Kathmandú, NEPAL (Agencia Fides, 06/03/2020) - “Hubo un tiempo en que no se podías
practicar y profesar libremente la fe. Hasta la llegada de los jesuitas,
a finales de la década de 1990, no había sacerdotes para la Eucaristía y
los demás sacramentos. Se tenía que viajar miles de kilómetros a través
de las fronteras, hasta la India para participar en la Eucaristía. Sin
embargo, han perseverado en su fe. Admiro y aprecio vuestra fe en
Jesucristo", así lo ha dicho el P. Arturo Sosa SJ, Superior General de
la Compañía de Jesús, a los fieles, durante su viaje al este de Nepal,
en Maheshpur, en el distrito de Jhapa, donde ha viajado en los últimos
días haciendo una parada dentro de su visita al sur de Asia.
“A finales de los 90 – recuerda el P. Sosa - la Compañía de Jesús se
asentó en Jhapa con el objetivo de educar a los niños católicos y
proporcionar asistencia pastoral y espiritual a los fieles. En 20 años,
la misión se ha extendido hasta incluir cuatro escuelas, una parroquia,
una capilla y seis centros sociales. Cada Pascua hay nuevas familias que
piden el bautismo. Hay grandes perspectivas de evangelización. El hecho
de que muchas familias se sientan atraídas por la fe cristiana es una
señal de que los cristianos aquí están viviendo bien y están dando un
buen ejemplo de la vida cristiana. Me gustaría dar las gracias a los
catequistas por su espíritu evangélico. Su parroquia es una de las
semillas prometedoras de vocaciones a la vida religiosa. Recen por las
vocaciones a la vida religiosa. Animo a los niños y niñas aquí presentes
a pensar en la vocación religiosa”.
El jesuita ha dicho que es consciente de que "las condiciones de vida de
las personas son muy difíciles. La educación es uno de los medios de
empoderamiento. Amplía nuestras perspectivas y amplía nuestros
horizontes. Es importante recordar que la educación es una ayuda para el
desarrollo. Puede ayudar a mejorar las oportunidades de trabajo y, en
última instancia, el nivel de vida. Por lo tanto, animo a los padres a
que eduquen a sus hijos. Necesitamos motivar a los jóvenes a estudiar
bien. Sin embargo, educar y capacitar solo la inteligencia no es
suficiente; también debemos educar nuestros corazones. La educación
jesuita apunta al desarrollo integral. Hoy el mundo está cambiando
rápidamente. Hay muchas cosas buenas, pero al mismo tiempo hay problemas
que crean divisiones basadas en la religión y la cultura. La vocación
cristiana y también la misión de los jesuitas es promover la
reconciliación, la justicia y la paz, contribuyendo así a la
construcción de
sociedades más humanas".
El p. Sosa, ha concluido con un elogio a la presencia y al camino
recorrido por la pequeña comunidad católica en Nepal: "Es importante
recordar que cualquier trabajo que hagamos es obra de Dios y que somos
simples colaboradores en su obra. La obra de Dios no pertenece a ninguna
congregación religiosa ni a nadie. Por lo tanto, debemos trabajar con
todas las personas de buena voluntad que estén comprometidas y
dispuestas a construir un mundo más humano y más justo". El religioso ha
confirmado el compromiso de la Compañía de Jesús en Nepal para difundir
el Evangelio y establecer mejores condiciones de vida para la
población.
El 7 de octubre de 1983, el territorio de Nepal, hasta entonces bajo la
jurisdicción de la diócesis india de Pattna, fue erigido en "Missio sui
iuris", con sede en la capital Katmandú, confiándola a los jesuitas. A
finales de los años ochenta, varias congregaciones religiosas,
masculinas y femeninas, abrieron casas en diferentes lugares del país.
El 8 de noviembre de 1996, la misión en Nepal fue elevada a Prefectura
Apostólica, y el 10 de febrero de 2007 a Vicariato Apostólico, con el
Padre Anthony Francis Sharma, SJ, originario de Katmandú, como primer
Vicario Apostólico, quien había sido responsable desde la creación de la
Missio sui iuris.
Nepal tiene 29 millones de habitantes, el 80% de los cuales son hindúes.
Los cristianos son alrededor del 1.4% y de estos 8.000 son católicos.