Bangui, REPÚBLICA CENTROAFRICANA (Agencia Fides, 19/11/2018) - "No solo hay que denunciar la masacre de los
cristianos. Hay que preguntarse por qué sucedió", asegura a la Agencia
Fides monseñor Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, diócesis del
sureste de la República Centroafricana, adyacente a la de Alindao, donde
el 15 de noviembre los ex rebeldes Seleka de las UPS (Unité pour la
Paix en Centrafrique), bajo las órdenes del general Ali Darassa, mataron
a más de 40 personas, entre quienes se encontraba el vicario general de
la diócesis, monseñor Blaise Mada y el padre Celestine Ngoumbango,
párroco de Mingala.
"El acontecimiento que desencadenó la masacre fue el asesinato de un
mercenario nigeriano de las UPC de hace unos días. La mayoría de los
miembros de las UPC son Peuls de países vecinos como Níger. Las UPC,
nacidas de una escisión de los Seleka, se instaló en Alindao hace 5
años, en la parte occidental de la ciudad. La misión católica está en el
este, donde hay un campo de desplazados para no musulmanes, que acoge a
unas 26.000 personas", explica monseñor Aguirre.
"Las represalias fueron terribles. Los hombres de Ali Darassa atacaron,
saquearon e incendiaron el campamento de desplazados y mataron a mujeres
y niños e incendiaron la catedral donde mataron a los dos sacerdotes.
Inmediatamente después, los mercenarios de las UPC dejaron entrar a la
parte oriental de Alindao a grupos de jóvenes musulmanes de la parte
occidental que saquearon la casa episcopal y prendieron fuego al
presbiterio y al centro de Cáritas. Vi algunas fotos. De estas
estructuras solo quedan las paredes calcinadas", explica el obispo.
Ayer el personal de las ONG’s que trabajaban en Alindao fue evacuado.
"Todos se fueron, excepto monseñor Cyr-Nestor Yapaupa, obispo de
Alindao, y tres sacerdotes que quisieron permanecer cerca de la
población. Hablé con ellos, están agotados, pero tuvieron la fuerza
suficiente como para enterrar a los dos sacerdotes mártires y a las 42
personas masacradas en el campo de acogida. Creo que mañana, el cardenal
Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, tiene la intención de ir a
Alindao", asegura monseñor Aguirre.
El obispo de origen español confirmó que los cascos azules de la MINUSCA
no intervinieron para defender a los civiles del asalto de las UPC.
"Tan pronto como comenzó el ataque, los Cascos Azules mauritanos de la
MINUSCA se retiraron a su base. Hay que tener en cuenta que las normas
de intervención de algunos contingentes, como los de Mauritania, Egipto y
Pakistán, tienen un acuerdo con las Naciones Unidas en virtud del cual
se comprometen a responder a los ataques armados solo si son atacados
directamente. Así que en Alindao los cascos azules fueron completamente
ineficaces. Otros contingentes, como el de Ruanda, tienen reglas de
combate bajo las cuales intervienen para defender a la población víctima
de ataque", precisa el obispo.
Monseñor Aguirre asegura que "no podemos limitarnos a denunciar estas
masacres. Tenemos que llegar al fondo de lo que está ocurriendo en
República Centroafricana. Grupos como la UPC están formados por
mercenarios extranjeros que han estado ocupando nuestro territorio desde
hace 5 años. Están pagados por algunos países del Golfo y dirigidos por
algunos países africanos vecinos. Entran por el Chad a través de Birao,
con armas vendidas a Arabia Saudita por los Estados Unidos. Quieren
dividir República Centroafricana alimentando el odio entre musulmanes y
no musulmanes. De esta manera pueden aprovechar y saquear las riquezas
del país, como el oro, los diamantes y el ganado. Pero sobre todo
algunos países extranjeros y no africanos quieren utilizar República
Centroafricana como puerta de entrada a la República Democrática del
Congo y al resto del continente, manipulando el Islam radical. Este es
el juego detrás de la masacre de Alindao", concluye el obispo
Aguirre.