Durante las conversaciones, desarrolladas en una atmósfera de cordialidad, se recordaron las buenas relaciones bilaterales, así como la satisfacción por el reciente Viaje Apostólico del Santo Padre a Bangladesh y por la calurosa participación en el evento por parte de la población, incluidos muchos no católicos.
Posteriormente se habló de la contribución de la Iglesia en el país, especialmente en el campo educativo, y del esfuerzo del Estado por promover la coexistencia pacífica entre las diversas comunidades religiosas y en defensa de las minorías y de los refugiados, expresando aprecio por la acogida de los Rohingya y manifestando el deseo de una solución justa y duradera para su drama.