Roma, ITALIA (Agencia Fides, 02/07/2018) - “En las carreteras italianas hay cien mil
prostitutas, 70-80 mil son africanas, las otras provienen de Europa del
Este, América Latina y China. Todas son víctimas de un sistema que
esclaviza a las mujeres, son violadas física y psicológicamente”. Sor
Eugenia Bonetti, misionera de la consolata, resume el fenómeno de la
trata de mujeres con motivo de la Jornada Mundial de Oración contra la
Trata que se celebra mañana, 8 de febrero.
“La mayoría de las víctimas provienen de África y, en particular, de
Nigeria -continúa-. Casi todas son menores de edad y analfabetas. Creen
que en Europa encontraran un lugar de redención para su pobreza. Por
esta razón cruzan el desierto y el Mediterráneo, entre sufrimientos y
dificultades inauditas. Pero esto no crea compasión en los traficantes
que, apenas llegan, las obligan a venderse”. En los últimos años, antes
de llegar, también son violadas y embarazadas. “Los protectores, -
explica la Hermana Eugenia -, saben que las migrantes embarazadas gozan
de caminos más fáciles para obtener permisos de residencia. También
saben que muchos clientes de prostitutas piden chicas embarazadas. Esto
muestra la aberración del tráfico, la violencia de los traficantes y la
mezquindad de los clientes”.
No se trata solo de violencia física sino también psicológica. Las
nigerianas son obligadas a someterse a rituales vudú que las unen a los
protectores.
“Las chicas - observa la Hermana Eugenia - no tienen
instrumentos culturales para resistir a estos rituales. Realmente creen
lo que se les dice. Además, sufren palizas diarias y amenazas de
violencia contra sus familias de origen. Por estas razones, tienen miedo
de liberarse de los protectores”.
La prostitución en Italia tiene una facturación estimada en 32 mil
millones de euros. Un capital que resulta atractivo para las mafias
italianas que colaboran con los nigerianos. Para contrarrestar este
fenómeno, las congregaciones religiosas, Cáritas y las asociaciones
laicas han organizado una red de trabajo para ayudar a las víctimas de
la trata. “Desde los años noventa - concluye la Hermana Eugenia -,
muchas comunidades religiosas han comenzado a acoger a las chicas
nigerianas que huyen de los traficantes. Las hemos ayudado desde el
punto de vista médico y psicológico. Las hemos ayudado a estudiar e
integrarse en nuestra sociedad. También las hemos ayudado a regresar a
casa en los últimos años. Para ellas, organizamos proyectos ad hoc y las
recibimos en dos casas, una en la ciudad de Benin y otra en Lagos.
Trabajamos en estrecha colaboración con las hermanas locales en un
trabajo que está dando excelentes resultados. Aquí en Italia necesitamos
un mayor compromiso
en las comunidades cristianas para sensibilizar a las personas sobre el
tema de la trata. Esperamos que esta jornada sirva para abrir una
reflexión sobre la explotación”.