Islamabad, PAKISTÁN (Agencia Fides, 09/02/2018) - “Mi sueño para la Iglesia y para todo
Pakistán es que la gente pueda vivir en paz, armonía y esperanza. Paz y
esperanza son las palabras de mi lema episcopal: son dos valores
esenciales y necesarios para Pakistán y para el mundo entero”: así lo
declara el arzobispo Joseph Arshad a la Agencia Fides en la víspera de
su toma de posesión en la diócesis de Islamabad-Rawalpindi. Mons. Arshad
(a quien el Papa ha conferido el título personal de Arzobispo) entrará
en la diócesis de la capital pakistaní con una solemne celebración
eucarística celebrada mañana, 10 de febrero, en la Catedral de
Rawalpindi, en presencia de una gran asamblea, con autoridades civiles,
políticas y religiosas de la nación.
Nacido en Lahore en 1965, ordenado sacerdote en 1991 en Lahore, Joseph
Arshad comenzó en 1999 el servicio diplomático para la Santa Sede, labor
que llevó a cabo en varias nunciaturas apostólicas hasta 2013, cuando
el papa Francisco lo nombró obispo de Faisalabad. Luego, tras la muerte
del Obispo Rufin Anthony, se convirtió en Administrador Apostólico de
Islamabad-Rawalpindi, de la cual ahora será el nuevo ordinario.
En su enfoque pastoral, también se ha distinguido por su atención a los
laicos y a la comunicación social, a los jóvenes y al diálogo
interreligioso: “Nuestra misión como cristianos es proclamar las Buena
Nueva de Jesucristo en una tierra atravesada por el extremismo y el
terrorismo, la corrupción, la distribución desigual de la riqueza, con
un sistema judicial a veces injusto. Las leyes discriminatorias contra
las mujeres y contra las minorías religiosas socavan la paz social y la
convivencia. Es nuestra tarea reflejar y hacer frente a estos desafíos a
la luz del Evangelio. Siempre comenzando desde una conversión personal,
renovando nuestra forma de vida, nuestro compromiso y nuestro
testimonio cristiano”.
“La mayoría de los cristianos en Pakistán -observa el arzobispo- viven
por debajo del umbral de pobreza: muchos todavía son analfabetos y no
tienen una formación adecuada a nivel profesional por lo que permanecen
en una condición social marcada por las dificultades y la marginación.
En este marco, Cristo nos llama a ser portadores de esperanza. El Señor
da a los fieles la clave para vivir un futuro mejor y construir una
sociedad donde todos vivan con dignidad y bienestar. Estamos llamados a
ser sal, luz y levadura en Pakistán. El Evangelio es nuestra
contribución a la paz, la estabilidad y la prosperidad de nuestro amado
país”.
“Nuestra contribución – dice para concluir – en primer lugar es la de
rezar por la paz, solo después podemos comprometernos en el campo de la
educación, la salud, los servicios sociales y la caridad, siendo una
parte activa del país, viviendo en armonía con todos. Confiamos nuestra
misión en Pakistán a las manos amorosas de la Virgen María”.