1° DE OCTUBRE DE 2017
A su llegada al aeropuerto, cerca del hipódromo de Cesena, el Papa fue recibido por S.E. Mons. Douglas Regattieri, Obispo de Cesena-Sarsina, por Fulvio Rocco de Marinis, Prefecto de Forlì-Cesena, por Davide Drei, Presidente de la Provincia di Forlì-Cesena, y por Paolo Lucchi, Alcalde de Cesena.
Inmediatamente después el Santo Padre se ha desplazado a la Piazza del Popolo, donde a las 8.10 ha tuvo lugar su encuentro con la ciudadanía. Al final tuvo lugar el intercambio de regalos con el Alcalde.
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ENCUENTRO CON LA CIUDADANÍA DE CESENA
DISCURSO DEL SANTO PADRE
Piazza del Popolo (Cesena)
Domingo 1° de octubre de 2017
Domingo 1° de octubre de 2017
Me alegra comenzar mi visita a Cesena encontrando a la ciudadanía, en este lugar tan significativo para la vida civil y social de vuestra ciudad. Una ciudad rica en historia y civilización, que entre sus hijos ilustres también ha sido cuna de dos papas: Pío VI, del que recordamos el tercer centenario del nacimiento, y Pío VII.
Desde hace siglos, esta plaza es el lugar de encuentro de los ciudadanos y el ámbito donde se desarrolla el mercado. Por lo tanto, merece su nombre: Piazza del Popolo, (Plaza del Pueblo) o simplemente "la Plaza", porque es del pueblo, un espacio público donde se toman decisiones importantes para la ciudad en su Ayuntamiento y se toman iniciativas económicas y sociales. La plaza Es un lugar emblemático donde las aspiraciones de los individuos se confrontan con las necesidades, expectativas y sueños de toda la ciudadanía; donde los grupos particulares se dan cuenta de que sus deseos deben armonizarse con los de la colectividad. Yo diría, permitidme la imagen, que en esta plaza se “amasa” el bien común de todos, aquí se trabaja por el bien común de todos. Esta armonización de deseos propios con los de la comunidad hace el bien común. En esta plaza se aprende que sin perseguir con constancia, esfuerzo e inteligencia el bien común, tampoco el individuo podrá gozar de sus derechos y realizar sus nobles aspiraciones, porque faltaría el espacio ordenado y civil para vivir y trabajar.
La centralidad de la plaza, por lo tanto, envía el mensaje de que es esencial trabajar todos juntos por el bien común. Esta es la base de la buena gobernanza de la ciudad, que la hace bella, sana y acogedora, cruce de caminos de iniciativas y motor de un desarrollo sostenible e integral.
Esta plaza, como todas las otras plazas de Italia, recuerda la necesidad para la vida de la comunidad de la buena política; no de la que es sierva de las ambiciones individuales o de la prepotencia de grupos o centros de interés. Una política que no sea ni sierva ni patrona, sino amiga y colaboradora; no temerosa o imprudente, sino responsable y por lo tanto valiente y prudente al mismo tiempo; que aumente la participación de las personas, su inclusión y participación progresiva; que no deje al margen a determinadas categorías, que no saquee ni contamine los recursos naturales; -no son un pozo sin fondo, sino un tesoro que Dios nos da- , para que lo usemos con respeto e inteligencia. Una política que pueda armonizar las aspiraciones legítimas de individuos y grupos manteniendo el timón firme en el interés de toda la ciudadanía.
Este es el rostro auténtico de la política y su razón de ser: un servicio invalorable al bien de toda la comunidad. Y por eso la doctrina social de la Iglesia la considera como una noble forma de caridad. Por lo tanto, invito a los jóvenes y a los menos jóvenes a que se preparen de manera adecuada y a esforzarse personalmente en este campo, asumiendo desde el principio la perspectiva del bien común y rechazando cualquier forma, por muy mínima que sea, de corrupción. La corrupción es la polilla de la vocación política. La corrupción no deja que crezca la civilización. Y el buen político lleva su propia cruz cuando quiere ser bueno porque debe dejar tantas veces sus ideas personas para tomar las iniciativas de los demás y armonizarlas, acomunarlas, para que efectivamente sea el bien común el que salga adelante. En este sentido el buen político acaba siempre por ser un “mártir” al servicio, porque deja sus ideas pero no las abandona, las pone en discusión con todos para ir hacia el bien común, y esto es muy hermoso.
Desde esta plaza os invito a considerar la nobleza de la acción política en nombre y favor del pueblo, que se reconoce en una historia y en los valores compartidos y pide tranquilidad de vida y desarrollo ordenado. Os invito a exigir de los protagonistas de la vida pública coherencia de compromiso, preparación, rectitud moral, iniciativa, longanimidad, paciencia y fortaleza para afrontar los desafíos de hoy, sin pretender, sin embargo, una perfección imposible. Y cuando el político se equivoca, que tenga la grandeza de ánimo para decir: “Me he equivocado, perdonad, sigamos adelante”. ¡Y esto es noble! Los acontecimientos humanos e históricos y la complejidad de los problemas no permiten que se resuelva todo y de inmediato. La varita mágica no funciona en la política. Un realismo saludable sabe que incluso la mejor clase dirigente no puede resolver todos los problemas en un instante. Para darse cuenta, es suficiente tratar de actuar personalmente en lugar de mirar y criticar el trabajo de los demás desde el balcón. Esto es un defecto, cuando las críticas no son constructivas. Si el político se equivoca, díselo, hay tantas formas de decírselo : “Pero creo que esto sería mejor así o así”. A través de la prensa, de la radio.. Pero decirlo constructivamente. Y no mirar desde el balcón esperando a que fracase. No, así no se construye la civilización.
Encontraremos así la fuerza para asumir nuestras responsabilidades, entendiendo al mismo tiempo que, incluso con la ayuda de Dios y la colaboración de los hombres, en cualquier caso, cometeremos errores. Todos nos equivocamos. “Perdonad, me he equivocado. Reanudo el camino justo y sigo adelante”
Queridos hermanos y hermanas, esta ciudad, como toda la Romagna, ha sido tradicionalmente tierra de encendidas pasiones políticas. Quiero deciros a vosotros y a todos: redescubrid también hoy el valor de esta dimensión esencial de la convivencia civil y dad vuestra contribución, dispuestos a que prevalezca el bien del todo antes que el de una parte; listos para reconocer que cada idea necesita ser verificada y remodelada confrontándola con la realidad; dispuestos a reconocer que es crucial poner en marcha iniciativas generando amplias colaboraciones en lugar de concentrarse en la ocupación de puestos . Sed exigentes con vosotros mismos y con los demás, sabiendo que el esfuerzo concienzudo precedido por la preparación adecuada dará su fruto y aumentará el bien e incluso la felicidad de las personas.
