Kami, BOLIVIA (Agencia Fides, 09/10/2017) – “Partí para la Misión Kami en las Montañas de
Bolivia el 2 de enero de 1985 para ayudar y ofrecer mi apoyo en esta
remota y complicada zona debido a la altitud (4.000 metros sobre el
nivel del mar)”, explica a la Agencia Fides el padre Serafino Chiesa,
SDB, Salesiano de Don Bosco. “No estaba preparado para marcharme como
misionero, pero acepté la propuesta de mis superiores de abrir una
pequeña ventana al mundo, una misión entre los pobres. En mi vida
siempre me he orientado hacia la ayuda a los jóvenes en riesgo, he
invertido mucho en los jóvenes, y ahora, en Kami, estoy cosechando los
frutos porque hemos dado pasos gigantescos en el ámbito de la educación y
la solidaridad, y los mismos jóvenes están involucrados en la mejora de
su futuro. A veces las dificultades que hay que superar para alcanzar
los objetivos son muchos, pero esto no detiene nuestro trabajo”,
continúa el misionero.
La Misión Salesiana de Kami abarca una superficie muy grande, de unos
910 km2, en el departamento de Cochabamba, Bolivia. En Kami, y en los
cientos de comunidades campesinas que lo rodean, viven unas 20.000
personas que pertenecen a las etnias Quechua, descendientes de los
antiguos Incas, y Aymara, de origen pre-incas. La población se divide en
dos grupos distintos: los mineros y los campesinos. Los primeros se
trasladaron a Kami desde el campo para trabajar en la extracción de
tungsteno y estaño. Los campesinos que viven en comunidades pequeñas,
pobres y aisladas, extendidas por un vasto territorio, cultivan papas,
cebada, avena y legumbres, con sistemas primitivos y crían ovejas y
llamas. A diferencia de los mineros, que ahora han absorbido aspectos de
la cultura occidental, los campesinos están más estrechamente
vinculados a las tradiciones andinas y aún conservan una fuerte
identidad cultural.
En esta difícil realidad, en 1977, llegó un pequeño grupo de misioneros
salesianos que, junto con la población local, en el transcurso de 40
años, con la ayuda de muchos voluntarios, iniciaron y consolidaron
varios proyectos. El objetivo de los proyectos no es sólo mejorar las
condiciones de vida de la población local, sino sobre todo permitirles
continuar su propio desarrollo de manera autónoma.
“Desde el principio nos hemos centrado en la salud y la educación -
continúa el padre Serafino -, dos dimensiones fundamentales para el
desarrollo y, habiendo conseguido organizar mejor la atención sanitaria
con la ayuda de una ONG italiana llamada COOPI, hemos fortalecido las
escuelas de la zona, de modo que el alto porcentaje de abandono escolar
ha disminuido y por lo tanto la lucha contra el analfabetismo nos ha
dado una población más preparada para seguir avanzando hacia un futuro
algo menos oscuro. A día de hoy, el tema educativo ha dado un gran
avance porque hemos preparado laboratorios y personal para la educación
técnica para responder a la necesidad de preparar técnicos capaces de
actuar con mayor profesionalidad”.
“Para avanzar en el tema del desarrollo sostenible desde hace casi 18
años estamos trabajando en un proyecto hidroeléctrico que con la venta
de la corriente generada por las turbinas hidroeléctricas puede
financiar las múltiples actividades de desarrollo de la misión. Hasta la
fecha, con la ayuda de muchos voluntarios italianos, la mayoría
jubilados, hemos podido poner en funcionamiento 2 megawatt y estamos
trabajando en un nuevo salto hidroeléctrico, que nos llevaría a generar
otros 4 megawatt que serían nuestra esperanza de autonomía y también la
recuperación de la dignidad , ya que los trabajadores están orgullosos
de sacar adelante estos trabajos de construcción y gestión”.