Santa Cruz, BOLIVIA (Agencia Fides, 08/01/2020) – “Los cristianos estamos ante el gran reto
de devolver el derecho de ciudadanía a Jesucristo, el Hijo de Dios hecho
hombre para el bien de toda la humanidad, porque su presencia tiene una
importancia trascendental en la construcción de un mundo más humano y
fraterno. Es una tarea urgente y necesaria también en nuestro país, ante
un vacío patente de los valores humanos de la convivencia humana y
pacífica, y ante el desconocimiento del valor de la vida humana, que se
manifiesta en tantos casos de trata y tráfico de personas, feminicidios e
infanticidios”. Así lo ha subrayado el Arzobispo de Santa Cruz, Mons.
Sergio Gualberti, durante la misa celebrada en la Basílica de San
Lorenzo, el primer domingo del nuevo año.
El Prelado ha citado en la homilia, recibida en la Agencia Fides, “el
horrendo crimen” de un padre que ha quitado la vida a sus cuatro niños,
dejando gravemente herida a su esposa. “Este problema es de toda la
sociedad, por eso nadie puede quedar indiferente – ha exhoratado -. Nos
toca a todos actuar con urgencia y extremar esfuerzos para prevenir
estos delitos y formar las consciencias de las personas al respeto
sagrado de toda vida humana”.
Mons. Gualberti luego ha remarcado que en esta tarea “la educación está
llamada a ejercer un rol fundamental”, ocupandose prioritariamente de la
formación de los jóvenes y los niños a los auténticos valores humanos y
virtudes cristianas. “En las escuelas y colegios hay que proponer con
claridad la Buena Noticia de Jesucristo, el Hijo de Dios que se ha hecho
hombre, para que nosotros vivamos como verdaderos hijos de Dios, como
hermanos que se respetan y que se aman”.
Comentando la litúrgia de la Palabra del domingo, Mons. Gualberti ha
invitado a profundizar en el misterio de la encarnación en nuestra vida:
“Ser hijos de Dios es un tesoro que debemos valorar y por el que
debemos sentirnos inmensamente agradecidos. Gratitud que nos compromete a
una vida de fe profunda y a una esperanza viva que nos muevan a actuar,
en todo lugar y momento, conforme a la dignidad de hijos de Dios”.
Luego ha invitado a reconocer con sinceridad que “a menudo también
nosotros preferimos las tinieblas, o la mundanización. Nos dejamos
llevar por un mundo indiferente a lo sobrenatural y que prescinde de
Dios y fabricado según sus gustos y caprichos, el mundo de los ídolos de
la soberbia, el orgullo, la autosuficiencia, el placer, el poder y la
fama. La mundanización es rechazar a Dios y a la luz para optar por las
tinieblas, cerrando las puertas a Dios como la cerraron a Jesús en
Belén: ‘no había lugar para ellos en la posada’.”