Escuchad todos, todos tienen derecho a que se escuche su voz, pero escuchad sobre todo a los jóvenes y a los ancianos. A los jóvenes porque tienen fuerzas para sacar adelante las cosas; y a los ancianos porque tienen la sabiduría de la vida y tienen la autoridad para decir a los jóvenes- también a los políticos jóvenes- : “Mira, chico, chica, en esto te equivocas, toma ese otro camino, piénsalo”. Esta relación entre jóvenes y ancianos es un tesoro que debemos restablecer. ¿Hoy es la hora de los jóvenes? Sí, a mitad: es también la hora de los ancianos. Hoy es la hora en política del diálogo entre los jóvenes y los ancianos. Por favor, seguid por este camino.
En los últimos años, la política parece retroceder frente a la agresión y la omnipresencia de otras formas de poder, como la financiera y la mediática. Es necesario relanzar los derechos de la buena política, su independencia, su capacidad específica de servir al bien público, de actuar de tal manera que disminuya las desigualdades, promueva el bienestar de las familias con medidas concretas, de proporcionar un marco sólido de derechos y deberes –equilibrar unos y otros- y de hacerlos eficaces para todos. El pueblo, que se reconoce en un ethos y en su propia cultura, espera de la buena política la defensa y el desarrollo armónico de este patrimonio y de su mejor potencial. Oremos al Señor para que suscite buenos políticos que realmente se preocupen por la sociedad, el pueblo y el bien de los pobres. A Él, Dios de justicia y paz, encomiendo la vida civil y social de vuestra ciudad. Gracias.
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Después de su encuentro con los ciudadanos, el Papa se trasladó en
papamóvil a la Catedral, donde a las 9:00 am tuvo lugar el encuentro con
el clero, los consagrados, los laicos de los consejos pastorales, los
miembros de la curia y los representantes de las parroquias.
En el camino, antes de llegar a la Catedral, el Santo Padre hizo una breve parada, sin bajar del coche ante el Palazzo del Ridotto, donde el Alcalde de Cesena, Paolo Lucchi, descubrió una placa que inaugura el “Largo Pío VI".
Al llegar a Piazza San Giovanni, frente a la Catedral, había niños y jóvenes que lo esperaban.
El Papa se dirigió, antes del encuentro, a la Capilla de la Madonna del Popolo para adorar al Santísimo Sacramento y la imagen de Nuestra Señora. Había algunos enfermos a quienes el Santo Padre saludó. A continuación S. E. Mons. Douglas Regattieri, obispo de Cesena-Sarsina, dirigió al Papa unas palabras de saludo.
Antes de salir de la Catedral, el Santo Padre se dirigió a la Sacristía para encontrar brevemente a los huéspedes de la Casa de Acogida y a los organizadores de la visita. Finalmente llegó al helipuerto y, después de despedirse de las autoridades que lo habían recibido a su llegada, se desplazó a Bolonia.
Sigue el discurso pronunciado por el Santo Padre durante el encuentro y las palabras de saludo que dirigió a los fieles fuera de la Catedral:
En el camino, antes de llegar a la Catedral, el Santo Padre hizo una breve parada, sin bajar del coche ante el Palazzo del Ridotto, donde el Alcalde de Cesena, Paolo Lucchi, descubrió una placa que inaugura el “Largo Pío VI".
Al llegar a Piazza San Giovanni, frente a la Catedral, había niños y jóvenes que lo esperaban.
El Papa se dirigió, antes del encuentro, a la Capilla de la Madonna del Popolo para adorar al Santísimo Sacramento y la imagen de Nuestra Señora. Había algunos enfermos a quienes el Santo Padre saludó. A continuación S. E. Mons. Douglas Regattieri, obispo de Cesena-Sarsina, dirigió al Papa unas palabras de saludo.
Antes de salir de la Catedral, el Santo Padre se dirigió a la Sacristía para encontrar brevemente a los huéspedes de la Casa de Acogida y a los organizadores de la visita. Finalmente llegó al helipuerto y, después de despedirse de las autoridades que lo habían recibido a su llegada, se desplazó a Bolonia.
Sigue el discurso pronunciado por el Santo Padre durante el encuentro y las palabras de saludo que dirigió a los fieles fuera de la Catedral:
ENCUENTRO CON EL CLERO, LOS CONSAGRADOS, LOS LAICOS DE LOS CONSEJOS PASTORALES, MIEMBROS DE LA CURIA Y LOS REPRESENTANTES DE LAS PARROQUIAS
DISCURSO DEL SANTO PADRE
Duomo de Cesena
Domingo 1° de octubre de 2017
Domingo 1° de octubre de 2017
¡Queridos hermanos y hermanas!
Os doy las gracias por vuestra acogida y os saludo cordialmente, comenzando por vuestro obispo Mons. Douglas Regattieri. Mi presencia hoy entre vosotros expresa en primer lugar cercanía a vuestro compromiso con la evangelización. Esta es la misión principal de los discípulos de Cristo: anunciar y testimoniar el Evangelio con alegría.
La evangelización es más eficaz cuando se lleva a cabo con unidad de propósito y con la colaboración sincera entre las diferentes realidades eclesiales y pastorales entre los diferentes sujetos pastorales, que encuentran en el obispo un punto seguro de referencia y de cohesión. Corresponsabilidad es una palabra clave, tanto para avanzar en el trabajo común en los campos de la catequesis, la educación católica, la promoción humana y la caridad; como en la búsqueda valiente, ante los desafíos pastorales y sociales, de nuevas formas de cooperación y presencia eclesial en el territorio. Ya es un testimonio eficaz de la fe el hecho mismo de ver a una Iglesia que se esfuerza por caminar en la fraternidad y la unidad. Si no hay esto, lo demás no sirve.
