CIUDAD DEL VATICANO (Agencia Fides, 15/12/2017) - “Cuando anuncia el Reino de Dios,
Jesús recuerda que el Reino pertenece a Dios: como observa Benedicto XVI
en su trilogía sobre Jesús, se trata de un genitivo subjetivo. El Reino
no pertenece al hombre ni tampoco a la iglesia, que pese a ello es
signo eficaz. Es Dios quién mueve los corazones a la misión de donar el
Evangelio. El Espíritu Santo ha suscitado el ardor de muchos misioneros
en la historia de la iglesia y actúa aún hoy: cuanto más se cultiva la
pertenencia a Cristo, más nacen las fuerzas para anunciar la Buena
Nueva”: lo dice en una entrevista con la Agencia Fides el Arzobispo
Giampietro Dal Toso, nombrado por el Papa Francisco Presidente de las
Obras Misionales Pontificias. En la víspera de su ordenación episcopal,
que se celebrará en San Pedro el 16 de diciembre, la Agencia Fides le ha
realizado algunas preguntas.
Excelencia, ¿con que espíritu y deseos inicia su servicio de Presidente de las Obras Misionales Pontificias?
Estoy muy agradecido al Papa Francisco por haberme encomendado este
encargo que vivo con gran entusiasmo. Estoy contento porque llevo la
misión en mi corazón. En el pasado he podido conocer algunos territorios
bajo la jurisdicción de Propaganda Fide pero, más allá de eso, creo que
la misión de alguna manera es el termómetro de la situación de la
Iglesia. La idea de poder contribuir a animar la dimensión misionera de
la Iglesia es un gran privilegio para mí.
¿Puede contarnos algo sobre su experiencia en “territorios de misión”?
En el pasado he trabajado en el que era el Consejo Pontificio “Cor Unum”
y esto me ha puesto en contacto con muchas situaciones difíciles en
todo el mundo. En el último período me ocupaba, en particular, de
Oriente Medio y el Sahel, un área crucial desde el punto de vista
político, humanitario y religioso para África. Otro canal que me ha
permitido entrar en el “mundo misionero” ha sido la red de Caritas
Internationalis, que es importante para conocer las realidades
eclesiales locales, especialmente en África y Asia, acercándonos más
bien desde el 'lado humanitario'.
Ahora con las Obras Misionales Pontificias, podrá apreciarlas desde otra perspectiva...
Las Obras Misionales Pontificias (OMP) tienen un valor muy importante
por dos razones: en primer lugar, dan a las iglesias jóvenes la
oportunidad de estructurarse, de darse una configuración, una columna
vertebral, financiando seminarios, iglesias y cursos de estudio. Esto
representa, para una comunidad, una ayuda válida para estabilizarse. Una
segunda tarea es la animación misionera: la ayuda financiera tiene
sentido solo si se considera dentro de una visión general que es el
deseo de llevar el Evangelio. Cuando nacieron en Francia en el siglo
XIX, la idea original de las Obras Misionales era despertar el espíritu
misionero en cada persona bautizada; luego siguió el apoyo económico a
las misiones. Las OMP hoy están llamadas a mantener vivos estos dos
aspectos y, por lo tanto, son muy actuales.
Caminamos hacia el Mes extraordinario Misionero anunciado por el Papa
para octubre de 2019: ¿cuáles son los objetivos y perspectivas para este
evento?
Estoy convencido de que el Mes extraordinario Misionero representa una
gran oportunidad para toda la Iglesia; y me gustaría que en este tiempo
podamos gastarnos, en los modos que ya se están estudiando, para
preparar este evento a nivel universal, ya que es una ocasión preciosa
para revivir el espíritu misionero: así lo ha querido el Papa y así lo
viviremos. Estamos en la fase preparatoria, y por ello es importante que
no se perciba como una “iniciativa centralista”, sino que todas las
iglesias locales se vean involucradas: la misión es crucial para toda la
Iglesia, no se trata de un tema para unos pocos especialistas. El mes
misionero extraordinario implica la participación de todos los fieles.
