Roma, ITALIA (Agencia Fides, 06/04/2020) - África ha mostrado una mayor reactividad a la
emergencia de Covid-19 que Europa y América. Los gobiernos locales han
tomado medidas rápidamente para contener la epidemia (desde el cierre de
las fronteras al lock down) sin esperar que el número de contagios
aumentase a cientos de casos. Es lo que emerge de la reunión web
celebrada el 4 de abril, organizada por la revista bimensual "África" y
por la revista mensual "África e Affari", en la que ha participado la
Agencia Fides.
Sin embargo, el coronavirus supone una grave emergencia sanitaria y
económica para los países africanos. Los frágiles sistemas de salud
locales que ya en muchos casos deben hacer frente a otras epidemias
(SIDA, malaria e incluso sarampión, como ocurrió recientemente en la
República Democrática del Congo), corren el riesgo de verse abrumados
por la propagación de la pandemia. Como recuerda Enrico Casale de la
revista “África”, citando al misionero de Montfort, Piergiorgio Gamba,
que trabaja en Malawi, los países africanos tienen que hacer frente a la
emergencia con pocas estructuras, mal distribuidas en todo el
territorio, con pocos médicos y enfermeras. Por ejemplo, en Malawi solo
hay 10 camas para cuarentena, 17 para cuidados intensivos y solo 2
laboratorios para análisis de tampones.
Las medidas de contención del Covid-19 también tienen un impacto muy
grave en la vida de millones de africanos que viven gracias a la
economía informal. En general, si las clases medias altas pueden
quedarse en casa porque todavía tienen garantías económicas, no sucede
lo mismo para las clases más pobres que se ven obligadas a abandonar la
casa todos los días para obtener lo poco que les asegure la
supervivencia para sí mismas y para sus familias. Por lo tanto, un
bloqueo completo como el adoptado por los países europeos es difícil de
aplicar en el contexto africano.
En Sudáfrica, por ejemplo, según informa el misionero escalabriniano, p.
Filippo Ferrara, los municipios donde vive la mayor parte de la
población negra son "como calderas de agua hirviendo; si no hay válvula
de escape, explotarán". No es casualidad que los municipios no estén
rodeados por la policía sino por el ejército con equipo de combate.
Solo en Nairobi, la capital de Kenia, "al menos 2 millones de personas
tienen que salir de casa todos los días para conseguir algo de comer",
dice el misionero comboniano p. Renato Kizito Sesana.
"En Kenia, la mayoría de la gente aún no tiene conciencia de la gravedad
del fenómeno", dice el p. Kizito. "Se han registrado muy pocas muertes,
pero hay un crecimiento continuo en el número de personas contagiadas.
El Covid-19 ha hecho emerger que existen dos economías en Kenia: una del
30% de la población que puede quedarse en casa porque tienen con que
vivir; y la del resto de la población que no puede quedarse en casa
porque moriría de hambre", subraya el misionero. De hecho, el gobierno
de Kenia no ha impuesto un bloqueo total por temor a episodios de
violencia graves.
“El Covid-19 al principio se había visto como una enfermedad de los
‘ricos’, de aquellos que viajan y tienen contactos con países
extranjeros por razones laborales”, comenta Cleophas Adrien Dioma, quien
describe la situación en su país, Burkina Faso, que registró el primer
paciente de Covid-19, fallecido en África subsahariana; se trata de la
ex Vicepresidenta del Parlamento, Rose Marie Compaoré. Sin embargo, el
virus ahora también ha infectado a personas de las clases más humildes,
obligando al gobierno a tomar medidas para contener y tranquilizar a la
población, como bloquear la subida de los alquileres y otros gastos para
los comerciantes durante tres meses.