.
La Constitución de Etiopía encargada por el TPLF fue un ejercicio de ingeniería étnica y, según los estudiosos, fue la política de etiquetado del gobierno la que creó la etnia y la identidad étnica (que no existía).
La representación étnica es uno de los problemas que efectivamente socava el liderazgo basado en el mérito. Requerirá mucho tiempo, mucho cuidado e intensa atención por parte de la comunidad internacional, que necesariamente tendrá que elegir con qué Etiopía cooperar.