Lahore, PAKISTÁN (Agencia Fides, 04/03/2020n su contra eran de ser 'un
sucio cristiano' y 'haber contaminado' el agua de un pozo, al bañarse en
él. Este horrible acto de violencia es un sombrío recordatorio de que
la intolerancia en nombre de la religión en Pakistán ha crecido más allá
del estado de derecho". Lo afirma a la Agencia Fides Michelle Chaudhry,
mujer católica y presidenta de la “Cecil & Iris Chaudhry
Foundation” (CICF), una organización independiente que trabaja por la
justicia y se preocupa por promover las condiciones económicas, sociales
y culturales de los cristianos en Pakistán.
Michelle Chaudhry, expresando su profunda indignación por el horrible
episodio, declara: "En Pakistán, cuando se trata de minorías religiosas,
cualquiera es libre de actuar como fiscal, juez y ejecutor de una
sentencia. No podemos permitir que esto continúe: la impunidad de
quienes cometen violencia contra las minorías religiosas en Pakistán
debe terminar".
“Pedimos a los gobiernos, tanto a nivel federal como provincial, que
garanticen la seguridad y protección a todos los pakistaníes no
musulmanes, como está escrito en la Constitución del país. Incidentes
como estos generan una ola de inseguridad que deja a nuestras
comunidades extremadamente vulnerables. Es responsabilidad del estado
proteger a sus ciudadanos independientemente de su fe, condición social,
género", señala Chaudhry. La mujer dice que "para prevenir tales actos
de violencia en el futuro, es esencial llevar a cabo una investigación
imparcial y que los autores sean llevados ante la justicia".
Por otra parte, las condiciones de Azeem Masih, de 32 años de la aldea
de Sahiwal, uno de los cristianos golpeados en la cabeza por un grupo de
militantes musulmanes que querían evitar la construcción de una capilla
en la aldea, siguen siendo graves. El joven,
después de una cirugía cerebral especializada, en un hospital en Lahore,
no puede hablar y tendrá que recuperar lentamente sus funciones
cerebrales y corporales. El joven necesita tratamientos de fisioterapia y
terapia del habla que, según los médicos, deberían durar al menos un
año. Azeem está casado con Humaira (30 años) y los dos tienen un hijo de
8 meses. "Azeem es un esposo y padre ejemplar y comprometido, un hombre
de Dios que solo quería ayudar a nuestra comunidad con un pequeño
edificio para la adoración", dice su esposa. La familia está sufriendo
mucho y vive una situación de miedo y resignación tras la violencia
sufrida, que permanece completamente impune.