Os doy las gracias por vuestra acogida y os saludo cordialmente, comenzando por vuestro obispo Mons. Douglas Regattieri. Mi presencia hoy entre vosotros expresa en primer lugar cercanía a vuestro compromiso con la evangelización. Esta es la misión principal de los discípulos de Cristo: anunciar y testimoniar el Evangelio con alegría.
La evangelización es más eficaz cuando se lleva a cabo con unidad de propósito y con la colaboración sincera entre las diferentes realidades eclesiales y pastorales entre los diferentes sujetos pastorales, que encuentran en el obispo un punto seguro de referencia y de cohesión. Corresponsabilidad es una palabra clave, tanto para avanzar en el trabajo común en los campos de la catequesis, la educación católica, la promoción humana y la caridad; como en la búsqueda valiente, ante los desafíos pastorales y sociales, de nuevas formas de cooperación y presencia eclesial en el territorio. Ya es un testimonio eficaz de la fe el hecho mismo de ver a una Iglesia que se esfuerza por caminar en la fraternidad y la unidad. Si no hay esto, lo demás no sirve.
Cuando el amor en Cristo se coloca por encima de todo, incluso de las
necesidades particulares y legítimas, entonces se es capaz de salir de
sí mismo, de descentralizarse tanto en el ámbito personal como en el
de grupo y siempre en Cristo, de salir al encuentro de los hermanos.
Las llagas de Jesús siguen siendo visibles en tantos hombres y mujeres que viven al margen de la sociedad, incluidos los niños: marcados por el sufrimiento, la incomodidad, el abandono y la pobreza. Personas heridas por las duras pruebas de la vida, que están humilladas, que están en la cárcel o en el hospital. Acercándoos y curando con ternura estas llagas, a menudo no sólo corporales, sino también espirituales, también nosotros nos purificamos y transformamos por la misericordia de Dios. Y juntos, pastores y fieles laicos, experimentamos la gracia de ser portadores humildes y generosos de la luz y la fuerza del Evangelio . Me gusta recordar, a propósito del primer deber del diaconado con los pobres, el ejemplo de San Vicente de Paul, que comenzó hace más de 400 años en Francia una verdadera "revolución" de la caridad. A nosotros también se nos pide que nos adentremos hoy con ardor apostólico en el mar abierto de las pobrezas de nuestro tiempo, conscientes, sin embargo, de que solos no podemos hacer nada. "Si el Señor no edifica la casa, en vano, fatigan los constructores". (Sal 127: 1).
Por lo tanto, es necesario reservar un espacio adecuado para la oración y la meditación de la Palabra de Dios: la oración es la fuerza de nuestra misión - como, también nos ha mostrado más recientemente, Santa Teresa de Calcuta-. El constante encuentro con el Señor en la oración es indispensable tanto para los sacerdotes y las personas consagradas, como para los agentes de pastoral, llamados a salir de su "huertecita" para ir a las periferias existenciales. Mientras el impulso apostólico nos lleva salir- pero siempre salir con Jesús - sentimos la profunda necesidad de permanecer firmemente unidos en el centro de la fe y la misión: el corazón de Cristo, lleno de misericordia y amor. En el encuentro con El, nos contagia de su mirada, la que se compadecía de las personas que se encontraba en los caminos de Galilea. Se trata de recuperar la capacidad de "mirar" ¡la capacidad de mirar! Hoy se pueden ver muchas caras a través de los medios de comunicación, pero existe el riesgo de mirar cada vez menos a los ojos de los demás. Si miramos con respeto y amor a las personas que encontramos también nosotros podemos hacer la revolución de la ternura. Y os invito a hacerla, a hacer esta revolución de la ternura.
Las llagas de Jesús siguen siendo visibles en tantos hombres y mujeres que viven al margen de la sociedad, incluidos los niños: marcados por el sufrimiento, la incomodidad, el abandono y la pobreza. Personas heridas por las duras pruebas de la vida, que están humilladas, que están en la cárcel o en el hospital. Acercándoos y curando con ternura estas llagas, a menudo no sólo corporales, sino también espirituales, también nosotros nos purificamos y transformamos por la misericordia de Dios. Y juntos, pastores y fieles laicos, experimentamos la gracia de ser portadores humildes y generosos de la luz y la fuerza del Evangelio . Me gusta recordar, a propósito del primer deber del diaconado con los pobres, el ejemplo de San Vicente de Paul, que comenzó hace más de 400 años en Francia una verdadera "revolución" de la caridad. A nosotros también se nos pide que nos adentremos hoy con ardor apostólico en el mar abierto de las pobrezas de nuestro tiempo, conscientes, sin embargo, de que solos no podemos hacer nada. "Si el Señor no edifica la casa, en vano, fatigan los constructores". (Sal 127: 1).
Por lo tanto, es necesario reservar un espacio adecuado para la oración y la meditación de la Palabra de Dios: la oración es la fuerza de nuestra misión - como, también nos ha mostrado más recientemente, Santa Teresa de Calcuta-. El constante encuentro con el Señor en la oración es indispensable tanto para los sacerdotes y las personas consagradas, como para los agentes de pastoral, llamados a salir de su "huertecita" para ir a las periferias existenciales. Mientras el impulso apostólico nos lleva salir- pero siempre salir con Jesús - sentimos la profunda necesidad de permanecer firmemente unidos en el centro de la fe y la misión: el corazón de Cristo, lleno de misericordia y amor. En el encuentro con El, nos contagia de su mirada, la que se compadecía de las personas que se encontraba en los caminos de Galilea. Se trata de recuperar la capacidad de "mirar" ¡la capacidad de mirar! Hoy se pueden ver muchas caras a través de los medios de comunicación, pero existe el riesgo de mirar cada vez menos a los ojos de los demás. Si miramos con respeto y amor a las personas que encontramos también nosotros podemos hacer la revolución de la ternura. Y os invito a hacerla, a hacer esta revolución de la ternura.
Entre los que más necesitan experimentar este amor de Jesús, están
los jóvenes. Gracias a Dios, los jóvenes son una parte viva de la
Iglesia - la próxima Asamblea del Sínodo de los Obispos los involucra
directamente - y pueden comunicar a sus compañeros su testimonio:
jóvenes apóstoles de los jóvenes, como escribió el beato Pablo VI en su
exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (véase el número 72).
