Abuja, NIGERIA (Agencia Fides, 09/05/2018) - “El trabajo no es una mercancía cualquiera y la
dignidad de los trabajadores debe ser siempre el primer criterio de
evaluación, como enseña la Doctrina Social de la Iglesia. El trabajo
confirma la identidad profunda del hombre, creado a imagen y semejanza
de Dios”, asegura a Fides el padre Joseph Nomhwange, de la Sociedad de
Misiones Africanas en Nigeria, recordando que el 1 de mayo en todo el
mundo se celebró el Día de los Trabajadores. “Debería de ser una
celebración del compromiso colectivo para hacer del mundo un lugar
habitable, además de para poder cuidar de nuestras familias.
Lamentablemente, -continúa el sacerdote-, en muchos países como Nigeria
se ha convertido en un día de protesta, un recordatorio de una creciente
desesperación e incluso, para algunas personas, una jornada
internacional de los pretextos”.
En Nigeria este año los trabajadores escucharon los discursos de los
líderes del Congreso Laboral de Nigeria (NLC) y del Gobierno. La
secuencia siempre es la misma: los sindicatos renovaron su compromiso de
proteger los intereses de los trabajadores y el gobierno respondió
prometiendo también una mejor respuesta. “Al final de las celebraciones,
los líderes de la Unión se marcharon en los vehículos pagados por los
trabajadores a través de las cuotas sindicales y los funcionarios del
gobierno hicieron lo mismo con los que los trabajadores costean con sus
impuestos. Por su parte, los trabajadores regresaron a sus hogares con
las mismas viejas y tristes historias de malas condiciones de trabajo,
derechos pisoteados, bajos salarios y sueldos impagados”, señala el
misionero. “El coste de la vida sigue aumentando mientras que el salario
mínimo se ha mantenido fijo. Sin embargo, este es el menor de los
problemas para muchos trabajadores ya que en casi todos los 36 estados
de
Nigeria, los trabajadores pueden llegar a acumular hasta 10 meses de
salarios atrasados”, asegura.
“Cuando a los maestros no se les paga, -señala el padre Joseph-, el
sistema educativo se ve afectado; cuando a otros funcionarios públicos
no se les paga, la lucha contra la corrupción comienza a relajarse. El
problema no se limita solo a los trabajadores sino a los pensionistas
que a veces mueren en la pobreza después de haber trabajado para el
gobierno durante años. El mensaje que el gobierno está enviando
implícitamente es el de que “usted debe obtener lo que pueda, cuándo y
dónde pueda y debe hacerlo solo”, fomentando así la baja productividad y
la alta corrupción. Este año, el objetivo principal de la celebración
en el país africano estuvo orientado a aumentar el salario mínimo de los
trabajadores. Representado por el vicepresidente Yemi Osinbajo, el
presidente Muhammadu Buhari aseguró a los trabajadores un claro progreso
económico. Dirigiéndose a la población, explicó: “Creemos que lo peor
ha pasado para Nigeria”.
“Pero, con el aumento del coste de la vida, ¿podemos considerar justo el
salario con el que mantenemos a una familia?, ¿es un salario digno en
términos de utilidad?, y, por último, ¿puede justificarse que
legisladores y políticos sigan teniendo salarios desproporcionados?”.
Por esta razón, en la sociedad nigeriana, -concluye-, una reflexión
sobre el sentido y el significado del trabajo debería de generar una
revisión de las conciencias y una reforma general basada en los
principios de equidad y defensa de la dignidad de todos los
trabajadores”.