CIUDAD DEL VATICANO (http://press.vatican.va - 13 junio de 2020).- A las 11.30 horas de
esta mañana, en directo streaming desde el Aula "Juan Pablo II" de la
Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha tenido lugar la conferencia de
presentación del Mensaje del Santo Padre FRANCISCO para la IV Jornada
Mundial de los Pobres, cuyo tema es "Tiende tu mano al pobre" (Sir
7,32), que se celebra este año el 15 de noviembre, XXXIII Domingo del
Tiempo Ordinario.
Ha intervenido: S.E.
Mons. Rino Fisichella, Presidente del Consejo Pontificio para la
Promoción de la Nueva Evangelización cuya intervención publicamos a
continuación:
Intervención de S.E. Mons. Rino Fisichella
“Tiende tu mano al pobre” (Sir 7, 32). Con estas palabras del antiguo libro del Sirácida, el Papa FRANCISCO propone su reflexión para la IV Jornada Mundial de los Pobres a celebrarse en toda la Iglesia el domingo 15 de noviembre. Es un Mensaje
que irrumpe directamente en el dramático momento que el mundo entero ha
vivido a causa del Covid-19, el cual, muchos países continúan
combatiendo en el esfuerzo por llevar alivio a cuantos son víctimas
inocentes del mismo.
La
reflexión del Papa FRANCISCO se desarrolla a la luz de la imagen
bíblica que ve un hombre sabio, “Jesús, hijo de Sirá”, como se presenta
él mismo al final del libro (cf. Sir
50, 27), que vivió unos doscientos años antes del nacimiento de Cristo.
Las preguntas que se planteaba giraban en torno al tema de dónde
residía la sabiduría y qué respuesta de sentido podría ofrecer a los
acontecimientos de la vida. El Papa señala que son las mismas preguntas
que han marcado la vida de millones de personas en estos meses de
coronavirus: la enfermedad, el luto, la incertidumbre de la ciencia, el
dolor, la falta de las libertades a las que se está acostumbrado, la
tristeza de no poder despedirse de las personas a quienes se quiere...
En esta circunstancia, la oración se hizo más insistente y el
pensamiento de Dios tocó la mente de muchas personas a menudo
indiferentes. Esto resultó en la búsqueda de una mayor espiritualidad,
como lo testimonia la participación masiva en diferentes manifestaciones
litúrgicas. Con razón el Papa FRANCISCO enfatiza que el autor sagrado:
“insiste en el hecho de que en la angustia hay que confiar en Dios :
“Mantente firme y no te angusties en tiempo de adversidad. Pégate a él y
no te separes, para que al final seas enaltecido. Todo lo que te
sobrevenga, acéptalo, y sé paciente en la adversidad y en la
humillación. Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a
Dios en el horno de la humillación. En las enfermedades y en la pobreza
pon tu confianza en él. Confía en él y él te ayudará, endereza tus
caminos y espera en él.»” (n. 1).
El
libro del Sirácida, sin embargo, no permite detenerse en la oración; al
contrario, afirma que para que la oración sea digna y eficaz, es
necesaria la atención a cuantos están en la pobreza. Lo afirma sin
atenuantes el Papa FRANCISCO cuando escribe: “La oración a Dios y la
solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. Para
celebrar un culto que sea agradable al Señor, es necesario reconocer que
toda persona, incluso la más indigente y despreciada, lleva impresa en
sí la imagen de Dios. De tal atención deriva el don de la bendición
divina, atraída por la generosidad que se practica hacia el pobre” (n.
2).
El
tema de la “imagen de Dios” impresa en el rostro del pobre es
extremadamente significativo porque obliga a no poder dirigir la mirada a
otro lugar cuando se desea vivir una existencia plenamente cristiana.
En este sentido, la metáfora de “extender la mano” adquiere su valor más
profundo porque obliga a volver a las palabras del Señor que quiso
identificarse con aquellos que carecen de lo necesario y viven en
condiciones de marginación social y existencial. El Mensaje
ejemplifica diversas situaciones que en estos meses de pandemia han
visto una mano extendida y que están impresas en la mente de todos: “La
mano tendida del médico que se preocupa por cada paciente tratando de
encontrar el remedio adecuado. La mano tendida de la enfermera y el
enfermero que, mucho más allá de sus horas de trabajo, permanecen para
cuidar a los enfermos. La mano tendida de los que trabajan en la
administración y proporcionan los medios para salvar el mayor número
posible de vidas. La mano tendida del farmacéutico expuesta a tantas
exigencias en un contacto arriesgado con la gente. La mano tendida del
sacerdote que bendice con el corazón roto. La mano tendida del
voluntario que socorre a los que viven en la calle y a los que, a pesar
de tener un techo, no tienen comida. La mano tendida de hombres y
mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad.
