CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 3 de marzo de 2018).- Decreto de la Congregación para el CultoDivino y la Disciplina de los Sacramentos sobre la celebración de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia en el Calendario Romano General
Decreto sobre la celebración de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia
CONGREGATIO DE CULTO DIVINO ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM
DECRETO
sobre la celebración de la bienaventurada Virgen María,
Madre de la Iglesia,
en el Calendario Romano General
La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en
los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de
Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella
Mujer (cf. Gál 4,4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia.
Esto estaba ya de alguna manera presente en el sentir eclesial a
partir de las palabras premonitorias de san Agustín y de san León Magno.
El primero dice que María es madre de los miembros de Cristo, porque ha
cooperado con su caridad a la regeneración de los fieles en la Iglesia;
el otro, al decir que el nacimiento de la Cabeza es también el
nacimiento del Cuerpo, indica que María es, al mismo tiempo, madre de
Cristo, Hijo de Dios, y madre de los miembros de su cuerpo místico, es
decir, la Iglesia. Estas consideraciones derivan de la maternidad divina
de María y de su íntima unión a la obra del Redentor, culminada en la
hora de la cruz.
En efecto, la Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19,
25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los
hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar
a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que
Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu. A su vez, en el
discípulo amado, Cristo elige a todos los discípulos como herederos de
su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto
filial.
María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión
materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la
venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Con este sentimiento,
la piedad cristiana ha honrado a María, en el curso de los siglos, con
los títulos, de alguna manera equivalentes, de Madre de los discípulos,
de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y
también «Madre de la Iglesia», como aparece en textos de algunos autores
espirituales e incluso en el magisterio de Benedicto XIV y León XIII.
De todo esto resulta claro en qué se fundamentó el beato Pablo VI, el
21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del
Concilio Vaticano II, para declarar va la bienaventurada Virgen María
«Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto
de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa», y
estableció que «de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por
todo el pueblo cristiano con este gratísimo título».
Por lo tanto, la Sede Apostólica, especialmente después de haber
propuesto una misa votiva en honor de la bienaventurada María, Madre de
la Iglesia, con ocasión del Año Santo de la Redención (1975), incluida
posteriormente en el Misal Romano, concedió también la facultad de
añadir la invocación de este título en las Letanías Lauretanas (1980) y
publicó otros formularios en el compendio de las misas de la
bienaventurada Virgen María (1986); y concedió añadir esta celebración
en el calendario particular de algunas naciones, diócesis y familias
religiosas que lo pedían.
El Sumo Pontífice FRANCISCO, considerando atentamente que la
promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la
Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la
genuina piedad mariana, ha establecido que la memoria de la
bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, sea inscrita en el
Calendario Romano el lunes después de Pentecostés y sea celebrada cada
año.
Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida
cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda
de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del
Redentor y de los redimidos.
Por tanto, tal memoria deberá aparecer en todos los Calendarios y
Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y de la Liturgia de las
Horas: los respectivos textos litúrgicos se adjuntan a este decreto y
sus traducciones, aprobadas por las Conferencias Episcopales, serán
publicadas después de ser confirmadas por este Dicasterio.
Donde la celebración de la bienaventurada Virgen María, Madre de la
Iglesia, ya se celebra en un día diverso con un grado litúrgico más
elevado, según el derecho particular aprobado, puede seguir celebrándose
en el futuro del mismo modo.
Sin que obste nada en contrario.
En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos, a 11 de febrero de 2018, memoria de la bienaventurada
Virgen María de Lourdes.
Robert Card. Sarah
Prefecto
+ Arthur Roche
Arzobispo Secretario
Comentario al decreto del Prefecto de la Congregación para el CultoDivino y la Disciplina de los Sacramentos
La Memoria de María, “Madre de la Iglesia”
Por decisión del Papa FRANCISCO, la Congregación para el
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha ordenado la
inscripción de la memoria de la “Bienaventurada Virgen María Madre de la
Iglesia” en el Calendario Romano General, con decreto del día 11 de
febrero de 2018, ciento sesenta aniversario de la primera aparición de
la Virgen en Lourdes. Se adjuntan al decreto los respectivos textos
litúrgicos, en latín, para la Misa, el Oficio Divino y el Martirologio
Romano. Las Conferencias Episcopales tendrán que aprobar la traducción
de los textos necesarios y, después de ser confirmados, publicarlos en
los libros litúrgicos de su jurisdicción.