La Iglesia cuenta mucho con ellos y es consciente de sus grandes
recursos, de su actitud hacia lo bueno, lo bello, a la libertad
auténtica y a la justicia. Necesitan que se les ayude a descubrir los
dones que el Señor les ha dado, animados a no temer ante los grandes
desafíos del momento presente. Por eso animo a encontrarlos, a
escucharlos, a caminar con ellos para que puedan encontrar a Cristo y su
mensaje liberador de amor. En el Evangelio, y en el testimonio
coherente de la Iglesia los jóvenes pueden encontrar la perspectiva de
vida que les ayude a superar los condicionamientos de una cultura
subjetivista que exalta el yo hasta idolatrarlo - esas personas,
deberían llamarse "yo, mí, conmigo, para mí y siempre yo "- y los abra a
metas y proyectos de solidaridad. Y para impulsar a los jóvenes, hoy es
necesario restablecer el diálogo entre los jóvenes y los ancianos, los
jóvenes y los abuelos. Se entiende que los ancianos se jubilen pero su
vocación no se jubila, y tienen que darnos a todos, especialmente a los
jóvenes, la sabiduría de la vida. Debemos aprender cómo hacer que los
jóvenes hablen con los ancianos, que vayan a ellos. El profeta Joel
tiene una buena frase en el capítulo III versículo 1: "Los viejos
soñarán y los jóvenes profetizarán". Y esta es la receta revolucionaria
de hoy. Que los viejos no se pongan en esa actitud que dice: "Pero, son
cosas pasadas, todo tiene herrumbre ..." ¡no, ¡sueña! Sueña! Y el sueño
del anciano hará que el joven siga adelante y se entusiasme, que sea un
profeta. Pero precisamente el joven es el que hará que el viejo sueñe y
luego hará suyos esos sueños. Os recomiendo que, en vuestras
comunidades, en vuestras parroquias, en vuestros grupos, os aseguréis de
que haya este diálogo. Este diálogo hará milagros.
Una Iglesia atenta a los jóvenes es una Iglesia familia de familias.
Os animo en vuestro trabajo con las familias y por las familias, que os
ocupa en este año pastoral sobre la reflexión en la educación a la
afectividad y al amor. Y vuelvo al argumento de los viejo, porque me
importa. A un joven que no ha aprendido, que no sabe acariciar a un
anciano, le falta algo. Y a un anciano que no tiene paciencia para
escuchar al joven, le falta algo. Ambos deben ayudarse a seguir adelante
juntos. Educación a la afectividad y al amor. Es un trabajo que el
Señor nos pide que hagamos sobre todo en este tiempo, que es un tiempo
difícil tanto para la familia como institución y célula base de la
sociedad, como para las familias concretas, que soportan la mayor parte
de la carga de la crisis socioeconómica sin recibir, a cambio, el apoyo
adecuado. Pero justo cuando la situación es difícil, Dios hace sentir
su cercanía, su gracia, la fuerza profética de su Palabra. Y estamos
llamados a ser testigos, mediadores de esta cercanía a las familias y de
esta fuerza profética para la familia. Y aquí también quiero decir
algo más. Cuando confieso a una mujer o un hombre joven y me dice que
está cansado, que también pierde la paciencia con los niños, porque
tiene mucho que hacer, yo, la primera pregunta que hago es: "¿Cuántos
hijos tienes?", Y dicen: dos, tres ... Y luego hago otra pregunta:
"¿Juegas con tus hijos?" Y muchas veces me dicen, sobre todo los
padres: "Padre, cuando salgo de casa, todavía duermen, y cuando vuelvo
ya están acostados." Esta situación socioeconómica impide la buena
relación de los padres con sus hijos. Tenemos que trabajar para que esto
no suceda, para que los padres pueden perder el tiempo jugando con sus
hijos. ¡Esto es importante!
Queridos sacerdotes ... Vosotros no tenéis hijos ... sí, hay uno
allí, griego-católico, que los tiene; pero vosotros no los tenéis, y se
dice que cuando Dios no da hijos, ¡el diablo da sobrinos! Queridos
sacerdotes, a vosotros, de manera especial, está confiado el ministerio
del encuentro con Cristo; y esto presupone vuestro encuentro cotidiano
con Él, vuestro ser en Él. Os deseo que sigáis redescubriendo, en las
diversas etapas de vuestro viaje personal y ministerial, la alegría de
ser curas. ¡No perdáis esa alegría! ¡No la perdáis!. Tal vez os ayude
leer los cuatro números finales de la Evangelii nuntiandi del
beato Pablo VI: Habla de esto. La alegría No perdáis la alegría.
Muchas veces la gente encuentra sacerdotes tristes, todos enfurruñados ,
con la cara avinagrada y a veces se me ocurre pensar : ¿Pero que tenía
su desayuno? ¿Café con leche o vinagre? No. ¡Alegría, alegría! Y si
encuentras al Señor, estarás alegre. La alegría de ser sacerdotes, de
haber sido llamados por el Señor a seguirlo para llevar su palabra, su
perdón, su amor, su gracia. La alegría de terminar el día cansado: ¡ es
hermoso! Y no necesitar pastillas para dormir. Estás cansado, vas a la
cama y duermes solo. Es una llamada que nunca deja de sorprendernos, la
llamada del Señor. Cada día se renueva en la celebración eucarística y
en el encuentro con el pueblo de Dios al que somos enviados. Que el
Señor os ayude a trabajar con alegría en su viña como obreros
acogedores, pacientes y sobre todo misericordiosos. Como lo fue Jesús. Y
que podáis contagiar a las personas y a la comunidad del espíritu
misionero.
Queridos hermanos y hermanas de la diócesis de Cesena-Sarsina, no os
desaniméis frente a las dificultades. Sed tenacees en dar testimonio del
Evangelio, caminando juntos: sacerdotes, consagrados, diáconos y fieles
laicos. A veces habrá malentendidos, pero cuando hay malentendidos,
hablad o hablad con el párroco para que os ayude. Pero, nada de
habladurías. Las habladurías destruyen una comunidad: una comunidad
religiosa, una comunidad parroquial, una comunidad diocesana, una
comunidad presbiteral. Las habladurías son un acto "terrorista". Sí,
chismorrear es terrorismo, porque tú vas, lanzas el chisme - que es una
bomba - destruyes al otro y te vas tan contento. Chismorrear es esto.
