Cochabamba, BOLIVIA (Agencia Fides, 08/01/2016) – Cada dos tardes, un equipo de profesionales
de la Casa San José, salen a las calles de Quillacollo en busca de los
niños que viven abandonados. Quillacollo es un municipio de la zona
urbana de la ciudad de Cochabamba, Bolivia, que ha crecido de una forma
desordenada. Con una gran cantidad de inmigración de la región Andina,
el municipio está lleno de gente que va y viene a su famoso mercado.
Entre estas personas afanosas hay niños que realizan trabajos de
adultos, pero que son casi invisibles. Algunos limpian el calzado,
otros ayudan a las personas a subir a los autobuses o mendigan,
limpiando los parabrisas de los coches en los semáforos, a cambio de
algunas monedas.
Se estima que sólo en Cochabamba viven 1.800 niños en las calles. Se
marchan de sus casas debido a situaciones insostenibles de violencia
doméstica y de abuso sexual o por abandono de los padres que trabajan y
los dejan solos todo el día, o incluso por el fuerte atractivo de lo que
consideran una vida fácil. La mayoría de los casos dependen de la
extrema pobreza, el desarraigo causado por la migración a las grandes
ciudades y la falta de un sistema de protección social que identifique
los casos más vulnerables y proponga medidas para mejorar su situación.
La Casa San José se ocupa de la reintegración familiar, buscando a los
familiares de los niños y llegando a soluciones en común entre los
padres, los niños y el equipo de psicólogos y educadores. Cuando esto no
es posible, el equipo recurre a la familia alargada: tíos, abuelos,
hermanos mayores, un núcleo cercano al niño que lo pueda proteger y
ofrecer seguridad física y psicológica, para darle la posibilidad de
crecer y progresar.