Mosul, IRAQ (Agencia Fides, 15/11/2016) – El inicio de las operaciones militares para
liberar a Mosul de los yihadistas del Estado Islámico (Daesh) está
causando un rápido aumento del número de refugiados que huyen de la
segunda ciudad más grande de Iraq. Hay quienes suponen que la ola de
refugiados que huyen de Mosul podría alcanzar la cifra de un millón de
personas, mientras que las organizaciones caritativas católicas que
trabajan en Iraq lanzan la “alarma invierno”.
En el norte de Iraq, las temperaturas invernales caen por debajo de
cero, y ya el año pasado, muchos niños murieron de hipotermia en las
tiendas de los campamentos de refugiados. “La llegada del invierno puede
hacer que lo emergencia migrantes sea imposible de gestionar” refiere
Hani El Mahdi, responsable en Iraq del Catholic Relief Services (CRS).
El descenso del precio del petróleo – refieren fuentes locales – ha
causado indirectamente, la reducción de los recursos dedicados a las
emergencias humanitarias por parte del gobierno de la región autónoma
del Kurdistán iraquí. Cualquier aumento repentino del flujo de
refugiados de Mosul haría imposible en la actualidad el poder asegurar a
todos la hospitalidad precaria en tiendas de campaña. Además pondría a
prueba - refieren los voluntarios – a las estructuras de asistencia y de
acogida que participan en un esfuerzo para responder a las emergencias
causadas por la guerra.
Según los datos proporcionados por la Organización de las Naciones
Unidas, unos 34.000 hombres, mujeres y niños han huido de sus hogares
desde que comenzó la ofensiva en Mosul, el pasado 17 de octubre. Desde
2014, la violencia en Iraq ha provocado la devastación y el
desplazamiento masivo de más de 3 millones de iraquíes. Más del 80 por
ciento de los desplazados viven fuera de campamentos organizados,
huéspedes de familiares y amigos o refugiados en alojamientos precarios y
provisionales.