Santiago, CHILE (Agencia Fides, 18/01/2018) – “El Papa Francisco nos ha explicado un nuevo
concepto de madurez. El de las ideas y sueños que realizamos contra el
pesimismo de los adultos o de nosotros mismos, que nos hace pensar que
el mundo no cambiará. Nos ha invitado a 'madurar' nuestros sueños
realizándolos, a no perder la alegría, revelando su fuente: Cristo
Jesús. Y nos ha pedido encarecidamente que hagamos sentir nuestra voz en
la Iglesia: por eso los jóvenes debemos hacernos sentir”. Así lo dice a
la Agencia Fides, desbordando entusiasmo, Pablo Sandoval, un joven de
la capital chilena, activo en un movimiento eclesial, uno de entre los
60 mil jóvenes chilenos presentes en la explanada del santuario de
Maipú. “El Papa ha remarcado que la Iglesia nos necesita”, ha agregado
Consuelo Huerta, otra joven comprometida en la Arquidiócesis de
Santiago, conversando con la Agencia Fides.
Consuelo y Pablo han puesto de manifiesto la confianza que el Santo
Padre deposita en los jóvenes, invitándoles a preguntarse que pueden
hacer por los demás, para luego donarse sin reparos. Con ellos,
Francisco parecía muy a gusto, casi relajado. “Ha bromeado diciendo: Os
he obligado a abandonar el sofá, ¡eh !, pero luego nos ha hecho
comprender que todo lo que podemos dar a los demás es algo importante”,
señala Consuelo. Para ella, el mensaje de Francisco en estos días ha
sido “muy valiente, con un lenguaje muy claro”. Ahora toca que cada uno
lo entienda y actúe en consecuencia”. Se refiere “a la invitación a la
unidad, a la justicia hacia los pueblos indígenas, a ser humildes (ha
pedido perdón a la sociedad por las aberraciones y los errores
cometidos). Francisco nos ha dado ejemplo al demostrar que es necesario
volver a empezar después de haber cometido un error, sin pensar en los
propios límites, sino siempre dispuestos a seguir adelante, en misión”. A Pablo le impresionan los gestos realizados por el Papa, como la visita
a la tumba del “obispo de los pobres” Enrique Alvear, el primer acto en
tierra chilena o el encuentro con los presos. Estos gestos, concluye
Pablo, encarnan “el mensaje evangélico de cercanía con los pobres y los
más necesitados”