Roma, ITALIA (Agencia Fides, 14/10/2017) – Entre los beatos que serán canonizados el 15 de
octubre por el Papa Francisco, también hay dos sacerdotes portugueses y
un grupo de laicos que fueron martirizados en 1645 en el estado
brasileño de Rio Grande do Norte, medio siglo después del comienzo de la
evangelización de esas tierras. Dos comunidades, la de Cunhau, dirigida
por el padre André de Soveral y la de Natal, cuyo párroco fue el padre
Ambrosio Francisco Ferro, fueron masacradas junto con sus pastores a
distancia de pocos meses. Su memoria siempre ha estado viva en la
comunidad local, ya que les ven como un ejemplo luminosos de fidelidad a
la Iglesia y de compromiso misionero.
El arzobispo de Natal, Mons. Jaime Vieira Rocha, ha declarado: “Estos
mártires, para nuestra Iglesia y Brasil, son un mensaje perenne de la
convicción con la que vivir la fe y, especialmente, en un mundo tan
hostil, donde la secularización afecta a todas las instancias de la
sociedad y, sobre todo, a la vida humana, es un momento en que volvemos a
los valores más elevados, es un mensaje muy elocuente de valores
superiores, valores eternos, la sangre derramada por el nombre de
Cristo, por la Iglesia y por la gloria de Dios, es una gran bendición
para todos nosotros”.
Los misioneros jesuitas y los sacerdotes diocesanos portugueses habían
comenzado la evangelización de los indios y el establecimiento de las
primeras comunidades católicas en el estado brasileño de Rio Grande do
Norte en 1597. Las guerras de religión que conmocionaban Europa y los
países colonizados durante ese período alcanzaron esos territorios
haciendo desembarcar franceses y holandeses, de fe calvinista, que
crearon fuertes conflictos y implantaron la restricción de la libertad
de culto para los católicos además de impulsar su persecución.
En el año 1645, se produjeron dos masacres de católicos. El 16 de julio,
en la Iglesia de Nuestra Señora de la Purificación y de las Candelas de
Cunhau, alrededor de setenta fieles, casi todos campesinos, se
reunieron para la misa dominical celebrada por su pastor, el padre André
de Soveral, que había estado dedicado a la evangelización de los indios
desde 1606 en Rio Grande do Norte. Inmediatamente después de la
consagración, un grupo armado de soldados holandeses e indios de las
tribus Tapuias y Potiguari irrumpió en la iglesia, cerró las puertas y
masacró a los fieles indefensos, excepto cinco portugueses que fueron
tomados como rehenes. Además del pastor, el único nombre conocido es el
del laico Domingo Carvalho.
El 3 de octubre del mismo año, los miembros de la comunidad de Natal
también sufrieron el martirio. Aunque se escondieron para escapar de la
persecución, fueron capturados por soldados holandeses junto con su
párroco, el padre Ambrosio Francisco Ferro, y reunidos en un lugar
aislado cerca de Uruacu, donde unos doscientos indios los atacaron y los
dejaron morir entre atroces tormentos, abandonando sus cuerpos a la
intemperie y a los animales. Se han verificado los nombres de 28
mártires, hombres y mujeres, entre ellos varios jóvenes y niños.
San Juan Pablo II, en la beatificación de estos mártires, en San Pedro
el 5 de marzo del 2000, en concomitancia con los quinientos años de
evangelización de Brasil, dijo en su homilía: “En aquel inmenso país, no
fueron pocas las dificultades para la implantación del Evangelio. La
presencia de la Iglesia se fue consolidando lentamente mediante la
acción misionera de varias órdenes y congregaciones religiosas y de
sacerdotes del clero diocesano. Los mártires de hoy … pertenecen a esa
generación de mártires que regó el suelo patrio, fecundándolo para la
generación de los nuevos cristianos. Son las primicias del trabajo
misionero, los protomártires de Brasil”.