CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 11 de octubre de 2017).- Mensaje del Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo
Humano Integral S.E. el Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, con motivo
del XXX Día Mundial de la Vista que se celebra mañana, 12 de octubre.
Mensaje del Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson
La celebración del Día Mundial de la Vista XXX promovido por la
Organización Mundial de la Salud, la Agencia Internacional para la
Prevención de la Ceguera y la Unión Mundial de Ciegos, que tiene lugar
el 12 de octubre de 2017, me brinda la ocasión de dirigir un saludo
fraterno y cordial a todos aquellos que en el mundo están comprometidos
en la lucha contra la ceguera.
Se estima que las enfermedades oculares son actualmente responsables de
39 millones de invidentes y de 246 millones con hipovisión: esta
última cifra se duplica si se toman en consideración las personas cuya
hipovisión se debe a la falta de gafas. No podemos permanecer
indiferentes a los problemas de la vista: 4 casos de ceguera sobre 5
son previsibles o curables, el 90% de las personas con discapacidad
visual se concentra en los países más pobres del hemisferio sur, donde
uno de cada dos niños muere dentro del año en que se volvió invidente.[1]
Hoy en día, gracias a los avances de la medicina, la ceguera y la
hipovisión pueden considerarse como enfermedades infecciosas: con
tratamientos adecuados y puntuales, pasan a ser, en gran parte,
prevenibles o curables. El origen de la acción - dice Bonhoeffer - no es
el pensamiento, sino la disponibilidad a la responsabilidad. Este es el
significado más profundo del Día Mundial de la Vista: los temas
"Universal Eye Health” y "Make visión count" quieren despertar la
conciencia de la opinión pública, subrayar la necesidad de cuidados
oftalmólogos de calidad para todos, hacer que se entienda la
importancia de la vista.
Sí, ver bien es a menudo la premisa para vivir. La vida de las personas
ciegas o con hipovisión, especialmente si está unida a condiciones de
pobreza, puede desembocar en a la marginación y poner en peligro la
vida misma. Hace falta intervenir sobre los factores que más afectan a
las causas de la ceguera y entre los cuales se encuentran la falta de
profesionales capacitados, la dificultad para acceder a una atención
adecuada, así como el cambio climático, que interfiriendo negativamente
en el ecosistema del planeta, daña la salud, especialmente la de los
pueblos más pobres de la tierra.
La Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, se ha puesto siempre, con
amorosa atención, al servicio de los enfermos y de los invidentes,
creando estructuras terapéuticas y, más recientemente, colaborando en
las iniciativas promovidas por instituciones públicas y privadas,
nacionales e internacionales.
La Asamblea Mundial de la Salud, en su resolución 66.4 en 2013, lanzó
el Global Action Plan 2014-19 "Universal Eye Health” pidiendo a las
naciones del mundo que todas las personas tuvieran acceso a los
servicios necesarios de promoción, prevención, tratamiento y
rehabilitación en el campo de la salud ocular, sin tener que sufrir
por ello de un empobrecimiento insostenible.
En plena conformidad con la invitación evangélica y con las exigencias
del Global Action Plan, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo
Humano Integral ha organizado en el Vaticano en el mes de noviembre
2017 una conferencia internacional sobre el tema: "Hacer frente a las
disparidades mundiales en materia de salud" . El trabajo relativo al
cuidado de la vista se refleja plenamente en esta reflexión sobre la
distribución equitativa de los recursos sanitarios. Además de dar
dignidad a la persona, devolver la vista a una persona con hipovisión o a
una ciega es una de las intervenciones más eficaces, en cuanto a la
relación entre costes y beneficios, en los gastos sanitarios. Aunque
hay avances importantes en el tratamiento de las enfermedades
infecciosas que causan ceguera (tracoma, oncocercosis, lepra, etc.),
el aumento de la edad media de la población mundial está dando lugar, al
mismo tiempo, a un aumento de la incidencia de las enfermedades
oculares degenerativas asociadas a la edad (cataratas, glaucoma,
maculopatía, etc.). Es necesario proclamar el "derecho a la vista" como
derecho universal, vinculándolo a un "deber ético" preciso y concreto:
crear las condiciones previas para que esto suceda. La participación de
los gobiernos de los países pobres y la formación del personal local
debe ir de la mano con la creación de estructuras sanitarias
descentralizadas y el intercambio de protocolos de asistencia basados
en las mejores prácticas internacionales.
Para esta tarea , la Iglesia pide la ayuda y la participación de la red
de hospitales católicos del mundo y la experiencia de las más
importantes organizaciones no gubernamentales que se ocupan de la
ceguera.
Por lo tanto, el desafío está abierto: sabemos que los resultados
alentadores obtenidos hasta ahora se enfrentan con las nuevas
emergencias sanitarias relacionadas con la pobreza, la migración y el
envejecimiento. Todos estamos llamados a asumir una nueva
responsabilidad: luchar contra la ceguera evitable, confiando en la
ayuda y la ternura de nuestro Dios.
"Guárdame como la pupila de los ojos, escóndeme a la sombra de tus alas" (Sal 17, 8).
Ciudad del Vaticano,
12 de octubre de 2017
Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson
Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral
[1] Veáse Organización Mundial de la Salud, Global Data on Visual Impairment 2010