Pensadlo. ¿Qué dice Jesús? "Si tienes algo contra tu hermano, ve y
díselo a la cara" (Mt 18:15). Sed valientes. Y si no tenéis valor de
decirlo, mordeos la lengua. Y estará bien. En vuestro camino, sentíos
siempre acompañados y sostenidos por la promesa del Señor, es decir, la
fuerza del Espíritu Santo. Os agradezco sinceramente este encuentro y
confío a cada uno de vosotros y a vuestras comunidades, proyectos y
esperanzas a la Virgen, a la que se llama con un nombre muy bonito:
"Madona del pueblo" - ¡no populista! -, es la madre del pueblo, es
buena. Os bendigo de corazón y os pido que recéos por mí. Ahora os
doy la bendición.
Saludo enfrente de la Catedral
Os deseo un buen domingo. Saludo al coro: canta muy bien; lo mismo
que el coro dentro de la Catedral. Saludo a los dos. Muchas gracias.
Y aquí están los jóvenes: ¡Que levanten las manos, los niños y los
jóvenes! ¿Qué tienen que hacer los jóvenes? ¿Habéis escuchado lo que
dije [en el discurso de la catedral? ] ¿Qué tienen que hacer? ...
¿Hablar con? ... [Responden: "Hablar con los ancianos"] Hablar con los
ancianos. Escuchar, hablar con los ancianos. Así os volveréis revolucionarios.
¡Adiós! ¡Gracias, y el Señor os bendiga!
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Poco después, a las 10:40, el Papa llegaba al Hub Regional para encontrarse con los migrantes y con el personal que los atiende. Esperaban al Santo Padre los 1,000 migrantes alojados en el Centro, que el Papa saludó uno por uno, recorriendo a pie la explanada hasta llegar al podio predispuesto para el encuentro.

VISITA AL HUB REGIONAL DE VIA ENRICO MATTEI:
ENCUENTRO CON LOS MIGRANTES HOSPEDADOS Y CON EL PERSONAL QUE LES DA SERVICIO DE ASISTENCIA
ENCUENTRO CON LOS MIGRANTES HOSPEDADOS Y CON EL PERSONAL QUE LES DA SERVICIO DE ASISTENCIA
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Bolonia
Domingo 1° de octubre de 2017
Domingo 1° de octubre de 2017
Os saludo cordialmente y os aseguro mi cercanía. Quería que fuera precisamente aquí mi primer encuentro con Bolonia. Este es el "puerto" del desembarco de aquellos que vienen de más lejos y con sacrificios que a veces ni siquiera podéis contar.
Muchos no os conocen y tienen miedo. Esto hace que se sientan con el derecho de juzgar y de hacerlo con dureza y frialdad, creyendo también que ven bien. Pero ese no es el caso. Se ve bien sólo con la cercanía que da la misericordia. Sin ella, el otro es un extraño, incluso un enemigo, y no puede llegar a ser mi prójimo. Desde lejos podemos decir y pensar cualquier cosa, como sucede fácilmente cuando se escriben frases terribles e insultos a través de Internet. Si miramos al prójimo sin misericordia, no nos damos cuenta de su sufrimiento, de sus problemas. Y si miramos al prójimo sin misericordia, corremos el peligro de que también Dios nos mire sin misericordia,Hoy veo solamente tantas ganas de amistad y ayuda. Me gustaría dar las gracias a las instituciones y a todos los voluntarios por la atención y el esfuerzo para atender a todos que están aquí alojados. En vosotros, como en todo extranjero que llama a nuestra puerta, veo a Jesucristo, que se identifica con el extranjero, de todas las edades y condiciones (Mt 25,35,43).
El fenómeno requiere visión y gran determinación en la gestión, inteligencia y estructuras, mecanismos claros que no permitan distorsiones o explotaciones, aún más inaceptables porque se hacen con los pobres. Creo realmente necesario que un mayor número de países adopte programas de apoyo privados y comunitarios de acogida y se abran pasillos humanitarios para los refugiados en las situaciones más difíciles, para evitar esperas insoportables y tiempos perdidos que pueden iludir. La integración comienza con el conocimiento. El contacto con el otro lleva a descubrir el "secreto" que todo el mundo lleva consigo y también el don que representa, a abrirse a él para aceptar sus aspectos válidos y por lo tanto aprender a amarlo, y a superar el miedo , ayudándolo a incorporarse a la nueva comunidad que lo acoge. Cada uno de vosotros tiene su propia historia, me decía la señora que me acompañaba. Y esta historia tiene algo sagrado, hay que respetarla, aceptarla, acogerla y ayudar a seguir adelante. Algunos de vosotros sois menores de edad: estos chicos y chicas tienen una necesidad particular de ternura y tienen derecho a la protección, que incluye programas de custodia temporal o acogida.
He venido entre vosotros porque quiero llevar en mis ojos los vuestros - yo he mirado vuestros ojos- y en mi corazón el vuestro. Quiero llevar conmigo vuestros rostros que piden ser recordados, ayudados, yo diría "adoptados", porque en el fondo buscáis a alguien que apueste por vosotros, que os dé confianza, que os ayude a encontrar ese futuro cuya esperanza os ha hecho llegar hasta aquí.
¿Sabéis que sois vosotros? Vosotros sois "luchadores de la esperanza". Alguno no ha llegado porque se lo tragó el desierto o el mar. Los hombres no los recuerdan, pero Dios conoce sus nombres y los recibe a su lado. Quedémonos todos un momento en silencio, recordándolos y rezando por ellos (silencio). A vosotros, luchadores de la esperanza, deseo que la esperanza no se vuelva desilusión o, peor aún, desesperación, gracias a tantos que os ayudan a no perderla. En mi corazón quiero llevar vuestro miedo, vuestras dificultades, vuestros riesgos, vuestra incertidumbre tantas pancartas: "Ayudadnos a tener los papeles”...; las personas que amáis, que os importan y por las que os habéis lanzado a buscar un futuro. Llevaos en los ojos y en el corazón nos ayudará a trabajar más por una ciudad acogedora y capaz de crear oportunidades para todos. Por eso os exhorto a estar abiertos a la cultura de esta ciudad, dispuestos a caminar por el camino indicado por las leyes de este país.
