El arzobispo hace memoria de los obispos que se han sucedido antes que él en esta Arquidiócesis de la que han surgido otras cinco diócesis, de los sacerdotes locales y extranjeros, seculares y religiosos, en particular de cuantos durante los años difíciles de la reorganización y de la violencia del conflicto armado, “sirvieron y guiaron al pueblo de Dios en este lugar”. Luego da las gracias a las innumerables consagradas que, en los campos de la educación, la salud, en el cuidado de ancianos, en la formación catequética y la pro moción social “colaboraron en la tarea de la evangelización”. También dirige un agradecimiento especial a los laicos, “que, en todas las épocas, han dado su tiempo, su ingenio, sus sacrificios personales para colaborar con los pastores supliéndolos y representándolos en la dirección y coordinación de sus comunidades, en la catequesis y la evangelización”.
Con motivo del centenario, se publicará un estudio académico sobre la historia de la diócesis, ya que existe poca información al respecto. Sin embargo, se ha preparado material teológico e histórico para organizar conferencias, videoclips, programas de radio y televisión para preparar este evento reflexionando sobre la naturaleza de la Iglesia y la fe cristiana.
En su Carta pastoral el Arzobispo invita a dar gracias a Dios, “Señor de la Iglesia y del tiempo… por la fe que hemos conocido y recibido… por el servicio y ministerio de las personas que fueron instrumento en sus manos para que por ellas nos llegara la fe y se realizaran tantas obras de evangelización, de catequesis y de caridad”.
Mons. Molina también invita a todas las comunidades a que en los días sábado 24, domingo 25 y lunes 26 de julio de 2021, se ofrezca la santa eucaristía como acción de gracias. El martes 27, fecha del aniversario, la santa eucaristía se celebrará en la Iglesia local con lecturas bíblicas apropiadas para la ocasión.
Lamentablemente, dice el Arzobispo, la situación sanitaria impide una celebración comunitaria de toda la Archidiócesis, con la participación de sacerdotes, religiosos y laicos de todas las comunidades, pero espera que pueda realizarse en el futuro.
En la segunda parte de la Carta, monseñor Molina invita a mirar el futuro con esperanza, trazando un amplio panorama de la situación actual e indicando algunas opciones pastorales que hay que tomar. Por último, el arzobispo recuerda que “Evangelizar, formar discípulos, vivir como Iglesia de Jesucristo, dar testimonio en el mundo de nuestra esperanza ha sido, es y será nuestra tarea. Sin embargo, Dios suscita los pensamientos, inspira las decisiones, dinamiza las obras. Cada uno de nosotros aporta los pensamientos, decisiones y obras que en conciencia cree que contribuirán al anuncio del Evangelio, a la edificación de la Iglesia, a la formación de los fieles y al logro del objetivo final que es la vida de santidad en Dios”.