Y otras manos tendidas que podríamos describir hasta componer una
letanía de buenas obras. Todas estas manos han desafiado el contagio y
el miedo para dar apoyo y consuelo” (n. 6).
Frente
a este signo de gran humanidad y responsabilidad, el Papa FRANCISCO
contrasta la imagen de aquellos que continúan teniendo las “manos en los
bolsillos y no se dejan conmover por la pobreza, de la que a menudo son
también cómplices” (n. 9). El elenco, afortunadamente más corto, da
testimonio de que el bien es siempre mucho más grande que la codicia de
unos pocos y describe escenas de la vida cotidiana: “Hay manos tendidas
para rozar rápidamente el teclado de una computadora y mover sumas de
dinero de una parte del mundo a otra, decretando la riqueza de estrechas
oligarquías y la miseria de multitudes o el fracaso de naciones
enteras. Hay manos tendidas para acumular dinero con la venta de armas
que otras manos, incluso de niños, usarán para sembrar muerte y pobreza.
Hay manos tendidas que en las sombras intercambian dosis de muerte para
enriquecerse y vivir en el lujo y el desenfreno efímero. Hay manos
tendidas que por debajo intercambian favores ilegales por ganancias
fáciles y corruptas. Y también hay manos tendidas que, en el puritanismo
hipócrita, establecen leyes que ellos mismos no observan. ” (n. 9).
Palabras duras, pero lamentablemente verdaderas que muestran cuánta
falta de responsabilidad social sigue presente en el mundo actual con la
consecuencia de núcleos de pobreza extrema que crecen de forma
desproporcionada.
La
mano tendida, por lo tanto, es una invitación a asumir la
responsabilidad de dar la propia contribución que se evidencia en los
gestos de la vida cotidiana para aliviar la suerte de los que viven en
la desgracia y carecen de la dignidad de los hijos de Dios. El Papa FRANCISCO no teme identificar a estas personas como verdaderos santos,
“aquellos de la puerta de al lado” que, con sencillez, sin ruido y sin
publicidad ofrecen el genuino testimonio del amor cristiano. La masiva
presencia de tantos rostros de pobres requiere que los cristianos estén
siempre en primera línea, y que sientan la necesidad de saber que les
falta algo esencial en el momento en que un pobre se presenta delante.
“No podemos sentirnos ‘bien’ cuando un miembro de la familia humana es
dejado al margen y se convierte en una sombra” (n.4), escribe el Papa FRANCISCO en su Mensaje.
Es como si invitase a hacer nuestro el “corazón inquieto” de san
Agustín. Permanecerá inquieto hasta que no se encuentre a Dios impreso
en el rostro del pobre.
En muchos sentidos, la imagen de tender la mano recuerda de cerca el logo que desde el comienzo de esta iniciativa del Papa FRANCISCO acompaña la Jornada Mundial de los Pobres.
Las manos tendidas son las de dos personas: una está en el umbral de la
casa, la otra espera. La llamada es fuerte por cuánto se necesitan la
una de la otra. La mano tendida del pobre pide, pero invita al otro a
salir de sí mismo para romper el círculo de egoísmo que envuelve a
todos. Este Mensaje
del Papa, por lo tanto, es una invitación a sacudirse la indiferencia, y
a menudo el sentido de la molestia hacia los pobres, para recuperar la
solidaridad y el amor que viven de la generosidad dando sentido a la
vida.
La presentación de este Mensaje
en la fiesta litúrgica de San Antonio de Padua, patrono de los pobres,
manifiesta que cuanto podemos realizar es siempre bajo la gracia de Dios
que acompaña la vida de los creyentes y la historia de los hombres. Son
palabras que pretenden ayudar a la preparación y realización de la
próxima Jornada Mundial, conscientes de las restricciones que las leyes
de los distintos Países imponen. En efecto, en los próximos meses se
seguirá exigiendo la debida atención a las normas de seguridad, pero es
probable que se incrementen aún más las solicitudes de ayuda. Por lo
tanto, será nuestra tarea hacer que no falten a los cada vez más
numerosos pobres que encontramos, los signos cotidianos que acompañan
nuestra acción pastoral, y aquellos extraordinarios que la Jornada Mundial de los Pobres prevé y que desde hace varios años realiza.