Dakar, SENEGAL (Agencia Fides, 10/04/2018) - “Hay que lamentar una nueva escalada de
violencia tras la tragedia que ocurrió en enero”, aseguró monseñor Pablo
Abel Mamba, obispo de Ziguinchor, capital de Casamance, región sur de
Senegal donde desde 1982 se padece una guerra de “baja intensidad” por
las aspiraciones secesionistas.
El drama al que monseñor Mamba se refiere, y del que habló también en su
homilía del Domingo de Pascua, es la muerte de 13 jóvenes leñadores que
tuvo lugar el 6 de enero cerca de la localidad de Boffa-Bayottes. La masacre fue atribuida a miembros de las fuerzas
secesionistas del Mouvement des Forces Démocratiques de Casamance
(MFDC), que negó tales acusaciones. Desde entonces, como denuncia
monseñor Mamba, la tensión en la región ha aumentado. El 29 de marzo, en
un robo en la carretera Ziguinchor-Oussouye cometido por hombres
armados, murió un hombre de 33 años de edad y resultaron heridas de
gravedad otras dos personas. Dos semanas antes, hombres armados habían
sembrado el terror en Kaguitte, en el condado de Ziguinchor, tomando
como rehén a una mujer.
“Tenemos la impresión de que estamos dando pasos atrás después de que se
habían dado pasos adelante en el camino de la paz”, explicó el obispo
en su homilía de Pascua. Monseñor Mamba pidió al gobierno y a los grupos
armados que dialoguen “porque la violencia nunca resuelve nada”. “Los
ejércitos más poderosos del mundo nunca han logrado imponer la paz por
la fuerza. Solo a través del diálogo, escuchándose unos a otros y
alcanzando compromisos comunes, se puede lograr la paz”, insistió
monseñor Mamba quien pidió a los fieles que intensifiquen su oración por
la paz en la región.
Desde 1982, el MFDC ha llevado a cabo una guerra de “baja intensidad”
que persigue la secesión de la región del resto del país. Después de
varios intentos de mediación y rupturas dentro del movimiento
secesionista, en 2017 las conversaciones de paz con la facción del MFDC
liderada por Salif Sadio parecían haber dado fruto. La Iglesia está
comprometida en promover la paz y la reconciliación de diferentes
formas. Por ejemplo, con la asociación “Génération non-violente” para la
formación de jóvenes para la paz y la no violencia. La esperanza es que
las nuevas generaciones no se alisten en los grupos de combate para que
el conflicto se extinga porque no ya no habría más jóvenes dispuestos a
luchar.