La Iglesia es una madre que no distingue y ama a cada hombre como hijo de Dios, como su imagen. Bolonia es, desde siempre, una ciudad conocida por su hospitalidad. Este dato se ha renovado con tantas experiencias de solidaridad, hospitalidad en parroquias y realidades religiosas, pero también en muchas familias y contextos sociales. Algunos han encontrado un nuevo hermano al que ayudar o un niño al que crecer. Y algunos han encontrado nuevos padres que quieren un futuro mejor con él. ¡Cómo me gustaría que estas experiencias, posibles para todos, se multiplicaran! La ciudad no tenga miedo de donar los cinco panes y los dos peces: la Providencia intervendrá y todos estarán saciados.
Bolonia fue la primera ciudad en Europa, hace 760 años, que liberó a los siervos de la esclavitud. Eran exactamente 5.855. Tantos. Sin embargo, Bolonia no tuvo miedo. Fueron redimidos por el ayuntamiento, es decir por la ciudad. Tal vez lo hicieron también por razones económicas, porque la libertad ayuda y conviene a todos. No tuvieron miedo de dar la bienvenida a aquellos que entonces eran considerados "no personas" y de reconocerlos como seres humanos. ¡Escribieron en un libro los nombres de cada uno de ellos! Cómo quisiera que vuestros nombres fueran escritos y recordados para encontrar, como entonces, un futuro común.
Os doy las gracias y os bendigo de todo corazón. Y por favor rezad por mí.
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ENCUENTRO CON EL MUNDO DEL TRABAJO, LAS PERSONAS SIN TRABAJO, LOS REPRESENTANTES DE LA UNINDUSTRIA,
SINDACATOS, CONFEDERACIÓN DE COOPERATIVAS Y LEGACOOP, EN PIAZZA MAGGIORE
SINDACATOS, CONFEDERACIÓN DE COOPERATIVAS Y LEGACOOP, EN PIAZZA MAGGIORE
DISCURSO DEL SANTO PADRE
Piazza Maggiore (Bologna)
Domingo 1° de octubre de 2017
Saludo a todos vosotros que pertenecéis al mundo del trabajo, en la variedad de sus expresiones. Desafortunadamente, entre ellas está también la negativa, es decir, la situación difícil, a veces angustiosa, de la falta de trabajo. ¡Gracias por vuestra bienvenida!
Representáis a varios interlocutores sociales, a menudo en contraste, a veces áspera entre sí, pero que han aprendido que solamente juntos se puede superar la crisis y construir el futuro. Sólo el diálogo, según las competencias mutuas, permite encontrar respuestas eficaces e innovadoras para todos, incluida la calidad del trabajo, en particular el welfare indispensable. Eso es lo que algunos llaman el "sistema Emilia". Tratad de llevarlo adelante. Hay una necesidad de soluciones estables y capaces de ayudar a mirar hacia el futuro para responder a las necesidades de las personas y de las familias.
En vuestro territorio se ha desarrollado desde hace mucho tiempo una experiencia cooperativa, que nace del valor fundamental de la solidaridad. Hoy todavía tiene mucho que ofrecer, incluso para ayudar a tantos que atraviesan por dificultades problemas y necesitan ese 'ascensor social' que algunos dicen que ya no funciona. No dobleguemos nunca la solidaridad al beneficio económico, también porque así se la quitamos –podría decir, se la robamos - a los más débiles que la necesitan tanto. Buscar una sociedad más justa no es un sueño del pasado, sino un esfuerzo, una tarea que hoy tiene necesidad de todos.
La situación de desempleo de los jóvenes y la de muchos que han perdido sus puestos de trabajo y son incapaces de reintegrarse son realidades a las que no nos podemos acostumbrar, tratándolos como si fueran sólo estadísticas. Y esta es la tentación.
La acogida y la lucha contra la pobreza pasan, en gran parte, a través del trabajo. No se ayuda realmente a los pobres sin que puedan encontrar trabajo y dignidad. Este es el reto apasionante, como en los años de la reconstrucción después de la guerra, que tanta pobreza había dejado. El reciente "Pacto por el Empleo", que ha visto a todos los interlocutores sociales, y también a la Iglesia, firmar un compromiso conjunto para ayudarse en la búsqueda de respuestas estables, no de limosnas, es un método importante que espero dará frutos.
La crisis económica tiene una dimensión europea y mundial; y, como sabemos, también es una crisis ética, espiritual y humana. En la raíz hay una traición del bien común tanto por los individuos como por los grupos de poder. Por lo tanto, es necesario eliminar la centralidad de la ley del beneficio y asignarla a la persona y al bien común. Pero para que esa centralidad sea real, efectiva y no sólo proclamada con palabras, es necesario aumentar las oportunidades de trabajo decente. Esta es una tarea que pertenece a toda la sociedad: en esta fase, en particular, todo el cuerpo social, en sus diversos componentes, está llamado a hacer todos los esfuerzos posibles para que el trabajo, que es el factor principal de la dignidad, sea una preocupación central.
Estamos frente a San Petronio, recordado como Pater et Protector y siempre representado con la ciudad en sus manos. Desde aquí vemos físicamente tres aspectos constitutivos de vuestra ciudad: la Iglesia, el Ayuntamiento y la Universidad. Cuando dialogan y colaboran entre sí, se fortalece el precioso humanismo que expresan y la ciudad - por así decirlo - "respira", tiene un horizonte, y no tiene miedo a enfrentarse a los retos que se plantean. Os animo a valorizar este humanismo del que sois depositarios cuales para buscar soluciones sabias y de amplias miras a los complejos problemas de nuestro tiempo, viéndolos efectivamente como problemas, pero también como oportunidades de crecimiento y mejora. Y lo que digo vale para Italia en su conjunto y para toda Europa.
Queridos amigos, estoy particularmente cerca de vosotros, y pongo todas vuestras ansiedades y preocupaciones en manos del Señor y de Nuestra Señora de San Lucas. A ella, tan venerada por todos los boloñeses, nos dirigimos ahora en la oración del ángelus.
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ÁNGELUS
Piazza Maggiore (Bolonia)
Domingo 1° de octubre de 2017
Ayer en Bratislava (Eslovaquia), fue beatificado Titus Zeman, sacerdote salesiano. Se une al gran cortejo de mártires del siglo XX porque murió en 1969 después de haber estado mucho tiempo en la cárcel por causa de su fe y su servicio pastoral.
