Beirut, LÍBANO (Agencia Fides, 05/06/2020) - Con una carta circular publicada el lunes 3 de
junio, el arzobispo maronita de Beirut, Boulos Abdel Sater, dispuso la
cancelación de la tercera parte de la tarifa que deben pagar los
estudiantes de las escuelas del circuito "La Sagesse" que dependen
directamente de la Archidiócesis. La medida pretende dar un respiro
temporal a las familias. Pero no servirá para ocultar la crisis que
amenaza con llevar al colapso a una buena parte del sistema de las
escuelas católicas maronitas y todas las instituciones conectadas con
las diversas comunidades eclesiales.
La situación económica de muchas escuelas católicas, como ya había sido
documentado por la Agencia Fides, se había deteriorado especialmente
desde el verano de 2017, después de que el gobierno de aquel entonces
decretase las nuevas "tarifas salariales" para los trabajadores del
sector público, que también incluían al sector escolar. Desde entonces,
la situación ya se había vuelto insostenible, especialmente para las
escuelas que trabajan en las zonas urbanas y rurales menos prósperas del
país. El año escolar actual, marcado primero por los bloqueos sociales
relacionados con las protestas callejeras contra el gobierno y luego por
el cierre de los edificios escolares impuestos por la crisis pandémica,
ha llevado al colapso una situación que ya estaba gravemente
comprometida. En algunas instituciones educativas, las semanas lectivas
reales desde el comienzo del año escolar han sido menos de 15.
Las controversias en torno al estado de emergencia del sistema escolar
libanés volvieron a estallar en la segunda mitad de mayo, cuando el
ministro de educación Tarek Al Majzoub, que el 17 de mayo de 2020 sin
consultar al sector de las escuelas no estatales, estableció la fecha
del 13 de junio como fin del año escolar - realizado en los últimos
meses con clases a "distancia" - y el aplazamiento a septiembre de los
exámenes estatales para todos los ciclos escolares. La Secretaría de
Escuelas Católicas y los sindicatos de docentes de escuelas no estatales
han acogido con desilusión el cierre del año escolar impuesto por el
gobierno, ya que no permite cobrar las cuotas finales de las tarifas
pagadas por los estudiantes. La Secretaría ha emitido una carta abierta
al presidente Michel Aoun, en la que, entre otras cosas, se destaca el
papel crucial de las congregaciones religiosas y los temas eclesiales en
el desarrollo de la educación en el Líbano, y se denuncia la
falta total de presencia de las instituciones públicas del país para
presentar medidas de apoyo adecuadas a la emergencia, que podría
extirpar de raíz por la crisis, a las instituciones que trabajan de
forma esencialmente gratuita en las regiones y las zonas urbanas
económicamente deprimidas.
La desconfianza y el descontento crecen entre todos los miembros de la
comunidad escolar nacional, y especialmente entre padres, maestros,
estudiantes, personal administrativo y auxiliar de las escuelas
católicas, que juegan un papel principal en el Líbano, dado que las
escuelas administradas directamente por el estado no pueden garantizar
niveles de instrucción altos.
Al margen de las afirmaciones y acusaciones de irresponsabilidad
dirigidas a la clase política, no falta entre la comunidad eclesial una
cierta autocrítica además de solicitudes para revisar la dinámica
interna de toda la red de instituciones educativas católicas. Es
evidente que los operadores y responsables del sector de las escuelas
católicas hasta ahora no han desarrollado una estrategia unificada para
hacer frente al estado de crisis. Algunas instituciones, como las
encabezadas por los maristas, han seguido pagando sus salarios a sus
empleados en su totalidad, mientras que otras escuelas católicas han
reducido a la mitad los salarios de su personal docente y no docente.
Recientemente, el jesuita Charbel Batour, rector de la universidad
Notre-Dame de Jamhour, interviniendo en una transmisión de televisión,
reconoció entre otras cosas que no todos los involucrados en la
emergencia han sabido manejar la situación “de una manera humana y
sabia”. “Ahora - comentó el padre Charbel -, cada una de las partes se
considera una víctima y todos culpan a los demás”.
En los últimos meses, el Colegio Notre Dame de Jamhour, para buscar
soluciones ante el empeorar de la crisis, había recurrido a la medida
extrema de enviar cartas y solicitudes de apoyo a sus antiguos alumnos
de las escuelas libanesas que ahora viven cómodamente en Estados Unidos,
en Europa o en los países del Golfo. Pero el agravarse de la situación
pone de manifiesto que incluso las instituciones educativas católicas
libanesas no están en el mismo barco, y se hace cada vez más urgente ser
transparentes al presentar los balances económicos e inaugurar formas
de colaboración entre las escuelas que gozan de buena salud desde el
punto de vista financiero y aquellas que llevan a cabo su trabajo
educativo entre los sectores económicamente más débiles de la población.