El motivo de la celebración es descrito brevemente en el
mismo decreto, que recuerda la madurada veneración litúrgica a María
tras una mejor comprensión de su presencia “en el misterio de Cristo y
de la Iglesia”, como ha explicado el capítulo VIII de la Lumen Gentium
del Concilio Vaticano II. De hecho, el beato Pablo VI, al promulgar
esta constitución conciliar el 21 de noviembre de 1964, quiso conceder
solemnemente a María el título de “Madre de la Iglesia”. El sentir del
pueblo cristiano, en los dos mil años de historia, había acogido, de
diverso modo, el vínculo filial que une estrechamente a los discípulos
de Cristo con su Santísima Madre. De tal vínculo da testimonio explícito
el evangelista Juan, cuando habla del testamento de Jesús muriendo en
la cruz (cf. Jn 19,26-27). Después de haber entregado su Madre a
los discípulos y éstos a la Madre, “sabiendo que ya estaba todo
cumplido”, al morir Jesús “entregó su espíritu” para la vida de la
Iglesia, su cuerpo místico: pues, “del costado de Cristo dormido en la
cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera” (Sacrosanctum Concilium, n. 5).
El agua y la sangre que brotaron del corazón de Cristo en
la cruz, signo de la totalidad de su ofrenda redentora, continúan
sacramentalmente dando vida a la Iglesia mediante el Bautismo y la
Eucaristía. María santísima tiene que realizar su misión materna en esta
admirable comunión, que se ha de potenciar siempre entre el Redentor y
los redimidos. Lo recuerda el texto evangélico de Jn 19,25-34 señalado en la misa de la nueva memoria, ya indicado –junto con las lecturas de Gén 3 y Hch
1- en la misa votiva “de sancta Maria Ecclesiae Matre” aprobaba por la
Congregación para el Culto Divino en 1973, para el Año Santo de la
Reconciliación de 1975 (cf. Notitiae 1973, pp. 382-383).
La conmemoración litúrgica de la maternidad eclesial de María existía ya en las misas votivas de la editio altera del Missale Romanum
de 1975.
Después, en el Pontificado de San Juan Pablo II existía la
posibilidad, concedida a las Conferencias Episcopales, de añadir el
título de “Madre de la Iglesia” a las Letanías lauretanas (cf. Notitiae
1980, p. 159); y, con ocasión del año mariano, la Congregación para el
Culto Divino publicó otros formularios de misas votivas con el título de
María Madre e imagen de la Iglesia en la Collectio missarum de Beata Maria Virgine.
Se había aprobado también, a lo largo de los años, la inserción de la
celebración de la “Madre de la Iglesia” en el Calendario propio de
algunos países, como Polonia y Argentina, el lunes después de
Pentecostés; y había sido inscrita en otras fechas tanto en lugares
peculiares, como la Basílica de san Pedro, -donde se hizo la
proclamación del título por parte de Pablo VI-, como también en los
Propios de algunas Órdenes y Congregaciones religiosas.
El Papa FRANCISCO, considerando la importancia del
misterio de la maternidad espiritual de María, que desde la espera del
Espíritu en Pentecostés (cf. Hch 1,14) no ha dejado jamás de
cuidar maternalmente de la Iglesia, peregrina en el tiempo, ha
establecido que, el lunes después de Pentecostés, la memoria de María
Madre de la Iglesia sea obligatoria para toda la Iglesia de Rito Romano.
Es evidente el nexo entre la vitalidad de la Iglesia de Pentecostés y
la solicitud materna de María hacia ella. En los textos de la Misa y del
Oficio, el texto de Hch 1,12-14 ilumina la celebración litúrgica, como también Gén
3,9-15.20, leído a la luz de la tipología de la nueva Eva, constituida
“Mater omnium viventium” junto a la cruz del Hijo, Redentor del mundo.
Esperamos que esta celebración, extendida a toda la
Iglesia, recuerde a todos los discípulos de Cristo que, si queremos
crecer y llenarnos del amor de Dios, es necesario fundamentar nuestra
vida en tres realidades: la Cruz, la Hostia y la Virgen –Crux, Hostia et Virgo.
Estos son los tres misterios que Dios ha dado al mundo para ordenar,
fecundar, santificar nuestra vida interior y para conducirnos hacia
Jesucristo. Son tres misterios para contemplar en silencio (R. Sarah, La fuerza del silencio, n. 57).
Robert Sarah
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos