Boa Vista, BRASIL (Agencia Fides, 10/02/2018) - “La llegada de los venezolanos a Brasil es
un hecho social, no una catástrofe. Y debe abordarse solo como un hecho
social, con políticas de acogida e integración. Es sorprendente ver que,
frente a un pueblo que viene a Brasil en busca de alimentos y
oportunidades de trabajo para ganarse la vida, circulan ideas de 'campos
de refugiados'. Esto no es una solución en absoluto”. Lo declara en una
nota enviada a la Agencia Fides, la hermana Rosita Milesi, misionera
escalabriniana, directora del Instituto de migración y derechos humanos,
en el estado brasileño de Roraima.
La Congregación de las religiosas misioneras escalabrinianas desde su
fundación se ocupa de la asistencia a los migrantes y la hermana Rosita
es una de las promotoras, junto a otras dos escalabrinianas, de
actividades para la creación de estructuras de acogida y de caminos de
sensibilización. En el estado de Roraima, en la frontera con Venezuela y
Guyana, se están presentando miles de venezolanos para pedir ayuda,
debido a que Venezuela está atravesando una crisis económica y social
tan grave que está empujando a sus ciudadanos a emigrar.
“Brasil está llamado a acoger a este pueblo y a pensar en una estrategia
global - afirma la religiosa -, en primer lugar con políticas de
emergencia, para garantizar lugares de acogida dignos y una estancia
regular, y luego con otras ayudas que les permitan acceder al trabajo e
ir a otros estados y ciudades, donde puedan vivir y trabajar con
dignidad”.
Para la hermana Rosita “Brasil tiene la capacidad de recibir a estos
inmigrantes. Sin embargo, falta la acción fuerte y rápida por parte del
gobierno que, desafortunadamente, es lento en adoptar las medidas de
asistencia e integración necesarias. Esta lentitud agrava la situación
social en el estado de Roraima, el último estado al norte del país, que
de hecho no puede y no es capaz de resolver un movimiento migratorio de
estas dimensiones por sí solo. Las autoridades locales, el gobierno
federal, la sociedad civil, la Iglesia y las organizaciones
internacionales deben actuar para implementar una solución integral, que
incluya la asistencia inicial, pero también que garantice el acceso a
la integración”.
Solo en 2017 fueron más de 20 mil los venezolanos que solicitaron ayuda a
Brasil y más de 8,400 los que se han beneficiado de un sistema de
residencia temporal. El Instituto para las Migraciones y los Derechos
Humanos, de las religiosas Escalabrinianas, ha contribuido en este
periodo a una serie de actividades de acogida, integración y apoyo, pero
se necesita una ayuda mucho más amplia.