Niamey, NÍGER (Agencia Fides, 16/07/2020) - “Se cree ciegamente que solo el uso de las
armas y la sangre derramada puede lograr la paz. Lo que sucede en el
Sahel, con los muertos, heridos, desplazados, refugiados o secuestrados,
es un ejemplo tangible de esto . Pero esto es paz de armas, una paz de
arena. Pierluigi siempre ha usado exclusivamente las armas de la paz”,
escribe el padre Mauro Armanino, sacerdote de la Sociedad de Misiones
Africanas, cuando se cumplen 22 meses del secuestro de su hermano, el
padre Pierluigi Maccalli de la misión Bomoanga. Los cohermanos y la Iglesia local continúan esperando su
liberación, manteniendo vivo el recuerdo de la historia del misionero.
“Es bueno recordar “las armas” que Gigi había importado a África
occidental donde cumplía con su vocación misionera. Ya en Costa de
Marfil y precisamente en Bondoukou, una ciudad a más de 400 kilómetros
de la capital económica Abiyán, había construido un centro para
discapacitados. Muchas personas, y en particular niños y niñas, habían
podido levantarse y caminar con dignidad después de ser operados en las
piernas en este centro de Bonoua”. “Él mismo les explicaba los
beneficios de esta intervención y después les llevaba en su coche, pese a
los riesgos que a veces entrañaba el viaje. Los pequeños volvían a sus
casas caminando, o con muletas e incluso con ambas piernas asombrando a
toda la comunidad. Los niños antes se escondían por vergüenza o miedo de
sus propios padres, pero cuando se les ofrecía ayuda aparecían para ser
ayudados. Pierluigi llevó esa misma arma a Níger desde el primer
momento. Su prioridad fue la atención a los enfermos, quienes
no tienen comida y agua suficiente para vivir con dignidad, aquellos que
no importaban a nadie porque eran pobres y los agricultores perdidos en
la sabana en la frontera entre Níger y Burkina Faso. Ciudadanos
invisibles de un país que los considera “doblemente extranjeros” porque
son en su mayoría cristianos”.
En memoria de su hermano secuestrado, el padre Armanino concluye: “Gigi
sabía bien que sin justicia, libertad, verdad y dignidad no es posible
construir la paz. La opción por los pobres era para él como consecuencia
de la pasión por el Evangelio. La 'Basílica' de la que estaba orgulloso
y que probablemente motivó su secuestro fue la Iglesia que, entre los
pobres, encuentra la única riqueza que se le permite. En realidad, su
'arma' de paz eran los pobres. Ahora, en estos 22 meses de cautiverio,
él es él mismo, precisamente porque está indefenso, el arma de paz más
poderosa que podría traer a Níger”.