A su llegada, el Santo Padre FRANCISCO ha sido recibido por la Consejera de Estado y Ministra de Asuntos Exteriores, Sra. Aung San Suu Kyi, y de algunos niños con trajes típicos pertenecientes a diferentes grupos étnicos.
Después de la intervención de la Consejera de Estado, el Papa ha pronunciado un discurso.
Al final del encuentro el Santo Padre se ha desplazado en automóvil al aeropuerto internacional Nay Pyi Taw, donde ha sido saludado por un Ministro Delegado del Presidente. Luego, a bordo de un MAI (Myanmar Airways International) B737, ha emprendido el regreso a Yangon.
Después de aterrizar, se ha trasladado en automóvil al Arzobispado.
Texto del discurso pronunciado por el Papa:
(26 DE NOVIEMBRE - 2 DE DICIEMBRE DE 2017)
ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES, LA SOCIEDAD CIVIL Y EL CUERPO DIPLOMÁTICO
DISCURSO DEL SANTO PADRE
International Convention Centre (Naipyidó)
Martes, 28 de noviembre de 2017
Martes, 28 de noviembre de 2017
Señora Consejera de Estado,
excelentísimos miembros del Gobierno y Autoridades Civiles,
señor Cardenal,
venerados Hermanos en el Episcopado,
distinguidos miembros del Cuerpo Diplomático,
señoras y señores:
excelentísimos miembros del Gobierno y Autoridades Civiles,
señor Cardenal,
venerados Hermanos en el Episcopado,
distinguidos miembros del Cuerpo Diplomático,
señoras y señores:
Deseo expresar mi viva gratitud por la amable invitación para
visitar Myanmar y agradezco a la Señora Consejera de Estado sus
cordiales palabras.
Doy las gracias de corazón a todos aquellos que han trabajado
incansablemente para hacer posible esta visita. He venido especialmente
para rezar con la pequeña pero ferviente comunidad católica de esta
nación, para confirmarla en la fe y alentarla a seguir contribuyendo al
bien del País. Estoy muy contento de que mi visita se realice tras el
establecimiento de relaciones diplomáticas formales entre Myanmar y la
Santa Sede. Quiero ver esta decisión como una señal del compromiso de la
nación para continuar buscando el diálogo y la cooperación constructiva
dentro de la comunidad internacional, así como también para seguir
esforzándose en renovar el tejido de la sociedad civil.
Quisiera además en esta visita llegar a toda la población de Myanmar
y ofrecer una palabra de aliento a todos aquellos que están trabajando
para construir un orden social justo, reconciliado e inclusivo. Myanmar
ha sido bendecido con el don de una belleza extraordinaria y de
numerosos recursos naturales, pero su mayor tesoro es sin duda su gente,
que ha sufrido y sigue sufriendo a causa de los conflictos civiles y de
las hostilidades que durante demasiado tiempo han creado profundas
divisiones. Ahora que la nación está trabajando por restaurar la paz, la
curación de estas heridas ha de ser una prioridad política y espiritual
fundamental. Quiero expresar mi agradecimiento al Gobierno por los
esfuerzos para afrontar este desafío, de modo particular a través de la
Conferencia de Paz de Panglong, que reúne a representantes de los
diversos grupos con el objetivo de poner fin a la violencia, generar
confianza y garantizar el respeto de los derechos de quienes consideran
esta tierra como su hogar.
En efecto, el difícil proceso de construir la paz y la
reconciliación nacional sólo puede avanzar a través del compromiso con
la justicia y el respeto de los derechos humanos. La sabiduría de los
antiguos ha definido la justicia como la voluntad de reconocer a cada
uno lo que le es debido, mientras que los antiguos profetas la
consideraban como la base de una paz verdadera y duradera. Estas
intuiciones, confirmadas por la trágica experiencia de dos guerras
mundiales, condujeron a la creación de las Naciones Unidas y a la
Declaración Universal de los Derechos Humanos como fundamento de los
esfuerzos de la comunidad internacional para promover la justicia, la
paz y el desarrollo humano en todo el mundo y para resolver los
conflictos ya no con el uso de la fuerza, sino a través del diálogo. En
este sentido, la presencia del Cuerpo Diplomático entre nosotros
testimonia no sólo el lugar que ocupa Myanmar entre las naciones, sino
también el compromiso del país por mantener y aplicar estos principios
fundamentales.
El futuro de Myanmar debe ser la paz, una paz basada en
el respeto de la dignidad y de los derechos de cada miembro de la
sociedad, en el respeto por cada grupo étnico y su identidad, en el
respeto por el estado de derecho y un orden democrático que permita a
cada individuo y a cada grupo —sin excluir a nadie— ofrecer su
contribución legítima al bien común.
En la gran tarea de reconciliación e integración nacional, las
comunidades religiosas de Myanmar tienen un papel privilegiado que
desempeñar. Las diferencias religiosas no deben ser una fuente de
división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el
perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación. Las
religiones pueden jugar un papel importante en la cicatrización de
heridas emocionales, espirituales y psicológicas de todos los que han
sufrido en estos años de conflicto. Inspirándose en esos valores
profundamente arraigados, pueden contribuir también a erradicar las
causas del conflicto, a construir puentes de diálogo, a buscar la
justicia y ser una voz profética en favor de los que sufren. Es un gran
signo de esperanza el que los líderes de las diversas tradiciones
religiosas de este país, con espíritu de armonía y de respeto mutuo, se
esfuercen en trabajar juntos en favor de la paz, para ayudar a los
pobres y educar en los auténticos valores humanos y religiosos. Al
tratar de construir una cultura del encuentro y la solidaridad,
contribuyen al bien común y sientan las bases morales indispensables en
vistas de un futuro de esperanza y prosperidad para las generaciones
futuras.
Ese futuro está todavía en manos de los jóvenes de la nación. Ellos
son un regalo que hay que apreciar y alentar, una inversión que
producirá un fruto abundante si se les ofrecen oportunidades reales de
empleo y una educación de calidad. Esta es una exigencia urgente de
justicia intergeneracional. El futuro de Myanmar, en un mundo
interconectado y en rápida evolución, dependerá de la formación de sus
jóvenes, no sólo en el campo de la técnica, sino sobre todo en los
valores éticos de la honestidad, la integridad y la solidaridad humana,
que aseguran la consolidación de la democracia y el aumento de la unidad
y la paz en todos los niveles de la sociedad. La justicia
intergeneracional también exige que las generaciones futuras reciban en
herencia un entorno natural que no esté contaminado por la codicia y la
rapacería humana. Es esencial que no se les robe a nuestros jóvenes la
esperanza y la posibilidad de emplear su idealismo y su talento en
remodelar el futuro de su país, es más, de toda la familia humana.
Señora Consejera de Estado, queridos amigos.
En estos días, me gustaría alentar a mis hermanos y hermanas
católicos a perseverar en su fe y a seguir anunciando su mensaje de
reconciliación y fraternidad a través de obras de caridad y
humanitarias, que beneficien a toda la sociedad en su conjunto. Espero
que, en cooperación respetuosa con los seguidores de otras religiones y
de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, contribuyan a abrir
una nueva era de concordia y progreso para los pueblos de esta querida
nación. Larga vida a Myanmar. Les agradezco su atención y, con los
mejores deseos por su servicio al bien común, invoco sobre ustedes los
dones celestiales de sabiduría, fortaleza y paz.
Gracias.
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