Que su testimonio nos sostenga en los momentos más difíciles de la vida y nos ayude a reconocer, también en las pruebas, la presencia del Señor.
Este domingo culmina la semana dedicada de forma particular a la Palabra de Dios, con motivo de la festividad, ayer de San Jerónimo, gran maestro de la Sagrada Escritura. Demos gracias a Dios por el don de su Palabra y comprometámonos a leer y meditar la Biblia, especialmente el Evangelio.
En fin, nos unimos espiritualmente a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para la tradicional Súplica a la Virgen del Rosario, presidida por el Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Bassetti.
A todos vosotros, boloñeses, nativos y “adoptivos”, deseo un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.
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Después de rezar el Ángelus, el Santo Padre entró en la Basílica de
San Petronio, donde lo esperaban 1,000 pobres, entre ellos ancianos,
refugiados, personas sin domicilio fijo, detenidos y ex dependientes de
substancias tóxicas para compartir juntos el almuerzo de solidaridad.

ALMUERZO DE SOLIDARIDAD CON LOS POBRES, LOS REFUGIADOS, LOS DETENIDOS
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Basílica de San Petronio (Bolonia)
Domingo 1° de octubre de 2017
Domingo 1° de octubre de 2017
¡Qué alegría ver a tantos de vosotros en esta casa! Es como la casa de Nuestra Madre, la casa de la misericordia, la Iglesia que acoge a todos, especialmente a aquellos que necesitan un sitio.
Sois el centro de esta casa. La Iglesia os quiere en el centro. No prepara un lugar especial o diferente: en el centro y juntos. La Iglesia es de todos, particularmente de los pobres. Todos somos invitados, solamente por gracia. Es un misterio de amor gratuito de Dios que nos quiere suyos, aquí, no por mérito, sino por su amor.
En esta casa normalmente se celebra el misterio de la Eucaristía, la mesa en la que se depositan el pan y el vino que se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, partido y derramado por la multitud de los hombres que él ama. ¡Qué extraña es la matemática de Dios!: Se multiplica solamente si se divide!. Pongamos siempre una mesa de amor para quien la necesite.
La caridad nunca es en sentido único, siempre es circular y todos dan y reciben algo. Todos recibimos y todos sabemos y podemos dar mucho. Jesús no descarta a nadie, no desprecia.
Tiene sed y nos pide que le demos de beber porque camina con nosotros y sufre con nosotros. ¡Y nosotros precisamente tenemos esta jarra, quizás algo usada, que le puede dar agua, que es nuestro corazón!. Nuestra vida es siempre preciosa y todos tenemos algo que dar a los otros.
Al final, os será dado el alimento más precioso, el Evangelio, la Palabra de Dios que todos llevamos en el corazón, que para nosotros cristianos tiene el rostro bueno de Jesús. ¡Es para vosotros! Se dirige precisamente aquellos que tienen necesidad. Tomadlo todos y llevadlo como signo, sello personal de amistad con Dios que se hace peregrino y sin sitio para prepararlo para todos.
Todos somos viandantes, mendigos de amor y de esperanza, y necesitamos a ese Dios que se hace cercano a nosotros y se revela en la fracción del pan.
Este pan de amor que hoy compartimos, llevadlo vosotros también a los demás.
Regalad a los otros simpatía y amistad. Es el compromiso que todos podemos tener. Hay una gran necesidad. Tenéis una sensibilidad particular para captar la dimensión humana, porque vosotros sabéis lo que es la fragilidad, la necesidad de tender las manos, de dejarse ayudar dejando de lado el orgullo.
El “Padre nuestro” que rezaremos al final es verdaderamente la oración de los pobres. La petición de pan, en efecto, expresa la confianza en Dios para las necesidades primarias de nuestra vida. Lo que nos ha enseñado Jesús con esta oración expresa y recoge la voz de los que que sufren por la precariedad de la existencia y la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a rezar, Él respondió con las palabras de los pobres que se dirigen al único Padre en el cuál todos se reconocen como hermanos. El “Padre nuestro” es una oración que se conjuga en plural: el pan que se pide es “nuestro”, y esto implica compartir, participación y responsabilidad común. En esta oración, todos reconocemos la exigencia de superar cualquier clase de egoísmo para acceder a la alegría de la acogida recíproca.
Hoy podemos compartir nuestro pan cotidiano. Y todos queremos dar gracias a Dios.
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ENCUENTRO CON LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS, SEMINARISTAS DEL SEMINARIO REGIONAL Y DIÁCONOS PERMANENTES
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Catedral de San Pietro (Bolonia)
Domingo 1° de octubre de 2017
Domingo 1° de octubre de 2017
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ENCUENTRO CON LOS ESTUDIANTES Y EL MUNDO ACADÉMICO
DISCURSO DEL SANTO PADRE
Plaza San Domenico (Bolonia)
Domingo 1° de octubre de 2017
Domingo 1° de octubre de 2017
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Después del encuentro con los estudiantes en la Basílica de Santo
Domingo, a las 17:00 horas, en el estadio Renato Dall’Ara” el Santo Padre
presidió la concelebración eucarística para los fieles de la
archidiócesis de Bolonia.
En el palco se colocó el cuadro de la Virgen de San Lucas, procedente del santuario boloñés del mismo nombre.
Al final de la celebración el Arzobispo de Bolonia, S.E. Mons. Matteo
Maria Zuppi, dirigió al Papa algunas palabras de agradecimiento.
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CELEBRACIÓN DE LA SANTA MISA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE
Domingo 1° de octubre de 2017
Celebro con vosotros el primer domingo de la Palabra: la Palabra de
Dios hace que arda el corazón (cf. Lc 24,32), porque hace que nos
sintamos amados y consolados por el Señor. También la Virgen de San
Lucas, el evangelista, puede ayudarnos a entender la ternura materna de
la palabra "viva", y al mismo tiempo "cortante" como en el Evangelio de
hoy: de hecho, penetra en el alma (Efesios 4:12) y lleva a la luz los
secretos y las contradicciones del corazón.
