Brasilia, BRASIL (Agencia Fides, 05/05/2020) – “Nosotros, obispos de la Amazonía, ante el
avance incontrolado del COVID-19 en Brasil, especialmente en la
Amazonía, expresamos nuestra inmensa preocupación y exigimos una mayor
atención de los gobiernos federales y estatales a esta enfermedad que se
está extendiendo cada vez más en esta región”. Inicia con estas
palabras la “Nota de los obispos de la Amazonia brasileña sobre la
situación de los pueblos y el bosque en tiempos de pandemia de covid-19”
publicada ayer, 4 de mayo, firmada por 65 Obispos y 2 Administradores
apostólicos de seis regiones de la Conferencia nacional de los obispos
del Brasil (CNBB), además del Presidente de la Comisión episcopal
especial para la Amazonia, el Cardenal Claudio Hummes.
“Los pueblos de la Amazonía exigen especial atención de las autoridades
para que sus vidas no sean violadas – continúa el texto recibido en la
Agencia Fides -. La tasa de mortalidad es una de las más altas del país y
la sociedad ya está presenciando el colapso de los sistemas de salud en
las principales ciudades, como Manaos y Belém. Las estadísticas
proporcionadas por los medios de comunicación no se corresponden con la
realidad. Las pruebas son insuficientes para conocer la expansión real
del virus. Muchas personas con síntomas evidentes de la enfermedad
mueren en casa sin asistencia médica y sin acceso a un hospital”.
Los obispos recuerdan la responsabilidad de las autoridades públicas que
deben implementar estrategias de atención responsable para los sectores
de población más vulnerables: viven con un alto riesgo los pueblos
indígenas, los afrodescendientes y otras comunidades tradicionales que
también se extienden al bosque. “Los datos son alarmantes” subrayan,
recordando que “la región tiene la proporción más baja de hospitales en
el país”. Además de los pueblos del bosque, las poblaciones urbanas,
especialmente en las periferias, están expuestas a la pandemia y sus
condiciones de vida se degradan aún más por la falta de saneamiento
básico, vivienda, alimentación y empleo. “Son migrantes, refugiados,
pueblos indígenas urbanos, trabajadores industriales, trabajadoras
domésticas, personas que viven del trabajo informal y que piden
protección de la salud. Es obligación del Estado garantizar los derechos
establecidos en la Constitución Federal ofreciendo condiciones mínimas
para que puedan superar este grave momento”.
El documento denuncia que la minería y la deforestación han aumentado de
manera alarmante en los últimos años, ayudadas por la reducción de las
inspecciones y “el continuo discurso político del gobierno federal
contra la protección del medio ambiente y las áreas indígenas protegidas
por la Constitución Federal (Art. 231 y 232)”. Luego los obispos lanzan
la alarma advirtiendo: “Con la Amazonía cada vez más devastada, las
sucesivas pandemias serán aún peores que la que estamos experimentando
actualmente”. Otro motivo de preocupación es el aumento de la violencia
en el campo, un 23% más que en 2018. En 2019, el 84% de los asesinatos
(27 de 32) y el 73% de los intentos de asesinato (22 de 30) tuvieron
lugar en la Amazonía, según los datos del “Cuaderno de Conflictos en el
Campo Brasil 2019″ de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT Nacional).
Los obispos de la Amazonia brasileña concluyen la nota exhortando a la
Iglesia y a toda la sociedad a medidas urgentes como: fortalecer las
políticas públicas, especialmente el Sistema Único de Salud (SUS);
rechazar discursos que descalifiquen y desacrediten la efectividad de
las estrategias científicas; adoptar medidas restrictivas para la
entrada de personas en todos los territorios indígenas, debido al riesgo
de transmisión del nuevo coronavirus; realizar pruebas en la población
indígena para adoptar las medidas de aislamiento necesarias;
proporcionar el equipo de protección personal (EPP) recomendado por la
OMS, en una cantidad adecuada y con las instrucciones correctas de uso y
descarte; proteger a los profesionales de la salud que trabajan en los
frentes de salud de los pueblos, acompañándolos también en sus
debilidades psicológicas y físicas; garantizar la seguridad alimentaria
de los pueblos indígenas, afrodescendientes, ribereños y otras
poblaciones tradicionales en la Amazonía; fortalecer las medidas de
inspección contra la deforestación, la minería; Garantizar la
participación de la sociedad civil, movimientos sociales y
representantes de las poblaciones tradicionales en espacios de
deliberaciones políticas, entre otras.