Chilpancingo, MÉXICO (Agencia Fides, 06/02/2018) - Dos sacerdotes han sido asesinados en una
emboscada a lo largo de la carretera Taxco-Iguala, en el estado
mexicano de Guerrero, a primera hora del lunes 5 de febrero. Se trata de
don Ivan Jaimes, 37 años, de la archidiócesis de Acapulco, que era el
pastor del municipio de Las Vigas, y de don Germain Muniz Garcia, de 39
años, párroco de Mezcala, de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa. Don
Ivan era también un músico conocido en el ámbito de la música religiosa.
Según la información recibida en la Agencia Fides, los dos sacerdotes
viajaban en un automóvil con otras cuatro personas, regresando de
Juliantla, donde habían participado en la fiesta de la Virgen de la
Candelaria, cuando un vehículo rojo les cerró el paso. Hombres armados
abrieron fuego contra ellos, matando a los dos sacerdotes que estaban
delante e hiriendo a tres personas que viajaban con ellos, mientras que
otra pasajera permaneció ilesa. La policía encontró a aproximadamente un
kilómetro del lugar de la emboscada, un vehículo en el que había un
cartucho de tipo militar y una caja de fusil.
El portavoz de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa, Benito Cuenca, ha
condenado el ataque a los sacerdotes, recordando que en los últimos
cinco años ha habido seis sacerdotes asesinados en Guerrero, y ha
invitado a sacerdotes y religiosos a tomar las precauciones necesarias
para salvaguardar su integridad física, aunque el mismo trabajo pastoral
los pone en riesgo. También el Obispo de Chilpancingo-Chilapa, Su Exc.
Mons. Salvador Rangel Mendoza, ha definido la muerte de los dos
sacerdotes como “una gran pérdida para toda la Iglesia, para las dos
diócesis, para sus familias” e ha invitado a todos los fieles a rezar
por su eterno descanso, lanzando un llamamiento enérgico a las
autoridades de todos los niveles para garantizar la paz en México y en
el estado de Guerrero.
La Arquidiócesis de Acapulco, en un comunicado ha expresado su
consternación por el crimen y ha invitado a no dejar de trabajar por la
construcción de la paz, suplicando persistentemente al Señor “por la
conversión de aquellos que, olvidando que somos hermanos, cometen estos
crímenes”.