Luanda, ANGOLA (Agencia Fides, 05/06/2020) - “Estábamos en medio de la Cuaresma, un momento
fuerte, un momento de preparación para la Pascua del Señor, cuando se
decretó el estado de emergencia, mientras que las noticias que llegaban
de otras partes del planeta generaban otro 'virus', el virus del miedo”,
afirma la declaración del p. Celestino Epalanga, Vicario Episcopal para
el Área Social de la Arquidiócesis de Luanda y Secretario General de la
Comisión Episcopal para la Justicia y la Paz y los Migrantes de la
CEAST (Conferencia Episcopal de Angola y Santo Tomé) sobre las
consecuencias del Covid-19.
Un temor justificado por la ansiedad - subraya el documento recibido por
la Agencia Fides -, provocado por el nuevo coronavirus “en los sistemas
sanitarios de las principales potencias mundiales”. “Conscientes de la
precariedad de nuestro sistema de salud, la pregunta era inevitable:
¿quién nos salvará de esta hecatombe?”.
Seguros de que “nuestra ayuda está en el Señor que creó el cielo y la
tierra” los Obispos “para fortalecer la fe y la esperanza de los fieles,
alentaron al uso de Radio Ecclesia, Radio María, la red de televisión
católica, los boletines diocesanos y parroquiales y las redes sociales
para la transmisión de celebraciones eucarísticas, rosarios, etc. En las
comunidades religiosas, los momentos de oración y adoración del
Santísimo Sacramento se han intensificado y las familias se han
convertido en verdaderas iglesias domésticas. El 29 de marzo se realizó
una maratón de oración en todas las comunidades religiosas, seminarios y
familias católicas de todo el país, pidiéndole a Dios que libere a
Angola y al mundo entero de la pandemia”.
“El nuevo coronavirus ha resaltado muchas situaciones vulnerables y ha
empeorado las condiciones socioeconómicas de muchos países y Angola no
es una excepción”, afirma la declaración. Más del 70% de la población
angoleña depende del mercado de trabajo informal para sobrevivir. Las
medidas previstas por el estado de emergencia han dado lugar al fenómeno
de los “nuevos pobres”; debido a las restricciones del estado de
emergencia, la pobreza ha aumentado. En otras palabras, el Covid-19 ha
empujado a un gran número de familias a la pobreza. “Ante esto, surge un
dilema: quedarse en casa para evitar el Covid-19 y morir de hambre, o
salir a la calle en busca de pan, ¡corriendo el riesgo de infectarse e
infectar a otras personas e incluso a familiares y amigos! Semanas antes
de que ocurrieran los primeros casos de Covid-19 en Angola, un
sacerdote jesuita camerunés dijo en un artículo que lo que mataría a los
africanos no es el nuevo coronavirus, sino el virus del
hambre. De hecho, cuando caminamos por los barrios de Luanda y sus
alrededores, nos damos cuenta de la precariedad en que se vive y si no
globalizamos la solidaridad y si el ejecutivo no proporciona alimentos,
tendremos más muertes por hambre que por coronavirus”.
Pero de un mal puede nacer un bien si el hombre se deja guiar por una
conciencia iluminada. El p. Epalanga concluye diciendo: “La verdad es
que el nuevo coronavirus ha refinado nuestra imaginación y nos ha
obligado a adoptar nuevas formas de relacionarnos. Nos ha enseñado a ser
más humildes y a repensar nuestros sistemas de salud pública, a mejorar
el sistema de protección social, a ser disciplinados, a obedecer las
normas y a las autoridades, a formar una conciencia colectiva, a dar
mayor importancia a la vida comunitaria y a la vida familiar”.