Con el mismo espíritu nació el Día Mundial de las Misiones, para
subrayar que la misión es una llamada que pertenece a todo el pueblo de
Dios y de la que toda persona bautizada es responsable.
¿Cómo interpreta hoy el concepto de “misión”, en esta era del Papa Francisco? ¿Cuales son los acentos y peculiaridades?
El significado de “misión” ha tenido su evolución: lo vivo y lo
interpreto, con el Papa Francisco, con la idea de la oveja perdida. El
Papa nos pide que seamos pastores. La misión hoy es la siguiente:
estamos llamados a buscar la oveja perdida. La “Iglesia en salida” toma
la iniciativa para buscar a aquellos que están lejos de Dios y que
perciben en sus corazones un vacío que llenar. La imagen de la oveja
perdida es útil porque una oveja necesita un pasto, de lo contrario no
puede sobrevivir. Del mismo modo el hombre de hoy necesita encontrar el
pasto que es Dios, su Palabra, los Sacramentos, de lo contrario no
sobrevive, aunque crea que puede hacerlo. Por esta razón, como dice el
Concilio, la missio ad gentes todavía es válida hoy porque hay personas y
poblaciones que aún no conocen a Jesucristo. Pero también es válida en
las regiones donde el Evangelio ya está presente. El testimonio de la
Pascua de Jesús es un verdadero anuncio y una oferta de vida nueva,
divina y eterna para todos.
La misión no es fruto de un esfuerzo humano...
Cuando Jesús anuncia el Reino de Dios, recuerda que el Reino le
pertenece a Dios: como observa Benedicto XVI en su trilogía sobre Jesús,
es un genitivo subjetivo. El Reino no pertenece al hombre ni tampoco a
la iglesia, que pese a ello es signo eficaz como dice el Concilio. Es
Dios quién mueve los corazones a la misión de donar el Evangelio. El
Espíritu Santo ha suscitado el ardor de muchos misioneros en la historia
de la iglesia y actúa aún hoy: cuanto más se cultiva la pertenencia a
Cristo, más nacen las fuerzas para anunciar la Buena Nueva. Durante
muchos siglos hemos visto a misioneros irse a tierras desconocidas, a
veces sin saber qué les esperaba o poniendo en peligro sus vidas. El
Espíritu Santo despertaba en ellos el deseo de ser testigos y
proclamadores del Evangelio. Esta es la clave para el despertar de una
conciencia misionera: el anuncio del Evangelio es una acción del
Espíritu Santo. Si la Iglesia se deja animar por el Espíritu Santo, hace
que el
Evangelio encuentre difusión. El Papa usa el término “primear” para
reafirmar la primacía de Dios: el Reino le pertenece a Él, que da la
gracia de anunciarlo.
¿Tiene algún santo o misionero como fuente de inspiración?
Me gustaría mencionar un episodio y dos santos. Hace algunos años visité
la abadía de Keur Moussa en Senegal, fundada por los benedictinos
franceses a principios del siglo XX. En el cementerio había varias
tumbas de monjes, todos de entre 30 y 35 años, que habían partido desde
Francia sabiendo que no habrían vivido mucho tiempo en ese país: pero
llevaban en sus corazones algo más grande que sus propias vidas y son un
ejemplo de quienes dan su vida para servir a Cristo. Entre los santos
me gustaría citar a Francisco de Asís, que fue a Egipto sin temor, con
sencillez, a presentar su fe al sultán, donando la paz de Cristo.
También llevo en mi corazón a un misionero de mi diócesis de
Bolzano-Bressanone, Giuseppe Freinademetz, uno de los primeros verbitas:
fue misionero en China, donde murió apreciado por los chinos debido a
su ejemplo de vida. Nació en un contexto familiar maravilloso, y tenía
un fuego dentro que lo llevó a ir más allá. Freinademetz nos ayuda a
comprender que el tesoro de la fe es demasiado grande como para
mantenerlo solo para nosotros.