Phnom Penh, CAMBOYA (Agencia Fides, 27/02/2021) - La Iglesia camboyana acaba de perder a uno de sus apóstoles más apreciados y queridos: el obispo y misionero francés Yves Ramousse, vicario apostólico de Phnom Penh de 1962 a 1976 y luego, en un segundo período, de 1992 a 2001, quién falleció este 26 de febrero, en Francia, a la edad de 93 años, víctima del Covid-19. Miembro de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París (MEP), pasó a la historia por la acción pastoral y misionera en Camboya en la segunda mitad del siglo XX y también en la fase posterior a la temporada de la “nueva Kampuchea democrática”, la época de los Jemeres rojos. A partir de 1975, cuando tomaron el poder, se prohibieron todas las expresiones religiosas, además se expulsaron a todos los extranjeros, incluidos sacerdotes y religiosos católicos, y se inició una ola de violencia y represión en la que cerca de dos millones de camboyanos murieron como consecuencia de ejecuciones, hambre o enfermedad.
En ese momento, era precisamente el obispo francés Yves Ramousse quién
dirigía la Iglesia de Camboya, cuyo trabajo “permitió a la Iglesia de
Camboya vivir y resucitar de sus cenizas en la década de 1990. Si hoy
los camboyanos son felices y libres para seguir a Cristo, en gran parte
se lo debemos a Ramousse”, recuerda a la Agencia Fides Olivier
Schmitthaeusler, también religiosa del MEP, hoy Vicario Apostólico de
Phnom Penh.
Ramousse, ante su inminente exilio, llamó al sacerdote Joseph Chhmar
Salas a su tierra natal, ordenándolo obispo y nombrándolo coadjutor del
Vicariato Apostólico de Phnom Penh. De este modo, Salas pudo asumir la
guía pastoral y espiritual del pueblo, pero murió de inanición en 1977 y
hoy es uno de los mártires de la era de los Jemeres rojos, para los
cuales la Iglesia camboyana ha iniciado el proceso de reconocimiento
oficial del martirio.
Yves Ramousse se unió a las Misiones Extranjeras de París a una edad
temprana, fue ordenado sacerdote en 1953 y en 1957 partió hacia Camboya.
Nombrado Vicario Apostólico de Phnom Penh a la edad de 35 años,
participó en el Concilio Vaticano II y en 1968 fundó la Conferencia
Episcopal de Laos y Camboya (CELAC), ayudando a aplicar las enseñanzas
del Concilio a la realidad camboyana, como la celebración de los
sacramentos en el idioma local y la traducción de la Biblia al idioma
jemer. El exilio sufrido de la que era su segunda patria, lo definió
como “una negación de la vocación misionera”.
Con el fin de la guerra civil y la aprobación de la nueva Constitución
(1993), Ramousse regresó a Camboya encontrándose con una Iglesia
destruida: edificios arrasados, bautizados desaparecidos, sacerdotes y
religiosos camboyanos desaparecidos. Nombrado nuevamente Vicario
Apostólico en 1992, se dedicó al trabajo de reconstrucción espiritual,
pastoral y social. En 1994, tras negociaciones con el gobierno real de
Camboya, obtuvo el establecimiento de relaciones diplomáticas con la
Santa Sede. En 1997, se regocijó por la aprobación oficial de los
estatutos de la Iglesia católica como comunidad religiosa en sí misma y
no como ONG. La Iglesia camboyana actual (los bautizados son unas 25 mil
almas de 15 millones de habitantes), recuerda la sencilla y apasionada
aportación espiritual, pastoral y misionera de su pastor.