San Ignacio, PARAGUAY (Agencia Fides, 12/05/2018) - “Enamorado” de Chiquitunga. Así se define,
a sí mismo Delfín Roque Ruiz Pérez – para todos “Koki” - el artista que
está preparando, después del memorable retablo del altar para la misa
del Papa en Paraguay en el 2015, una obra monumental para la
beatificación de Chiquitunga.
El pintor está realizando un enorme panel para el fondo del altar de la
ceremonia del 23 de mayo, que estará presidida por el Cardenal Angelo
Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en el
estadio Nueva Olla de Asunción. La obra contendrá la re-figuración del
rostro de María Felicia de Jesús Sacramentado Guggiari Echeverria
(nombre completo como religiosa de la famosa carmelita descalza). La
imagen estará formada por rosarios donados por los fieles, como explica
el artista. Leyendo uno de sus libros sobre la vida de la Sierva de
Dios, quedó impactado por un pasaje que dice: “Era un continuo
peregrinar de roses, jazmines y rosarios que quienes traían querían que
tocasen el cuerpo diminuto de Chiquitunga”. Para el retablo del altar
hacen falta 70.000 rosarios. Ya han llegado más de 40.000, y nadie duda
sobre el éxito de la colecta. Se trata de rosarios “rezados”, porque
dice Koki, “habría sido fácil pedir dinero y ordenarlos al por
mayor, pero o es ese el espíritu”.
El artista, que la Agencia Fides ha visitado en su casa-taller, es muy
original. Trabaja con la gente, utiliza elementos de la naturaleza, y
prefiere la creación colectiva, que debe servir para “comunicar algo a
la gente a través de los sentidos”. Toda su carrera se inspira sobre
todo en el alemán Joseph Beuys, según el cual “el artista debe buscar el
arte entre la gente, non en un museo, ya que cada ser humano tiene en
sí la capacidad de crear”.
Su ciudad natal, San Ignacio, tierra de las primeras Reducciones de los
Jesuitas, le comisionó un trabajo para conmemorar los 500 años de
presencia española en las Américas. “Quise expresar una crítica al
encuentro entre dos culturas que, en realidad, fue un choque”, dice.
Preparándolo, descubrió que el choque no había sido provocado, como se
suele pensar, por un conflicto entre civilizaciones, sino “por el
concepto diverso en el uso del tiempo”. “Para los europeos, el tiempo es
lineal. En el momento de las Reducciones, se levantaban todos los días a
la misma hora para ir a trabajar, a Misa, para vivir dignamente y de
una manera santa, decían los jesuitas. En cambio, para los Guaraní todos
los días eran diferentes, y el tiempo – también el climático-, dictaba
las posibilidades más adecuadas para ese día: pescar, cazar, dedicarse a
la artesanía. Luego estaba la alternancia de las estaciones, el tiempo
de la cosecha de trigo, el de la siembra”. Los indios
se rebelaron contra el concepto y el uso del tiempo impuesto por los
europeos, afirma Koki. Después de las primeras rebeliones, una de las
cuales derramó la sangre del primer santo paraguayo, San Roque González y
de sus compañeros, las Reducciones fueron un ejemplo de la fusión de
dos culturas, la europea (italiana y española) y la guaraní, en armonía,
que expresaron una escultura, música y arquitectura únicas, llamadas
“barroco guaraní”, que marcaron una época y que permanecen en la gran
escuela de los luthiers paraguayos.