Yangon, MYANMAR (Agencia Fides, 11/10/2019) - Los líderes religiosos deben alzar sus voces
contra las atrocidades cometidas contra civiles inocentes en Myanmar. Es
el llamamiento del cardenal Charles Bo, arzobispo de Yangon: “Estoy
afligido por el silencio de los líderes religiosos de esta gran
ciudadela espiritual. En el país hay 500.000 monjes budistas, 70.000
monjas budistas, casi 1.200 pastores cristianos, más de 2.000 monjas
católicas y muchos otros líderes religiosos. Algunos silencios pueden
ser criminales. La guerra es injusta. Nuestras oraciones y ritos son en
vano ante la sangre y las lágrimas de personas inocentes. El pueblo
birmano ama la paz y sigue a sus líderes religiosos”. En una declaración
dirigida a los líderes religiosos y enviada a Fides, el Cardenal
escribió: “No pasa un solo día sin las terribles noticias de civiles
inocentes desplazados, asesinados o mutilados por el conflicto en curso
en Lashio, en otras regiones del Norte y en el estado de Rakhine”,
recordando que las diferentes regiones de Myanmar siguen siendo
escenario de conflictos.
Si la actual crisis rohingya en el estado de Rakhine ha atraído la
atención de los medios internacionales, otras comunidades minoritarias
como Karen, Shan, Mon, Chin continúan sufriendo discriminación y
violencia. Los conflictos étnicos a menudo se ven eclipsados por matices
religiosos. Los rohingya son musulmanes y muchas otras minorías étnicas
como los Karens profesan el cristianismo, mientras que la mayoría de
los birmanos son del grupo étnico Bamar y de religión budista. Estos
factores de mayoría y minoría, a nivel cultural y religioso, se
entrecruzan con tintes políticos en todos estos conflictos.
“La mayoría de estas personas inocentes son personas extremadamente
pobres. La lucha por sobrevivir es su día a día. Nadie ha promovido el
desarrollo económico de estas personas”, lamenta el cardenal.
Explicando más la situación, dijo: “Un conflicto feroz se desata les
obliga a huir. Con dolor y tristeza, presencié sus lágrimas. Los que
dicen luchar por ellos nunca se han preocupado por su seguridad y les
combaten con armas pesadas, incluidos los bombardeos aéreos”.
Apelando a la paz y dirigiéndose a los líderes militares y a los grupos
guerrilleros: “Pregunto a todos los ejércitos, estatales y no estatales:
¿estos pobres inocentes son vuestros enemigos? ¿No son vuestros
hermanos y hermanas? ¿Cuántas personas han de morir? ¿Cuántas mujeres y
niños han de languidecer abandonados? ¿No veis su angustia y sus
lágrimas? ¿Dónde está la misericordia?
En sus palabras finales, el cardenal recuerda: “Existe un enorme
potencial para la paz a través de los líderes religiosos. Alzad la voz
contra esta guerra. El sufrimiento de los inocentes no nos abandonará.
Su sangre y sus lágrimas llorarán desde la tumba. Por favor, alzad la
voz. La paz es posible, la paz es el único camino posible”.