Yogyakarta, INDONESIA (Agencia Fides, 12/02/2018) - El terror y consternación han hecho acto de
presencia en la comunidad católica de Indonesia después de la agresión
que se sufrió ayer, 11 de febrero, durante la misa dominical en la
iglesia St. Lidwina, en el distrito de Selman, cerca de la ciudad de
Yogyakarta en el centro de la isla Java Central. Un perturbado mental
llamado Suliyono entró en la iglesia con un arma cortante con la que
logró herir a una docena de fieles y al sacerdote que celebraba la misa a
las 7:30 de la mañana, el cura jesuita de origen alemán Karl-Edmund
Prier. “Blandía un arma y me atacó”, aseguró Permadi, la primera
víctima. También atacó a otros fieles sembrando el pánico general. El
atacante incluso se acercó al altar donde agredió al sacerdote y dañó
dos figuras de María y de Jesús. Un feligrés llamó a la policía que
intentó negociar con él y detenerlo. Ante su negativa, fue disparado por
un agente por lo que se le condujo al hospital más
cercano donde también se llevó a los heridos. Poco se sabe sobre el
autor, solo que reside en Banyuwangi, Java Oriental. Hay abierta una
investigación policial para determinar el motivo del ataque.
“Condenamos enérgicamente los episodios violentos durante la celebración
de la Eucaristía. La Eucaristía es el culmen de la vida para la Iglesia
Católica. Toda la comunidad celebra la obra salvífica de Cristo mismo y
experimenta el encuentro con Dios a través de la santa comunión”, se
lee en una declaración escrita publicada por el padre Endra Wijayanto,
jefe de la Comisión “Justicia y Paz” de la archidiócesis de Yogyakarta,
recibida en la Agencia Fides. “Expresando preocupación por el incidente y
nuestra cercanía a los heridos, la Iglesia local llama a la policía a
“garantizar la seguridad de las iglesias” y a tomar “una postura
proactiva para evitar más violencia, y promover la protección de los
derechos fundamentales de todos los ciudadanos de Indonesia, sin
excepción”. El texto invita a “apoyar activamente los valores de la
Pancasila y la Constitución de 1945, que garantiza la libertad de
religión y culto y la protección de los derechos
humanos a los ciudadanos de Indonesia”, y pide a los cristianos “seguir
promoviendo la paz y la justicia” manteniendo “el orden social, no para
crear el caos”, y asegurar que “permanezca la paz y la armonía en la
nación”. En la misma región, la parroquia católica St. Paul, en el
distrito de Bantul, organizó hace unos días una misión humanitaria de la
ayuda y atención médica gratuita a las personas sin hogar, pero un
grupo fundamentalista musulmán la bloqueó acusando a los cristianos de
intento de proselitismo.
Según los observadores, atacar a cristianos y a otras minorías
religiosas podría ser un fenómeno que esconda motivaciones políticas y
destinado a polarizar a la sociedad con pretextos étnicos y religiosos:
algunos grupos políticos, de hecho, podrían hacer un uso político de la
religión y fomentar la inestabilidad para obtener ventajas políticas de
cara a las elecciones administrativas, programadas para septiembre de
2018 y las elecciones presidenciales de 2019. Zeid Ra'ad al-Hussein,
Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, indicó que en el
país “los niveles crecientes de extremismo van acompañados de incitación
a la discriminación, el odio y la violencia”, y están alimentados por
el “populismo y el oportunismo político”. Zeid Ra'ad al-Hussein,
musulmán, advirtió de que “nubes oscuras de extremismo político e
intolerancia amenazan a Indonesia”.