Cartagena, COLOMBIA (Agencia Fides, 06/04/2020) - “Vivir una oración permanente era una de las
características de Johana, esto estaba profundamente arraigado en ella,
muchas veces también nos recordaba a nosotras más ancianas que
rezásemos más, y así lo hacíamos": con estas palabras la Hermana María
José Alamar, superiora de la Comunidad de las Franciscanas de la
Inmaculada Concepción recuerda a su hermana de comunidad, la hermana
Johana Rivera Ramos, de 33 años, la primera religiosa que murió en
Colombia por coronavirus el 27 de marzo.
El 14 de marzo, la hermana Maria Josè, junto con la hermana Johana y
otra religiosa, siguiendo las indicaciones de la cuarentena preventiva,
fueron aisladas en su hogar ubicado en el barrio de Santa Lucía de
Cartagena. El 15 de marzo, la hermana Johana mostró signos de
amigdalitis leve, luego complicada por neumonía, que se convirtió en
edema pulmonar, hasta la inesperada muerte que conmocionó a las
religiosas.
Como recuerda la hermana María José, en el testimonio emitido por la
Conferencia Episcopal de Colombia recibida en Fides, la hermana Johana
nació en San Martín de Loba, un municipio en el sur del departamento de
Bolívar, el 10 de enero de hace 33 años. Formaba parte de una familia
humilde y muy católica. Antes de ingresar a la vida religiosa había
estudiado derecho en la Universidad Popular de Cesar y teología en el
seminario provincial de San Carlos Borromeo. En 2010 se acercó a la
Comunidad de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción y en
2012 hizo sus primeros votos. Luego fue enviada a Perú, donde trabajó
con una comunidad de niños sordos en Cusco, luego fue a Lima. En 2019
había regresado a Cartagena. Desde entonces, se dedicaba, en el
municipio de Arjona, a la catequesis con niños y ancianos. Como recuerda
la hermana María José, estaba por comenzar un aula de apoyo pedagógico y
el fortalecimiento de los niños, ya tenía todo el equipo para
comenzar el proyecto. La religiosa también estaba muy vinculada a la
arquidiócesis de Cartagena, donde colaboraba con la pastoral juvenil y
familiar.
La Hermana María José recuerda que el 25 de marzo, la Hermana Johana
debería haber hecho su profesión perpetua, "desafortunadamente esto no
sucedió, pero estamos seguros de que desde el cielo hizo los votos
perpetuos ante el Señor". “Siempre será recordada – concluye -, como una
persona muy sonriente, una luchadora, que dio alma, vida y corazón. La
vamos a extrañar, pero también los niños, jóvenes y familias que veían
en ella un gran testimonio de la vida".