Hoy, nos llama a través de la parábola de los dos hijos, que cuando
su padre les pide que vayan a la viña responden: El primero no, pero
luego va; el segundo sí, pero luego no va. Hay, sin embargo, una gran
diferencia entre el primer hijo, que es perezoso, y el segundo, que es
hipócrita. Intentemos imaginar lo que pasó dentro de ellos. En el
corazón del primero, después de decir no, resonaba aún la invitación de
su padre; en cambio en el segundo, a pesar del “sí”, la voz de su padre
estaba enterrada. El recuerdo del padre despertó al primer hijo de la
pereza, mientras que el segundo, que en cambio sabía donde estaba el
bien, contradijo "el decir con el hacer". Se había vuelto impermeable a la voz de Dios
y de la conciencia y de esta forma había abrazado sin problemas la
doblez de vida.
Jesús con esta
parábola pone dos caminos ante
nosotros, que -como bien sabemos- no siempre estamos dispuestos a decir
sí con las palabras y las obras, porque somos pecadores. Pero podemos
elegir entre ser pecadores en camino, que siguen escuchando al Señor y
cuando caen se arrepienten y se levantan, como el primer hijo; o ser
pecadores sentados, listos para justificarse siempre y sólo con
palabras según lo que les conviene.
Jesús dirige esta parábola a algunos jefes religiosos de aquel
tiempo, que se parecían al hijo de la “doble vida”, mientras que la
gente común normalmente se comportaba como el otro hijo. Estos jefes
sabían y explicaban todo, de manera formalmente perfecta, como
verdaderos intelectuales de la religión. Pero no tenían la humildad de
escuchar, el coraje de interrogarse, ni la fuerza de arrepentirse. Y
Jesús es muy severo: dice que incluso los publicanos les precederán en
el Reino de Dios. Es un reproche fuerte, porque los publicanos eran
traidores corruptos de la patria. ¿Cuál era entonces el problema de
estos jefes? No estaban equivocados en el concepto, sino en el modo de
vivir y pensar delante de Dios: eran, en palabras y con los otros,
custodios inflexibles de las tradiciones humanas, incapaces de
comprender que la vida según Dios es en camino y requiere la humildad de
abrirse, arrepentirse y recomenzar.
¿Qué nos dice esto a nosotros? Que no hay una vida cristiana
construida a priori, construida científicamente en la cual basta con
cumplir algunas normas para tranquilizar la conciencia: la vida
cristiana es un camino humilde de una conciencia que nunca es rígida y
siempre está en relación con Dios, que sabe arrepentirse y confiarse a
Él en sus pobrezas, sin presumir nunca de bastarse por sí misma. Así se
superan las versiones revisadas y actualizadas de aquel mal antiguo,
denunciado por Jesús en la parábola: la hipocresía, la doble vida, el
clericalismo que se acompaña del legalismo, el alejamiento de la gente.
La palabra clave es arrepentirse: el arrepentimiento es lo que permite
no endurecerse, el transformar un no a Dios...en un sí, y el sí al
pecado...en un no por amor al Señor. La voluntad del Padre, que cada día
delicadamente habla a nuestra conciencia, se cumple sólo en la forma
del arrepentimiento y de la conversión continua. En definitiva, en el
camino de cada uno hay dos sendas: ser pecadores arrepentidos o ser pecadores hipócritas.
Pero lo que cuenta no son los razonamientos que justifican e intentan
salvar las apariencias, sino un corazón que avanza con el Señor, que
lucha cada día, se arrepiente y regresa a Él. Porque el Señor busca a
los puros de corazón y no a los "puros por fuera".
Veamos ahora, queridos hermanos y hermanas, que la Palabra de Dios
excava en profundidad, “discierne los sentimientos y los pensamientos
del corazón” (Eb 4, 12). Pero es también actual: la parábola nos llama
incluso a pensar en las relaciones, no siempre fáciles, entre padres e
hijos. Hoy, a la velocidad con la que se pasa de una generación a la
otra, se advierte con mayor fuerza que en el pasado la necesidad de
autonomía, a veces hasta llegar a la rebelión. Pero después de los
cierres y los largos silencios de una parte o de la otra, es bueno
recuperar el encuentro, aunque esté habitado todavía por conflictos
que pueden convertirse en estímulos de un nuevo equilibrio. Como
en la familia, así en la Iglesia y en la sociedad: no renunciar nunca
al encuentro, al diálogo, a la búsqueda de nuevas vías para caminar
juntos.
En el camino de la Iglesia surge a menudo la pregunta: ¿Dónde ir,
cómo ir hacia adelante? Quisiera dejaros como conclusión de esta
jornada, tres puntos de referencia , tres “P”: La primera es la Palabra,
que es la brújula para caminar humildes. para no perder el camino de
Dios y caer en la mundanidad. La segunda es el Pan, el pan eucarístico,
porque en la Eucaristía comienza todo. Es en la Eucaristía donde se
encuentra la Iglesia: no en las habladurías y murmullos, sino aquí, en
el Cuerpo de Cristo compartido por gente pecadora y con necesidad, pero
que se siente amada y por tanto desea amar. Desde aquí partimos y nos
reencontramos cada vez; este es el inicio irrenunciable del nuestro ser
Iglesia. Lo proclama “ad alta voce”, el Congreso Eucarístico: la
Iglesia se reúne así, nace y vive en torno a la Eucaristía, con Jesús
presente y vivo para adorarlo, recibirlo y compartirlo cada día. Por
último, la tercera P: los pobres. Todavía hoy, lamentablemente,
muchas personas carecen de lo necesario. Pero también hay tantos pobres
de afecto, personas solas, y pobres de Dios. En todos ellos encontramos a
Jesús, porque Jesús en el mundo ha seguido el camino de la pobreza, de
la anulación, como dice San Pablo en la segunda lectura: “Jesús se abaja
a sí mismo asumiendo una condición de siervo”(Fil 2,7). De la
Eucaristía a los pobres, vamos a encontrar a Jesús. Habéis reproducido
la frase que el cardenal Lercaro amaba ver grabada en el altar: “Si
compartimos el pan del cielo, ¿cómo no compartir el pan de la tierra?”.
Nos hará bien recordarlo siempre. La Palabra, el Pan y los pobres: pidamos la gracia de no olvidarnos nunca de estos alimentos básicos, que sostienen nuestro camino.
Terminada la santa misa, el Papa se desplazó en automóvil al
helipuerto del Centro deportivo “Corticelli” para regresar al Vaticano.
El helicóptero con a bordo el Santo Padre aterrizó a las 20:10 horas.

